Juegan, se forman, buscan aprender y en ese proceso dan de qué hablar. Juegan, se forman, sueñan, se ilusionan y en ese andar, también, ganan. Juegan, se forman, hacen equipo, imaginan futuros, pero, también, viven el proceso.

Es la Séptima división de Talleres que milita en el torneo de AFA, la que expone argumentos para ver con optimismo el futuro. Es que, a veces, cuando el presente parece adverso, mirar el horizonte es un buen ejercicio. Y eso pueden hacer por estos días los fanáticos albiazules. Se podría hablar del gran fin de semana que tuvieron los pibes de la Liga Cordobesa, que ganaron sus respectivos clásicos ante Belgrano en Octava y Decimoprimera, y como si fuera poco golearon en Cuarta (5-0), Quinta (4-1) y Sexta (7-1). O en la Cuarta que juega en AFA que le ganó a Rosario Central de visitante y sigue prendida. Pero vamos a usar un "caso testigo": la Séptima división. 

Es que el equipo que conduce Juan Pablo Vitetta es para observar... y seguir. Por muchos motivos. Y más en estos tiempos complicados para el club de barrio Jardín.

Los juveniles de la Séptima tuvieron un sábado complicadísimo en el predio.

El juego frente a Rosario Central arrancó a las 8 de la mañana. Para ser más precisos: 8:05. Y el inicio fue una pesadilla. El 10 de los 'Canallas', de apellido Valenzuela, los volvía locos. Con su juego y su pegada. Había mucho viento en esa parte de la ciudad de Córdoba y el talentoso jugador de la visita, lo supo aprovechar; aprovechar el viento a favor. Probó una y otra vez de larga distancia. Aunque el primer gol del juego lo hizo Dellamea, tras una jugada combinada. Pero posteriormente, antes de los 30 minutos de juego, Valenzuela había ampliado el marcador a 3-0, con golazos desde afuera del área, uno de ellos desde la mitad de la cancha. Sí, una pesadilla.

El semblante de los pibes de la 'T' nunca decayó. Y esa fue la clave. Perdían 3-0, todo estaba en contra. 

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Pero antes del final de esa etapa, Genaro Toloza, el pibe de Freyre, que tenía a su familia en las tribunas, eludió un rival y desde afuera del área remató, la pelota fue con potencia abajo, lejos del arquero y entró rozando el palo. Gol, descuento, ilusión, no todo está perdido. Esa fue la sensación en Talleres. Se gritó bien fuerte el gol, pese a estar en clara desventaja. Algo había, algo se percibía. En el entretiempo hubo arenga entre los pibes. Se puede. Y el se puede estaba en el aire cuando salieron a disputar la segunda etapa... y con viento a favor... como la vida, a veces puede ser todo complicado, pero no hay que rendirse. Sino, preguntenlé a estos muchachitos de 15 años. Tan sólo 15 años.

Michael Salinas, mendocino, sabedor de qué se trata el viento fuerte, la rompió en el segundo tiempo. Jugando y siendo determinante en campo contrario. Admirador del inglés Folden, el pibe Salinas que lleva cuatro años en las inferiores albiazules es para prestarle atención. Al minuto de iniciado el complemento, de tiro libre el mendocino puso el 2-3. Golazo y  a soñar. Es que ocho minutos más tarde, otra vez el cuyano armó una gran jugada, remató y clavó el 3-3. Partidazo. La Séptima de Talleres, sí la Séptima.

Y si estaban 3-3, por qué no ir por más. Los visitantes no lo podían creer. Y Toloza, Salinas, Imoberdof, Magnano y compañía no se rindieron. No se rindieron. Y diez minutos después del empate, Augusto Magnano de arremetida, con olfato goleador hizo delirar a sus compañeros empujando a la red el gol para el 4-3. Lo dio vuelta, luego resistió y, finalmente, Talleres ganó. La Séptima, los pibes que tuvieron una remontada increíble dejaron un claro mensaje en el predio albiazul. Los dirigidos por Vitetta tienen 77 puntos, producto de 24 partidos ganados, 5 empates y 3 derrotas; 89 goles a favor y 22 en contra. Pelea el torneo con Argentinos Juniors, y sueñan. Y tienen argumentos. Juegan, se forman, comparten, se ilusionan, ganan y apreden: divisiones inferiores.