Contra mirada oficial, advierten que el tipo de cambio acumula tensión y podría pegar un salto en la segunda mitad del año
Mientras el viceministro de Economía, José Luis Daza, celebra en Córdoba el fin de los grandes desequilibrios y proyecta una era de crecimiento sostenido, el economista Martín Rapetti advierte que la inflación sigue anclada en torno al 2% mensual, el tipo de cambio acumula atraso y la economía carece de potencia para reactivarse.
Dos miradas, un mismo escenario. Eso fue lo que ofreció Córdoba esta semana, cuando en el mismo día disertaron ante empresarios y economistas dos protagonistas del debate macroeconómico argentino con diagnósticos diametralmente opuestos sobre el estado de la economía. Por un lado, José Luis Daza, viceministro de Economía de la Nación, celebró ante la Bolsa de Comercio local lo que describió como el mejor momento que ha tenido Argentina en décadas para crecer de forma sostenida. Por el otro, Martín Rapetti, economista y director de la consultora Equilibra, invitado por Bancor, planteó una visión mucho más cauta y, en varios puntos, radicalmente distinta.
La inflación, primer punto de fricción. Rapetti fue tajante al analizar el dato de abril, que marcó una variación mensual de alrededor del 2,6%. El economista viene midiendo con su propia metodología, que excluye Carne y Educación además de los rubros estacionales, y según ese indicador la inflación bajó de forma continua desde principios de 2024 hasta junio del año pasado, cuando tocó un piso de algo menos de 2% mensual. Desde entonces, lejos de continuar descendiendo, comenzó a moverse levemente hacia arriba. "De 1,9 a 2,5 en ocho o nueve meses, muy a poquito", describió. Para mayo proyecta una cifra algo inferior a la de abril, y no descarta que julio también baje un poco, pero rechaza cualquier lectura que anticipe una convergencia rápida a la zona del 0,5%: “No creo que el proceso inflacionario vaya rápidamente a una situación así. No hay fundamento para eso”, plantea.
¿Por qué la inflación se resiste a ceder? Rapetti apela a la noción de inercia inflacionaria para explicar este fenómeno que, reconoce, es incómodo para el relato oficial pero que la evidencia internacional y la propia historia argentina avalan. En una economía con inflación del 20 o 30% anual, los precios no se actualizan todos los meses al mismo tiempo. Lo que ocurre, explica, es que cada contrato, cada paritaria, cada acuerdo entre proveedor y empresa o entre propietario e inquilino se renueva en distintos momentos. Y cuando se renueva, carga toda la inflación acumulada desde la última vez. “Ese pasado se te suma en la inflación presente", señaló. Es un mecanismo bien estudiado y lento por naturaleza. Romperlo, insistió, no se puede hacer de un mes para el otro.
El dilema del tipo de cambio. Uno de los puntos más delicados que planteó el economista es el del tipo de cambio. En su análisis, el dólar oficial ya acumula un atraso significativo. Cuanto más tiempo el gobierno sostenga el tipo de cambio estable, más colabora con la desinflación, admite Rapetti, pero la contrapartida es que ese precio tan rezagado acumula presión para una corrección. “La chance de que en un momento ese precio que está tan atrasado se corrija para arriba es alta”, advirtió. Y sumó otro elemento de tensión: la estabilidad cambiaria requiere cierto nivel de demanda débil en la economía, porque una economía que crece más rápido importa más y presiona sobre las reservas. Sin embargo, mantener la demanda débil implica menos ventas, menos empleo y, probablemente, menor apoyo popular. "Ahí el gobierno nacional tiene un dilema por resolver", sintetiza el economista”.
"La macro no está "en caja". Rapetti fue directo al rebatir el argumento central del discurso oficial, que plantea que todos los grandes desequilibrios que heredó la gestión Milei ya están resueltos. Para el director de Equilibra, esa lectura es parcial. “¿Hubo una mejora? No hay duda. ¿Están en caja los aspectos y los desequilibrios centrales? No, todavía no”, afirmó. El economista enumeró los pendientes: la inflación no fue eliminada y sigue siendo alta; el Banco Central tiene la misma cantidad de reservas negativas que cuando asumió el gobierno; las restricciones cambiarias todavía existen; y el país no ha recuperado acceso pleno a los mercados voluntarios de crédito internacional.
Más allá del diagnóstico sobre la inflación y el tipo de cambio, Rapetti fue especialmente contundente al evaluar las perspectivas de crecimiento. “No veo potencia para que la economía empiece a reactivar, para crecer”, dijo sin rodeos. La demanda interna sigue deprimida, y para él no se identifican factores que puedan impulsarla de manera significativa en el corto plazo. Puede haber, concede, un crecimiento moderado en el promedio del año, pero no una economía pujante. Y eso, en un contexto electoral, añade presión. “Veo una situación difícil y trabajosa que va camino a una incertidumbre política”, planteó. El escenario global tampoco ayuda: tasas de interés internacionales más altas, tensiones geopolíticas y un contexto de menor liquidez complican el acceso al crédito externo.
Herramientas que faltan. Uno de los análisis más reveladores de Rapetti fue el repaso de los instrumentos de política económica disponibles y sus límites actuales. En materia fiscal, el margen es casi nulo: el gobierno está sosteniendo el superávit y no puede ampliar el gasto sin comprometer la credibilidad de su ancla central. En materia monetaria y cambiaria, la tasa de interés ya está por debajo de la inflación y el tipo de cambio tiene escaso margen de maniobra adicional hacia abajo. Y en materia salarial, cualquier impulso a los ingresos en sectores que compiten con importaciones puede complicar la rentabilidad de empresas que ya están bajo presión. "No ves dónde pararte para darle un impulso a la actividad. Está un poco limitada la capacidad de acción del gobierno", resumió. A eso habría que sumar la dimensión política: el gobierno quedó preso de su propia narrativa y de su ortodoxia, lo que reduce su margen para pegar un volantazo si la situación lo requiriera.
La contracara oficial. Frente a este panorama, el viceministro Daza ofreció en el mismo día una visión diametralmente distinta. Para el funcionario, Argentina atraviesa un punto de inflexión histórico. En la Bolsa de Comercio de Córdoba, destacó el superávit fiscal sostenido incluso durante el año electoral, la acumulación de reservas a un ritmo que supera las proyecciones más optimistas presentadas al FMI, la llegada de inversión extranjera directa en sectores transables como energía, minería y agro, y el respaldo de organismos internacionales. Daza mencionó que el FMI presentó a la Argentina ante 150 ministros de economía del mundo como el país más robusto en el contexto actual, dado que reúne superávit fiscal y energético al mismo tiempo. Y también proyectó que hacia 2030 el superávit en energía y minería podría alcanzar los 50.000 millones de dólares anuales.
Al cierre de la entrevista, Rapetti volvió sobre el tipo de cambio con una advertencia concreta: cree que antes de fin de año habrá una corrección o, al menos, mayores dificultades para sostener el esquema actual. La estacionalidad del segundo semestre y la proximidad de las elecciones generan presiones crecientes sobre el dólar. “Creo que va a haber una corrección en la segunda mitad del año, o va a haber más tropiezos para que pase", anticipó”.
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