MURALLAS DE NEÓN

Fiore Viani: “China hoy es el primer socio comercial de casi todas las provincias”

El analista político participó de la comitiva que viajó a la capital china junto a intendentes de distintas localidades del país. Su experiencia se convirtió en un libro de crónicas en el que lo cotidiano, la historia y la diplomacia se entrecruzan.

FIORE VIANI. Participó de un foro de académicos y políticos en China. Foto: GENTILEZA

Gonzalo Fiore Viani es relacionista internacional y analista político. En sus tesis doctoral y postdoctoral de Conicet estudia el vínculo de China con el desarrollo productivo argentino y sus recursos naturales. Esto lo llevó a ser invitado a Beijing  para participar, junto a mandatarios de gobiernos locales argentinos, de un foro de académicos y políticos. Perfil Córdoba dialogó con él sobre su experiencia y el análisis del rol de China en la política y la economía global. 

—¿Cuál es el interés que ves en China de esta profundización en los vínculos no tanto con el Estado nacional, sino con los Estados subnacionales?

—Hay una oportunidad. Es el primero o segundo socio comercial de prácticamente todas las provincias argentinas, de Córdoba es el segundo, a veces el primero. Hay una oportunidad grande en lo económico. Acá hubo también un desembarco en cosas concretas que se ven en la diaria, desde los bazares chinos hasta autos que hace 2 años no veías en la calle. Y después hay un interés grande en el sector agropecuario, por todo lo que tiene que ver con biocombustibles, maquinaria agrícola, que va más allá de los productos primarios. Después tenés el litio en el norte del país. La mayoría de las empresas que trabajan el litio son chinas. En el sur está el interés por el petróleo. 

—¿Y por qué crees que no es a nivel nacional, sino que van hacia los gobiernos locales? 

—Creo que en la coyuntura actual, el Gobierno nacional se ha alineado 100% con Estados Unidos y ha subordinado la política exterior, directamente. Entonces, a las provincia sno les ha quedado otra más que salir a buscar las inversiones y fortalecer el comercio de manera independiente. Más allá de que las provincias argentinas no puedan hacer política exterior, eso es una facultad del Estado nacional, pero en los hechos lo hacen porque no les queda otra. Y se da otra cosa paradójica ahí, porque cuando estuve en China, muchos me decían: “Milei no nos quiere, pero a su vez, abre las importaciones y eso nos favorece”. Entonces, a los chinos, mientras les dejes entrar con sus productos, no tienen grandes problemas. Los negocios y las cosas más concretas las hacen con los estados provinciales. 

—Hablas de que Beijing refleja lo que vendrá; entonces ¿cuánto crees que hay de Beijing en el siglo 21 global? 

—Creo que en principio, digo Beijing, puedo decir China en general, el capitalismo de vigilancia, el estado de vigilancia, las cámaras en todos lados, algoritmos que manejan todo, creo que es un poco un reflejo de lo que ya estamos empezando a vivir y quizás se va a profundizar con el tiempo y con las propias características de cada sociedad, pero me parece que eso es una parte negativa. No sé qué otras cosas pueden ser exportables hacia el resto del mundo, lo interesante es que también hay que aclarar que los chinos no quieren, o por lo menos no buscan abiertamente, imponer su sistema hacia afuera. Lo que si vengo viendo es que, por ejemplo, Trump en Estados Unidos quiere imponer una vigilancia estatal lo más grande y efectiva posible y creo que se inspira bastante en los chinos, en un control general, de las empresas, de la gente, de la sociedad en su conjunto. No porque los chinos se lo impongan, sino porque Trump ve que funciona, y está tratando de hacer una “copia” en Occidente. Por ese lado, China prefigura un poco el resto del mundo, obviamente con muchos matices. 

 

La proyección lumínica del poder

La experiencia de ese viaje se convirtió en “Murallas de Neón”, el libro que publicó en la editorial Clarice. En formato de crónica de viajes, Fiore Viani recorre Beijing e invita al lector a conocerla a través de los actos diplomáticos en los que la comitiva participa, las calles más tradicionales en las que se pierde buscando la esencia de la ciudad y el reflejo de una modernidad a base de luces, pantallas y rascacielos.  

—En el libro mencionás que el agasajo liga más que un documento; ¿cuáles son las principales diferencias que notás entre la diplomacia china y la argentina? 

—Los documentos son importantes, pero para cerrar la firma del documento tienen el agasajo. Y para la negociación tienen el agasajo. Y son agasajos eternos. Eso me parece que es muy curioso, y es algo que no estábamos acostumbrados, incluso, lo de la mesa redonda. En la reunión había unas mesas giratorias,  la mesa va girando y ellos te van poniendo comida en la mesa, en el plato, a medida que gira. Otra diferencia en diplomacia es que no hay cabecera, tal vez por ser una mesa redonda, pero a su vez hay una cabecera simbólica, hay uno que lleva siempre la batuta de la conversación.

—¿Qué tiene Beijing que no tengan las capitales de los imperios en Occidente? 

—Creo que a lo histórico lo tienen. Roma lo tiene y para mí es la capital imperial de Occidente. Creo que Beijing tiene una mirada que se mezcla mucho con lo futurista que eso, en otras ciudades, lo ves en mucha menor medida. Futurista, esto de autos que se manejan solos, hologramas que salen del edificio, las calles impecables, los trenes de alta velocidad. Se ve una mezcla muy grande entre tradición y, más que modernidad, futurismo.

—En las páginas está presente la intención de conocer “esa verdadera China”. ¿Sentís que la encontraste? ¿Cómo la definirías?

—Por momentos, creo que sí, incluso en los encuentros diplomáticos se podían ver ciertas hendijas de esa China. En las reuniones diplomáticas, políticas o empresariales, en las que yo estuve, supo haber alcohol de por medio, ahí se veía un poco. Donde más lo encontré, fuera de eso, fue cuando me perdía solo, o salía un poco de lo oficial… perderse en los hutongs (NdR.: callejones tradicionales y estrechos), ir a los bares, charlar un poco con los chinos más de a pie, tratar de que se salgan un poco del libreto. 

—¿Las murallas de neón hablan también de una forma de poder político o son simplemente estéticas? 

—No, hay de poder político también. Las luces, los edificios te dan una sensación de que no están quietos porque todo tiene pantallas leds enormes, con una imagen que se mueve todo el tiempo, mucho estímulo y permanente. Hay una cierta sensación de control en general también porque al haber autos eléctricos no hay mucho ruido. Da una sensación muy futurista, incluso futurista como lo imaginaban en los 80. Y respecto a lo político, hay una idea de mostrarse como el futuro, y proyectar poder… 

—Como se proyectan las luces… 

—Exacto.

 


“Murallas de neón”, editorial Clarice

El libro se presentará el próximo jueves 20 de agosto a las 17:30 en el Palacio Ferreyra – Museo Evita, Av. Hipólito Irigoyen 511. El autor estará acompañado por José Heinz y Nelson Specchia.