Osqui Guzmán llega a Córdoba con su antología endiablada
El actor argentino trae al teatro municipal una pieza clave del biodrama nacional que fusiona el Siglo de Oro español con sus raíces andinas.
El teatro tiene esas magias: a veces, un error de inscripción en una planilla se convierte en el destino de una vida. Tal es el caso de Osqui Guzmán, quien quería ser profesor de Kung Fu, pero terminó siendo una de las figuras más potentes de la escena argentina.
Y el próximo 24 de mayo, de la mano de este actor argentino, el Teatro Comedia será el escenario de una ceremonia que lleva 16 años recorriendo el mundo: El Bululú. Antología endiablada.
Escrita junto a Leticia González de Lellis, la obra es un puente entre tres patrias: la España de los versos clásicos, la Argentina que lo vio nacer y la Bolivia de su herencia familiar; porque para Guzmán, el teatro no es solo representación, es costura.
El "oficio de costurero" aplicado a la escena
Criado en un taller familiar donde el ruido de las máquinas de coser marcaba el ritmo del día, Guzmán recuerda el impacto que tuvo en su casa su decisión de ser actor: “Mi papá me escuchó, se dio vuelta, siguió cosiendo y no me habló más durante tres años. Para él fue como una traición”, dice a Perfil Córdoba.
Sin embargo, esa misma técnica de unir retazos terminó siendo su método creativo. “Acudo a mi ‘oficio de costurero’ cosiendo los retazos de una historia que necesitaba recuperarse”, explica el actor.
En efecto, en la obra el universo de Lope de Vega y Cervantes se trenza con la cultura andina. “La historia no se trata específicamente de la cultura andina, pero sí revela el sincretismo en el que nos criamos. Y se vuelve político cuando yo, siendo hijo de migrantes bolivianos, recito de memoria textos del siglo de oro español, del oro que se llevaron de Bolivia”, afirma.
La herencia de Vilches y la deconstrucción del actor
El punto de partida fue un viejo cassette de José María Vilches, el actor español que en los años 70 y 80 popularizó este unipersonal en Argentina. “Estaba grabado en vivo y yo escuchaba el público cómo se reía, cómo lo disfrutaba y cómo se conmovía; o de repente el público estallaba de risa pero él no hablaba, y yo pensaba: ¿qué estará haciendo? En ese entonces un amigo me había sugerido que me anotara en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático; entonces me lo aprendí de memoria y empecé a hacerlo ahí, en los maratones teatrales. Pero hasta antes de eso, yo no había ido nunca al teatro, mi familia no sabía lo que era el teatro”, confiesa Guzmán.
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Con el tiempo, la obra mutó de un simple homenaje a una profunda reflexión sobre la formación actoral en nuestro país: “Somos actores creados y criados en técnicas colonizantes. No hay técnica de teatro argentino. Todos estudiamos con técnicas rusas, francesas o italianas. Es inevitable pensar en la deconstrucción que hace constantemente el actor argentino por hacer propias las técnicas que nacieron en otros lugares”.
Un éxito que atraviesa el tiempo
A pesar de llevar más de una década, el intérprete asegura que la obra sigue viva porque él —y el público— han cambiado. “El que cambia soy yo; y reescribimos algunas partes del unipersonal porque sentía que el público también iba cambiando. Sí hubo un final que cambié específicamente porque necesitaba opinar sobre lo que pasaba en nuestra sociedad”, señala respecto a los desenlaces violentos de las comedias clásicas.
Sobre la vigencia de la obra, Guzmán se asombra por la memoria colectiva: “En Misiones nombré a Vilches y hubo un aplauso cerrado. En esta época de influencers y celulares, el público aún es capaz de sorprendernos con lo que tiene guardado en la memoria. Ahí es cuando verdad y realidad se juntan y suben a esa alfombra mágica que es la memoria”, finaliza.
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