Lanzamiento

El show perdido de Pink Floyd que durante décadas solo escucharon los coleccionistas ya tiene edición remasterizada

El álbum reúne 16 interpretaciones en vivo remasterizadas por Steven Wilson y documenta el período en que la banda empezaba a mostrar el material que luego daría forma a "Animals".

Pink Floyd en 1974 Foto: Wikipedia

Pink Floyd lanzó el álbum oficial del raro concierto en vivo, Pink Floyd Live from the Los Angeles Sports Arena, April 26th, 1975. La legendaria grabación, capturada por primera vez como un bootleg durante la gira Wish You Were Here de 1975 por Norteamérica, estará ahora disponible por primera vez en ediciones independientes de CD y vinilo a través de Sony Music. Ambos lanzamientos incluyen el concierto completo en 16 grabaciones en vivo, recién restauradas y remasterizadas por el aclamado productor y músico Steven Wilson.

Pink Floyd Live from the Los Angeles Sports Arena, April 26th, 1975 muestra a la banda durante su rápido ascenso. The Dark Side of the Moon había llevado a Pink Floyd de ser una exitosa banda británica emergente a convertirse en uno de los grupos de rock más grandes del planeta. 

The dark side of the moon, había marcado un hito para la banda. Por un lado, era el disco que los consagraba y consolidaba; por el otro, elevaba la vara de tal manera que, en los papeles, resultaba muy difícil de continuar. La presión era inmensa y los obligaba a no bajarse del podio. Waters, en ese contexto inédito, recurrió a sus sentimientos más oscuros. Ya lo había constatado antes: ahí tenía material para componer. Removiendo en sus entrañas se encontró con las expectativas de la crítica, el peso simbólico de Syd Barret, la culpa, la angustia y la impotencia ante el desenlace de la locura. Así nació Wish you were here.

"Shine on you crazy diamond” trataba específicamente sobre la caída en el limbo de Syd Barret. La banda se sincronizó armónicamente para darle la mejor de las formas posibles a esas ideas.

Los cuatro jóvenes de poco más de treinta volvían a grabar en el estudio liberándose de la presión de cumplir con las discográficas o los críticos. Volvían a sentirse como en el comienzo: conectados, creando, disfrutando y, como si la creación hubiera funcionado como mantra astral, el propio Syd se apareció en los estudios durante el registro del disco: un hombre que no reconocían, pelado, con una contextura que no se parecía en nada a aquel esquelético jovencito psicodélico. Su mente seguía viajando confundida y, aunque hacía más de seis años que no formaba parte de Pink Floyd, preguntó cuándo entraba a grabar su parte. El impacto funcionó como una tilde en la cabeza de los músicos que cerraron una obra impactante.

Un poco como exorcismo y otro poco como el izado de una bandera que de ahí en más ondearía en buena parte de sus composiciones venideras, Roger Waters incluyó “Welcome to the machine” y “Have a cigar”: dos canciones sobre la forma en que la alienación y la máquina capitalista en el mundo artístico se levantan como sombra abominable en la vida social y que, además sostenían los hilos de un status quo pasivo y condescendiente (el maldito rebaño de ovejas que aparecería en el siguiente material). El álbum, de esa manera, encerraba dos motivos principales: la nostalgia y la pérdida de la inocencia; la alienación, las instituciones y sus mecanismos de cooptación.

El hombre detrás del bootleg más famoso

Arenas y estadios serían ahora los anfitriones de sus actuaciones. La gira Wish You Were Here fue anunciada a principios de marzo de 1975, apenas un mes antes de comenzar. Los conciertos se agotaron instantáneamente y rompieron récords de taquilla, incluido el de Los Angeles Sports Arena, que en un solo día vendió las 67,000 entradas asignadas para las cuatro noches programadas. Un quinto show adicional señaló una residencia, y se agotó en cuestión de horas.

La grabación que constituye la base de este histórico lanzamiento fue realizada por el fallecido bootlegger Mike “Mike the Mic” Millard, cuyos casetes de conciertos en Los Ángeles durante la década de 1970 se hicieron famosos por su sorprendente calidad de sonido. Para ocultar su equipo de grabación de la seguridad del recinto, Millard solía fingir estar discapacitado y llegaba a los conciertos en silla de ruedas. Muchas de las grabaciones de Millard fueron prensadas en vinilo de manera no oficial; sin embargo, él no aprobaba la venta de sus grabaciones con fines de lucro. 

El penúltimo concierto de Pink Floyd en el Los Ángeles Arena no fue la excepción, permaneciendo inédito y escuchado solo por unos pocos coleccionistas de intercambio de audio, hasta ahora. Meticulosamente restaurado y remasterizado por Steven Wilson, este es el registro en vivo definitivo de la gira de Pink Floyd de 1975. Las grabaciones se escucharon por primera vez cuando fueron lanzadas como parte del álbum británico número 1 de 2025, Wish You Were Here 50 box set.

El recital registra el momento exacto en que Pink Floyd empezaba a dejar atrás la melancolía de Wish You Were Here para avanzar hacia la oscuridad política de Animals. 

Antes del fenómeno: el Londres donde nació Pink Floyd

Mucho antes de convertirse en una de las bandas más influyentes del siglo XX, Pink Floyd formó parte de un laboratorio artístico donde convivían músicos, poetas, cineastas, pintores y performers. El Londres psicodélico de mediados de los años sesenta fue mucho más que una escena musical: fue un territorio de experimentación que cambió para siempre la cultura popular.

Marianne Faithfull se abrió paso entre la nebulosa mezcla de humos y cuerpos. Tuvo el instinto impulsivo de entrecerrar los ojos para disuadir la confusión. Los sonidos que se empezaban a percibir eran una gran bola amorfa de la cual rara vez se destacaba un instrumento por sobre otro, pero se dejó atrapar y fue arrastrada hasta el fondo del Rondhouse Club: la edificación semi abandonada y polvorienta donde, ese 15 de octubre de 1966, se celebraba el gran happening inaugural del International Times. Barry Miles y John Hopkins, los propulsores de aquel primer periódico underground británico, tenían buen ojo. Los ejecutores de esa sonoridad indescriptible que bailaba frente a los ojos de Marianne Faithfull y la pared voluble de humo atravesada por haces de colores, era una flamante perlita psicodélica. Se llamaban Pink Floyd. 

Nick Mason en la batería, Richard Wright en teclados y Roger Waters en el bajo, tres compañeros de la facultad de arquitectura, más interesados en construir dimensiones inteligibles que bloques de cemento. En guitarra y voz se encontraba el aspirante a artista plástico, Syd Barret, que llegó a la banda de la mano de Roger Waters, su amigo y vecino; así, esas cuatro figuras lánguidas, de pocas palabras, constructores de mundos posibles armaron en escena una obra musical que dejaría una pieza alojada en cada una de las cabezas de los asistentes. 

Además de Marianne, al evento acudieron ciudadanos ilustres de la contracultura como Paul McCartney, Joe Boyd e incluso estuvo presente Michelangelo Antonioni, que tomó nota y más adelante invitaría a la banda a crear el soundtrack de una de sus películas.

Aquella noche, además del debut del cuarteto liderado entonces por Syd Barret, fue el puntapié perfecto para que los creadores del International Times decidieran tener su propio club de eventos para financiarse: el UFO Club. Un club que, durante los nueve meses que duró, fue sede de propuestas musicales como los Soft Machine, Procol Harum, los representados de Joe Boyd: La Incredible String Band -que entre sus seguidores contaban con Paul Mc Cartney y Robert Plant-, también estrenaron allí sus sonidos los Dog Doo Dah Band, que luego formarían parte de los pasajeros del Magical Mistery Tour de los Beatles.

Era una época prometedora para la juventud de Londres. Las consecuencias económicas devastadoras de la posguerra se habían aplacado, el gobierno tenía tintes progresistas y el arte, en sus diversas manifestaciones, aparecía como destino posible para todas las clases sociales.  

La cantidad de estudiantes de artes crecía a la par que las escuelas de arte, unas instituciones que proponían programas de estudios cada vez más laxos y contendedores. “La particular heterodoxia de su currícula, la flexibilidad de sus cursos y su sistema de ingreso, el ambiente bohemio generalizado, bastarían para convertir a las escuelas de arte en promotoras de las principales innovaciones musicales de la época –apunta Norberto Cambiasso en Vendiendo Inglaterra por una libra-, desde el boom temprano del rhythm and blues al beat, de la psicodelia al glam-rock. The Bluesbreakers, The Yardbirds, The Animals, The Rolling Stones, The Kinks, The Pretty Things, The Move, Pink Floyd y por supuesto los Beatles tienen sus raíces en las art schools -muchas de ellas en los suburbios de Londres- y en la extendida confluencia de arte pop, jazz y blues”.

Así, entremezclados en las fiestas del UFO, aparecían algunos nombres centrales, pero a menudo solapados por las grandes estrellas. Uno de ellos era el propio Boyd: un productor norteamericano que trabajaba en el sello Elektra. Recién llegado a Londres desde Estados Unidos, con sus 23 años, estaba dispuesto a seguir el instinto de su olfato y descubrir artistas que descollaran la escena musical. Entre su foja de servicios estaba la organización del concierto del Festival de Newport en el que Bob Dylan había dejado el folk para iniciar su camino eléctrico y, en el futuro inmediato, estarían el contrato con EMI de Pink Floyd, la producción de la Incredible String Band y Nick Drake, entre otros héroes del folk británico. 

 

El propio Hopkins, por supuesto, era otro de esos nombres. Además de fundar el célebre IT, Hopkins fue el impulsor de la London Free School, una universidad gratuita para los inmigrantes de Notting Hill que dio lugar a la fiesta callejera más grande de Londres: el Notting Hill Carnival.  Hopkins y su medio sufrieron una constante persecución. Fueron víctimas de un brutal allanamiento en el que fueron secuestrados sus materiales de trabajo; la policía llegó a la redacción de IT, requisó la lista de suscriptores, los ejemplares sin vender, los cheques sin cobrar y, según cuenta Nicholas Schaffner en La odisea de Pink Floyd, “hasta las libretas de direcciones personales de los empleados (por no mencionar el contenido de las papeleras), para devolverlas sin disculpa alguna tres meses después, cuando las autoridades se dieron cuenta de que no tenían ningún pretexto legal para presentar acusaciones formales”. 

La respuesta de Hopkins frente a las necesidades económicas y éticas provocadas por el suceso fueron radicales. Por un lado, el 24 Hour Technicolor Dream; por el otro, una declaración de principios: “el nuevo movimiento está construyendo con lentitud y sin preocupaciones una sociedad alternativa. Es internacional, interracial, equisexual, relajada. Opera en diferentes concepciones del tiempo y del espacio. Puede que el mundo del futuro no tenga relojes”. 

Un sueño tecnicolor

El esperado 24 Hour Technicolor Dream, tuvo lugar en abril de 1967 basado en la iniciativa de generar un entrecruzamiento entre poetas, artistas plásticos y visuales y músicos; Pink Floyd era la figura principal del convite. De la jornada participaron Soft Machine, The Move, Pete Townshed, entre muchísimos más, y a los protagonistas les tocó su exhibición justo cuando el sol comenzaba a asomarse, lo que transformó al recital en definitivamente inolvidable para quienes estaban allí con sus sentidos aún atentos.

Ese mismo año Mick Jagger y Keith Richards fueron arrestados por posesión de marihuana, lo que para Hopkins ya era demasiado porque visibilizaba la campaña mediática de demonización de la juventud y de la forma de vida de su generación. El creador de IT convocó a todos sus contactos a organizar una marcha desde el UFO hasta la sede de News of the World, el diario amarillista que había favorecido la estigmatización de los Stones y lograron impedir la distribución del medio durante algunas horas, pero el diario se vengó rápidamente haciendo una nota en la que acusaba al UFO de ser sede de una orgía inmoral plagada de drogas, sexo y extremismo. UFO tuvo que enfrentar sucesivas amenazas de la policía, lo que los mantenía expuestos y en vilo, hasta que no hubo más nada que hacer cuando el dueño del lugar les canceló el alquiler.

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Otro de los lugares fundamentales donde se cruzaban los protagonistas de esta oleada psicodélica era Indica, una librería–galería dirigida por John Dunbar (entonces pareja de Marianne Faithfull), Peter Asher y el propio Barry Miles.  Durante la primera visita de John Lennon a Indica, por ejemplo, Miles le mostró un ejemplar de The Psychedelic Experience: una guía para viajes con LSD producida por Timothy Leary de la que el beatle extrajo la primera frase de “Tomorrow never knows”: “Desconecta tu mente, relájate y flota corriente abajo”.

“Teníamos siempre álbumes reservados para los Beatles, de cualquier cosa interesante les debía mandar una copia a cada uno –recuerda Miles en Vida y milagro de Sgt. Pepper`s, el libro de Clinton Heylin-. Tenía un acuerdo similar con Jagger. Esto era antes de que hubiera todas esas tiendas de importación”.

Indica no solo era una fuente de combustible espiritual para músicos y artistas, sino también un punto clave para comunicar las novedades californianas con el mundo británico. Un auténtico vaso comunicante desde donde incluso se organizaban las visitas de los escritores beats, como el famoso recital de poesía en el Albert Hall al que fueron invitados Lawrence Ferlinghetti y Gregory Corso. La raíz del boom psicodélico, en ese sentido, permanecía en el aire. Oscilando entre Londres y California.

“Los Beatles descubren la marihuana de la mano de Bob Dylan -explica Sergio Pujol en Las ideas del rock-. Los hippies son chicos y chicas de familias típicamente estadounidenses. Woodstock está en el estado de Nueva York. La revista Rolling Stone se funda en San Francisco, y luego se muda a Manhattan, produciendo siempre los mejores críticos, desde Greil Marcus a Jon Landau. El movimiento estudiantil despega antes en Berkeley que en cualquier universidad europea (aunque sigamos encandilados con el mayo francés). La prensa y el cine alternativos son los hijos deformes del optimismo norteamericano, no de la ironía británica. El principal teórico de la contracultura, Theodor Roszak, se doctoró en Princeton. A fines de los 70, John Lennon dirá: ‘¡Por qué no habré nacido en Nueva York!”

La vanguardia neoryorkina, en ese preciso momento, asistía al nacimiento de otra obra capital: el disco The Velvet Underground and Nico. Aunque salió definitivamente en marzo, había retrasado 18 meses su salida y durante ese compás de espera el inédito llegó a manos de Hopkins que se apresuró a hacerlo sonar en una de sus fiestas. Allí, según relata Heylin en Vida y milagro de Sgt. Pepper`s, “el entonces nuevo manager pop de Londres, Peter Jenner, dice haber escuchado la cinta y reconocido la similitud entre el trabajo de los neoyorkinos y lo que su propia banda, Pink Floyd, empezaba a hacer en Londres”.

Como en el caso de la Velvet, los integrantes de Pink Floyd habían recibido tanto las influencias del blues norteamericano como de la música contemporánea. Barret y Waters coincidían alrededor de artistas como Bo Didley o contemporáneos como Cream, pero la música que escuchaba Richard Wright se drenó a través de sus teclados en el sonido integral de Pink Floyd; él era admirador de uno de los iniciadores de la música electrónica alemana: Karlheinz Stockhausen (claro que no eran los únicos: el propio Paul McCartney había decidido incluirlo entre los personajes que aparecen en la portada del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band). 

Joe Boyd acercó el nombre de la banda a los ejecutivos de la EMI y el primero de febrero de 1967 logró que firmaran su primer contrato. Syd Barret, Roger Waters, Nick Mason y Rick Wright recibieron cinco mil libras como adelanto y se convirtieron en la propuesta que sintetizaba todo ese underground que confluía en las fiestas del UFO. Así Pink Floyd, oficializaba su existencia.

 

Tracklist - Pink Floyd Live from the Los Angeles Sports Arena, April 26th, 1975
 

  • Raving and Drooling (Bootleg en vivo - Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • You've Got To Be Crazy (Bootleg en vivo - Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • Shine On You Crazy Diamond (1-5) (Bootleg en vivo - Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • Have a Cigar (Bootleg en vivo - Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • Shine On You Crazy Diamond (6-9) (Bootleg en vivo - Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • Speak to Me (En vivo desde el Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • Breathe (In The Air) (En vivo desde el Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • On the Run (En vivo desde el Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • Time (En vivo desde el Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • The Great Gig in the Sky (En vivo desde el Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • Money (En vivo desde el Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • Us and Them (En vivo desde el Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • Any Colour You Like (En vivo desde el Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • Brain Damage (En vivo desde el Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • Eclipse (En vivo desde el Los Angeles Sports Arena, 1975)
  • Echoes (En vivo desde el Los Angeles Sports Arena, 1975)


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