Cultura Popular

Magnicidio en el Congreso: el día que la violencia política sacudió al Senado de la Nación

Crónica del asesinato de Enzo Bordabehere durante el debate por las carnes en 1935. Un relato sobre la Década Infame, Lisandro de la Torre y los disparos que marcaron la historia argentina.

Asesinato de Enzo Bordabehere Foto: CEDOC Perfil

El 23 de julio de 1935, el recinto del Senado de la Nación se convirtió en el escenario de uno de los crímenes más impactantes de la política argentina. En medio de un debate por la exportación de carnes al Reino Unido, la tensión entre el oficialismo y la oposición derivó en un tiroteo que terminó con la vida del senador electo Enzo Bordabehere.

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El conflicto se originó por las denuncias de Lisandro de la Torre, líder del Partido Demócrata Progresista, contra los términos del Pacto Roca-Runciman. De la Torre sostenía que el acuerdo beneficiaba excesivamente a los frigoríficos extranjeros y perjudicaba a los productores locales, señalando además graves irregularidades fiscales y maniobras de evasión.

Durante las sesiones, el ambiente se volvió extremadamente hostil debido a las acusaciones directas contra los ministros Luis Duhau y Federico Pinedo. Los intercambios verbales eran feroces, reflejando la profunda división de la denominada Década Infame, un periodo caracterizado por el fraude electoral y la corrupción en los niveles más altos del Estado.

La tarde del crimen, Lisandro de la Torre abandonó su banca para acercarse a la mesa de los ministros, buscando confrontar los datos que se estaban exponiendo. En ese instante, fue empujado violentamente por el ministro Duhau y cayó al suelo. Enzo Bordabehere, compañero de bancada y amigo cercano de De la Torre, acudió rápidamente en su auxilio.

Mientras Bordabehere intentaba ayudar a De la Torre a reincorporarse, un excomisario vinculado al oficialismo, llamado Ramón Valdés Cora, se posicionó detrás del legislador santafesino. Sin mediar palabra, el agresor extrajo un revólver y efectuó tres disparos a quemarropa que impactaron en la espalda y el costado del cuerpo de la víctima.

El pacto de las carnes y las consecuencias del tiroteo en el recinto

Los disparos provocaron un caos generalizado dentro del palacio legislativo, mientras los presentes buscaban refugio entre las bancas y las galerías. Valdés Cora intentó escapar por los pasillos laterales, pero fue interceptado por agentes policiales y personal del Congreso. El arma utilizada fue secuestrada mientras el agresor era trasladado a dependencias judiciales.

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Bordabehere fue llevado de urgencia al Hospital Ramos Mejía, pero la gravedad de las heridas en sus órganos vitales hizo imposible su recuperación. El parte médico confirmó que los proyectiles causaron daños irreversibles. Su fallecimiento fue declarado pocas horas después, generando una conmoción inmediata en toda la sociedad y en los medios de prensa.

La investigación posterior reveló que Ramón Valdés Cora tenía antecedentes penales y vínculos estrechos con caudillos del partido gobernante. Aunque el oficialismo intentó desvincularse del ataque calificándolo como un acto individual, la opinión pública interpretó el asesinato como una maniobra para silenciar las denuncias de corrupción.

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Como señala el historiador Félix Luna en su obra Conflictos y armonías en la historia argentina: "El crimen del Senado fue la expresión más cruda de un sistema que había perdido el respeto por las instituciones". La violencia física reemplazó al debate parlamentario en un contexto donde el fraude electoral ya había socavado la legitimidad.

Tras el funeral de Bordabehere, que convocó a una multitud en las calles de Buenos Aires y Rosario, Lisandro de la Torre quedó profundamente afectado. A pesar de haber sobrevivido al atentado, el líder progresista sintió que la lucha institucional estaba agotada. Pocos años después del trágico evento, el senador santafesino decidió quitarse la vida.

El asesino, Valdés Cora, fue condenado inicialmente a veinte años de prisión, aunque obtuvo la libertad condicional tras cumplir solo ocho años de su sentencia. Su liberación temprana alimentó las teorías sobre la protección política que recibió por parte de sectores influyentes que deseaban evitar que se profundizara en la autoría intelectual.

La prensa de la época, especialmente diarios como Crítica y La Nación, cubrieron el evento con detalles minuciosos sobre la trayectoria de las balas y los testimonios de los presentes. Las crónicas resaltaban cómo el recinto, destinado a la palabra y la ley, se había manchado de sangre por primera vez en la historia moderna del país.

Este episodio dejó una marca indeleble en la memoria política argentina, simbolizando el fin de una era de debates ideológicos y el comienzo de una etapa de mayor confrontación física. La figura de Bordabehere pasó a ser vista como la de un mártir de la transparencia administrativa frente a los intereses de los grandes capitales.

Hoy en día, el lugar exacto donde cayó el senador en el recinto es evocado como un recordatorio de los peligros del autoritarismo y la intolerancia. El impacto de este asesinato trascendió el ámbito legislativo, influyendo en la literatura y el cine nacional, que retrataron la escena como un punto de quiebre en la ética pública.

La muerte de Enzo Bordabehere no solo cerró el debate sobre el comercio de carnes, sino que también debilitó la confianza en el sistema parlamentario de la década de 1930. El hecho permanece como un caso testigo de cómo la corrupción y la impunidad pueden escalar hasta eliminar físicamente a quienes denuncian los abusos del poder.