Lecturas sobre el Holocausto

Seis lecturas sobre el Holocausto: un libro para entender las ideas detrás de uno de los acontecimientos más difíciles de narrar

El historiador y educador Yoel Schvartz presenta Seis lecturas sobre el Holocausto, un ensayo que reúne las miradas de seis autores para abordar cómo se estudió, narró y comprendió el exterminio de los judíos europeos.

Yoel Schvartz. Foto: X @yoel216

El Holocausto no puede explicarse desde una única mirada. Esa es una de las premisas que atraviesa Seis lecturas sobre el Holocausto, el nuevo ensayo del historiador y educador Yoel Schvartz, que propone un recorrido por las obras de Raúl Hilberg, Hannah Arendt, Christopher Browning, Jan Gross, Timothy Snyder y Saul Friedländer.

Seis lecturas sobre el Holocausto

Schvartz, nacido en Entre Ríos y radicado en Israel desde 1990, se formó en historia judía, sociología y antropología en la Universidad Hebrea de Jerusalén y es docente en la Escuela Internacional para el Estudio del Holocausto de Yad Vashem.

La elección de los seis autores no responde, según explicó Schvartz, a la intención de construir una lista definitiva. Por el contrario, reconoce que toda selección de este tipo tiene un componente arbitrario. Su objetivo fue mostrar cómo determinados temas aparecen, se transforman y evolucionan entre las distintas investigaciones, y al mismo tiempo acercar al lector a los conceptos utilizados para estudiar un acontecimiento particularmente difícil de comprender y narrar.

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“Hay un montón de conceptos que se tiran al aire cuando se habla del Holocausto pero que nadie aclara”, explicó el autor durante la entrevista con Perfil. Su intención es que quien avance por los distintos capítulos pueda reconocer ideas que quizás ya leyó o escuchó alguna vez y, a partir de allí, comprender de dónde vienen y qué significan.

Del perpetrador a las víctimas, seis miradas para comprender el Holocausto

Uno de los recorridos que propone el libro muestra cómo fue cambiando la manera de estudiar el Holocausto. En ese proceso aparece primero Raúl Hilberg, cuya investigación puso el foco en la estructura y en la maquinaria burocrática del exterminio.

Para Schvartz, Hilberg tuvo una intuición fundamental. Para comprender el funcionamiento del Holocausto era necesario observar los documentos producidos por los propios perpetradores. A través de esa documentación administrativa, el historiador pudo reconstruir el funcionamiento sistemático de la maquinaria de destrucción.

Pero esa mirada también tenía un límite. Al concentrarse en la estructura y en los documentos de los perpetradores, quedaba relegada la experiencia de las víctimas. “Nos habla mucho de la máquina, nos habla mucho del sistema, nos habla mucho de cómo funciona la maquinaria burocrática”, señaló Schvartz.

Yoel Schvartz

El autor considera que esa perspectiva necesita ser complementada con otras. Allí aparece una evolución dentro de la propia historiografía del Holocausto, desde una mirada concentrada en la estructura hacia otra que intenta incorporar a las víctimas y a quienes estaban alrededor de ellas.

En ese sentido, Schvartz cuestiona incluso la idea del “espectador pasivo” utilizada por Hilberg. Prefiere hablar de los vecinos, aquellos que compartían con las víctimas el barrio, la escuela, la universidad o el club y que, con la llegada de la guerra y de los alemanes, quedaron separados de ellas.

Libro objeto, el futuro se escribe

La incorporación de esos testimonios también fue un proceso histórico. Según explicó, durante los primeros años posteriores al Holocausto los relatos de los sobrevivientes fueron relativamente escasos. Recién hacia fines de los años 50 y especialmente a partir de los años 60, en paralelo con acontecimientos como el proceso a Adolf Eichmann, comenzaron a ocupar un lugar central en la comprensión del exterminio.

En ese recorrido aparece Saul Friedländer, a quien Schvartz presenta como una figura capaz de integrar las dos grandes corrientes. Por un lado, la reconstrucción de la estructura, las ideologías y las acciones de los perpetradores. Por otro, la experiencia de quienes fueron perseguidos y asesinados.

Para el autor, esa integración resulta necesaria porque una historia concentrada únicamente en la maquinaria del exterminio puede terminar produciendo una imagen deshumanizada y estereotipada de las víctimas.

Un concepto que también atraviesa el libro es el de “quiebre civilizatorio”. Según Schvartz, los seis autores seleccionados comparten, aunque desde perspectivas diferentes, la idea de que el Holocausto no fue simplemente un acontecimiento histórico más.

“Hay algo en cómo entendemos el mundo, en cómo entendemos la sociedad, en cómo entendemos la forma en que los seres humanos actúan, que se quiebra a partir del conocimiento del Holocausto”, explicó.

Ese quiebre también obliga a revisar algunas ideas centrales de la modernidad. Antes del Holocausto, planteó Schvartz, existía una concepción que tendía a separar civilización y barbarie como dos espacios opuestos. El exterminio mostró que la barbarie podía surgir en el corazón de la civilización europea y utilizar elementos propios de esa misma modernidad.

En esa discusión, el autor recupera también el trabajo del sociólogo Zygmunt Bauman, quien analizó la relación entre Holocausto y modernidad.

Otra de las imágenes centrales del libro proviene del filósofo francés Jean-François Lyotard, quien definió Auschwitz como un terremoto que destruyó sus propios instrumentos de medición. Para Schvartz, la metáfora apunta a que el Holocausto no solamente produjo una ruptura material y humana, sino que puso en cuestión las herramientas con las que las sociedades intentaban comprender el mundo.

La racionalidad, el lenguaje y distintas categorías provenientes de la historia, la sociología o la psicología resultaron insuficientes para explicar completamente lo ocurrido. Schvartz menciona, entre otros ejemplos, el trabajo de Christopher Browning, quien estudió la dinámica social de un batallón de policías alemanes que participó de matanzas de judíos en Polonia.

La conclusión de Browning, según el autor, es que ninguna herramienta teórica por sí sola alcanza para explicar el comportamiento de los perpetradores. Cada una aporta una parte de la respuesta, pero ninguna consigue explicar el fenómeno en su totalidad.

El riesgo de convertir el Holocausto en una comparación instantánea

La relación entre el Holocausto y el presente es otro de los puntos centrales del ensayo. Schvartz sostiene que toda mirada sobre el pasado está condicionada por el momento histórico desde el cual se realiza y advierte que el Holocausto se convirtió también en una referencia habitual dentro de las discusiones políticas contemporáneas.

En particular, señala que cuando los debates se radicalizan aparecen con frecuencia acusaciones vinculadas con el nazismo, su estética o sus métodos. Para el historiador, ese uso puede convertir al Holocausto en una especie de “moneda de cambio” dentro de las discusiones actuales, más que en una herramienta para comprender históricamente lo ocurrido.

Por eso establece una diferencia entre reconocer mecanismos y equiparar acontecimientos.

Para Schvartz, las sociedades pueden comparar fenómenos históricos y estudiar mecanismos de violencia, pero eso no significa que dos acontecimientos sean iguales. “Cuando empezamos a decir todo es Auschwitz, todo es gueto, todo es lo mismo, entonces perdemos la capacidad de entender en qué lugar estamos parados”, sostuvo.

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La distinción, explicó, también tiene una consecuencia práctica. Una comparación que se limita a establecer equivalencias puede terminar funcionando como una condena moral, pero no necesariamente permite comprender las características concretas de un fenómeno contemporáneo.

En ese punto aparece también la pregunta por la memoria de las víctimas. Para Schvartz, equiparar acontecimientos puede terminar utilizando de manera problemática el silencio de quienes fueron asesinados y, al mismo tiempo, dificultar la comprensión de las situaciones actuales que se pretende analizar.

Más allá del contenido específico de cada capítulo, el autor plantea además una segunda intención con el libro. En una época atravesada por la velocidad y por contenidos que se producen y consumen rápidamente, Seis lecturas sobre el Holocausto busca recuperar la experiencia de leer libros completos.

Schvartz explica que los seis autores que analiza escribieron obras extensas, construidas alrededor de problemas que no pueden reducirse fácilmente a una única idea. Su propuesta es que el lector pueda acercarse a esas obras y recuperar una forma de lectura menos atravesada por las discusiones instantáneas.

“Quiero invitar a los lectores a que les pase eso y dejemos de lado las discusiones instantáneas”, planteó.

Seis lecturas sobre el Holocausto se presenta así como un recorrido por seis autores, pero también como una invitación a detenerse en los conceptos detrás de las palabras que aparecen habitualmente al hablar del exterminio. Una forma de volver sobre esas ideas para entender no solamente qué ocurrió, sino también cómo intentaron explicarlo quienes dedicaron buena parte de su trabajo a estudiarlo.

RG

LT