OPINION

Crisis en River: llegó el momento de un "Esquema Ponzio"

Ahora muchos sacarán los pies del plato, pero la decisión de contratar a Coudet fue unánime, tanto en la interna política como en la patria periodística. La mayoría de los hinchas quieren que este desastre lo arregle Ramón Díaz, difícil por viejas cuentas pendientes con el Pelado. Sin embargo, alguien vinculado a esta CD, cuyo jefe político es D'Onofrio, habló con Emiliano Diaz, el hijo del riojano, como para ir acercando posiciones por si falla la apuesta Ponzio.    

Leonardo Ponzio, el nuevo DT interino de River. Foto: @RiverPlate

La eliminación de River de la Copa Sudamericana no solo descalabró la última parte del año ni se quedó únicamente con la salida del entrenador Eduardo Coudet. También abrió un abanico político interno, que a través de la historia siempre fue agitado, incluso en tiempos de hegemonía riverplatense, con Santilli en los 80 y D´Onofrio entre 2013 y 2021. Entre la noche del miércoles 26 y la mañana del jueves 27, cuando el dolor por la derrota por penales contra Independiente Santa Fe estaba en carne viva, la Comisión Directiva designó a Leonardo Ponzio como nuevo entrenador millonario. Estaba trabajando en el Departamento de Fútbol Profesional, pero, al margen de su inexperiencia, Ponzio está en la bandera de los ídolos y eso puede servir como paraguas protector ante cualquier traspié. El presidente Di Carlo dijo que era “interino”, aunque al día siguiente desparramaron entre periodistas amigos y allegados que “Leo llega para quedarse, no es interino”. Todo esto tiene origen, una historia cuyo inicio no está muy lejos en el tiempo. 

Cuando Jorge Brito ganó con comodidad las elecciones de fines de 2021, le pidió a Marcelo Gallardo que continuara un año mas, a fines de 2022. Necesitaba que el DT ganador de dos Libertadores se quedara para apoyar bien los pies en ese nuevo sitio y organizar lo que en verdad quería uno de sus principales espadas políticas, Matías Patanián: terminar con el gallardismo.  

¿Qué es el “gallardismo”? Es lo que representa Gallardo con poderes absolutos. Es decir, no solamente armar el equipo para ganar domingo y miércoles, sino coordinar el Departamento de Fútbol Juvenil e Infantil, supervisar a todos y cada uno de los entrenadores de las divisiones menores y, llegado el caso, elegirlos él. Entre esas elecciones, estuvieron la de su padre (Máximo, fallecido en diciembre de 2024) como DT del equipo de leyendas y su cuñado, Jonathan La Rosa (hermano de su esposa, Geraldine), quien fue DT de la Reserva y Director de Metodología Infanto-Juvenil.  

Cuando el Muñeco dejó River a fines de 2022 tras haber sido eliminado en Octavos de Final de la Libertadores por Vélez Sarsfield, el nuevo esquema del fútbol profesional tenía integrantes que esperaban ese momento con ansias: Enzo Francescoli y Leonardo Ponzio, descartados por Gallardo a la hora de las decisiones, y el enemigo político número uno del DT saliente, Matías Patanián. Todos ellos ya tenían definido y cerrado a Martín Demichelis —“pibe del club”, “formación europea”— como sucesor. 

Di Carlo dijo que Ponzio era “interino”, aunque al día siguiente desparramaron entre periodistas amigos y allegados que “Leo llega para quedarse”.

Las cosas fueron muy bien. A tal punto, que Demichelis, hoy, es el último entrenador que dio una vuelta olímpica con River. Ganó el torneo argentino de 2023 y, posteriormente, hizo honor al copismo que hace furor en nuestro fútbol. Obtuvo el Trofeo de Campeones 2023 y la Supercopa Argentina en 2024. 

Una filtración de conversaciones en off con periodistas, la pérdida de confianza del plantel mas malos resultados, obligaron a la dirigencia de River de entonces a regresar al sistema de gobierno que tanto habían querido quitar del club. Volvieron a contratar a Marcelo Gallardo, que venía de una experiencia fallida en el mundo árabe. El Muñeco, conocedor de las internas, de lo que pensaban de él, de lo que querían quienes estaba al mando del fútbol de River, barrió con todo y sólo se reportó al presidente Brito, con quien compartía largas jornadas de golf, incluso cuando el DT era Demichelis y las cosas iban bien. Patanián, Francescoli y Ponzio se convirtieron en figuras nominales. Gallardo jamás se refirió a Demichelis o al trabajo de su sucesor con el mínimo afecto, hizo un mercado de pases nuevo y descartó o relegó a jugadores traídos por su reemplazante – reemplazado. El DT entrante, además de volver a tener superpoderes, llegó al club con Mariano Barnao como su hombre de confianza en negociaciones y elección de futbolistas, en reemplazo del cuerpo colegiado formado en su ausencia.  

La última foto del Chacho Coudet en River: la conferencia de prensa en que se anunció su salida.

La suma del poder público ostentada por Gallardo en este regreso estaba aumentada y potenciada por lo que él consideraba una traición de quienes hablaron con Demichelis en 2022, mientras él todavía no había decidido si irse o quedarse. Trajo de regreso a su cuñado, ahora como Director de Metodología Infanto – Juvenil, un lugar sensible en la formación de futbolistas y barrió con un especialista como Hermes Desio y todo su equipo, que habían sido designados por Patanián, Enzo y Leo. Rearmó toda la estructura de inferiores, cambió entrenadores y generó la molestia de tipos que, en muchos casos, habían sido sus compañeros en los tiempos del Gallardo jugador. La muestra de poder absoluto fue de tal magnitud, que, cuando River jugó (y perdió) la final de la Supercopa Internacional con Talleres en Asunción del Paraguay, las cámaras de TV difundieron la imagen del representante del entrenador, Hernán Berman, bajando del micro vestido con la ropa oficial del club.  

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Esta escena fue el Waterloo del segundo ciclo de Gallardo. Ahí comenzó la idea de terminar con este tipo de conducción. En el último tercio de su mandato, Jorge Brito estaba completamente desbordado por dos trabajos que le requerían casi el mismo nivel de esfuerzo. Era el presidente de River —de un River que no ganaba y jugaba mal, además— y, por supuesto, era y es el presidente y propietario del Banco Macro. Era demasiado. Gallardo encontró a un presidente agotado, que no le ponía peros para pagar precios exorbitantes por jugadores que claramente no lo valían y se lanzó a la aventura. Hizo en su segundo ciclo lo que no había hecho en el primero. Intentó imponerse desde la billetera mas que desde el trabajo diario y el convencimiento. Su historia terminó como terminaría la de un entrenador común y corriente. 

La segunda historia de Gallardo terminó cuando Stefano Di Carlo ya era el presidente y no una segunda figura del mandato de Brito. Di Carlo es un joven de 35 años muy cuidado por DOnofrio (y muy cuidado por Gallardo, digamos todo) por sus enormes conocimientos de tecnología y negocios afines, muchos de ellos vinculados con River y extremadamente beneficiosos para la tesorería. Entre estos negocios, está el de la venta de entradas anticipadas y el ingreso al estadio.  

Di Carlo y el 'Gallardismo Extremo'

Aquí pasó algo similar a lo que ocurrió a la llegada del titular del Banco Macro. Di Carlo tampoco estaba muy de acuerdo con el Gallardismo Extremo que se encontró en su presidencia incipiente. Quería un Director Deportivo, Gallardo no. Quería tener un equipo de trabajo que se ocupara del scouting y de las negociaciones por los refuerzos, Gallardo quería seguir con Barnao. Di Carlo solo accedió a incluir a Barnao en un equipo con Francescoli. Enzo fue impulsado fuertemente por el joven para regresar al primer plano de las decisiones.  

La caída de Gallardo tras un año y medio fue un alivio para los nuevos dirigentes de River. Obviamente, nadie va a hacerse cargo de esto, pero la salida del Muñeco dejaba un terreno fértil para llevar a cabo los planes del Director Deportivo y el equipo de scouting de jugadores infantiles y juveniles que pretendía Di Carlo, además de la reaparición de Francescoli y Ponzio en los primeros planos de la dirigencia millonaria. 

La mayoría de los hinchas quieren que este desastre lo arregle Ramón Díaz, pero viejas cuentas pendientes del Pelado con dirigentes echarían por tierra el deseo popular.  

Ahora muchos sacarán los pies del plato, pero la decisión de contratar a Chacho Coudet fue unánime, tanto en la interna política como en la patria periodística. Tenía antecedentes buenos pero lejanos en Rosario Central y Racing, pero su actualidad lo presentaba al borde del descenso con el Alavés. Dejó todo para venir a River, donde fue futbolista en dos ciclos, primero entre 1999 y 2002 y después entre 2003 y 2004. Para desgracia de los nuevos dirigentes, su primera designación perdió una final de campeonato, quedó eliminado de la Copa Argentina por Aldosivi (uno de los peores equipos del fútbol argentino sino el peor) y se fue de la Sudamericana por no poder ganarle en el Monumental a un limitado rival. Además, en el momento de la renuncia de Coudet, River está en el puesto 14 de su zona —fuera de los play off— y 11mo en la tabla anual. Chacho se fue después de 27 partidos, todos los fracasos mencionados y se convirtió en el tercer entrenador de River en la historia con menos partidos dirigidos.  

La mayoría de los hinchas quieren que este desastre lo arregle Ramón Díaz, pero el apoyo del Pelado a Pasarella en las elecciones del 2013 más la salida a mitad del 2014 por “no sentirse querido” por D'Onofrio y Francescoli, más unas declaraciones del ex presidente hace unos días descartando un regreso de Ramón, echarían por tierra el deseo popular.  

Sin embargo, en política las cosas pueden varias de uno momento a otro. Lo que hoy parece imposible, mañana puede no serlo. Alguien vinculado a esta CD, cuyo jefe político es D'Onofrio, habló con Emiliano Diaz, el hijo del riojano, como para ir acercando posiciones, en caso de que no resulte la apuesta por el Esquema Ponzio.