opinión

La Copa Libertadores no es mi obsesión

Solidez. Boca jugó con autoridad. Es un equipo serio. Foto: afp

Es muy probable que la mayoría de los hinchas de Boca –e incluso de otros clubes– estén en desacuerdo conmigo. Lo acepto. Pero, ¿saben qué? La Copa Libertadores no es mi obsesión. Por supuesto quisiera que Boca la gane, sobre todo después de tantos años de no hacerlo, y de haber llegado, en el medio, a varias finales. Pero esa idea de “obsesión” me parece una exageración. Para los jóvenes que no lo saben, en una época se jugaban unos campeonatos de verano, en Mar del Plata y a veces en Mendoza, un campeonato amistoso en el que jugaban Boca, River y otros equipos grandes. En plena pretemporada –con los jugadores duros, con el equipo en formación–, se jugaban esos partidos que eran a cara de perro y cuyos resultados, más allá de que eran amistosos, eran importantes. Tan importantes que más de un técnico célebre (¡Ramón Díaz!) fue despedido después de haber perdido un amistoso contra Boca. Esta digresión tuvo la intención de decir que hubo una época en que lo único que importaba no era la Libertadores. La Libertadores era muy importante, claro, pero para Boca (y River) había vida más allá. Para mí, el campeonato argentino, aun venido a menos, es muy importante y es también mi “obsesión”. 

Digo esto con el eco reciente del buen debut de Boca en la Libertadores. En los medios ya hay un tachín-tachín insoportable, con debates bizantinos sobre si Boca ya es candidato, si Úbeda encontró al fin el equipo, especulaciones sobre contra quién jugaría en octavos de final y demás éxitos asegurados. ¡Todo porque Boca ganó un partido! Por supuesto que lo ganó de una forma inhabitual. El martes pasado, contra la Católica de Chile, durante los primeros 80 minutos, a Boca le cupo una calificación que no obtenía, tal vez, desde hace años: durante 80 minutos Boca jugó con autoridad (los 10 últimos fue el Boca de siempre). No se trata de que haya jugado bien (eso ya había pasado contra Lanús), de que Paredes la haya roto (eso pasa bastante seguido), de que el resto del equipo acompañó bien (en especial, Aranda en el segundo tiempo, cuando ellos sacaron a Medel, que en el primer tiempo no le había dejado tocar la pelota). No. No es solo eso. Es otra cosa: que Boca jugó con autoridad. Fue un equipo serio. Sólido. Inteligente. Que, al fin, parecía saber a qué jugaba. Pues, no le saco ningún mérito a lo ocurrido el martes. Al contrario. Pero el tachín-tachín, que está ligado a la “obsesión”, me resulta exagerado, cuando no insoportable.

Al pasar, otra cosa. El mérito de Boca residió también en jugar bien en una cancha de césped sintético. No logro entender cómo están aprobadas por la FIFA y por qué hay equipos que lo ponen en sus canchas. Puedo entenderlo en estadios ubicados en climas extremos (Rusia, los países nórdicos, etc.). Pero, ¿en Santiago de Chile? La pelota pica mal, rueda de manera dificultosa y rápida innecesariamente, las fricciones son más fuertes. Nada más lindo que un hermoso pasto real (claro, para eso no tienen que estar poceados como la mayoría de las canchas argentinas). La Libertadores recién empieza, y Boca arrancó con el pie derecho.