DEPORTES
racha positiva

El Boca de Úbeda dejó atrás los silbidos y mejora partido a partido

El Xeneize debutó con un triunfo claro en Santiago de Chile ante Universidad Católica y suma diez partidos sin perder. La furia de la Bombonera y las dudas sobre su continuidad se transformaron en conformidad, tanto de los hinchas como de la dirigencia. La consolidación del pibe Aranda es una de las explicaciones de este buen momento: el mediocampo mejoró, y con eso todo mejoró.

11_04_2026_aranda_boca_cedoc_g
Clave. Aranda es la novedad de este año: le da frescura a un equipo que no la tenía. | cedoc

En su dinámica de juicios sumarios por canales de streaming y sentencias televisadas, el fútbol argentino suele ofrecer redenciones tan veloces como las condenas. Hace apenas dos meses, la continuidad de Claudio Úbeda en el banco de Boca parecía un ejercicio de resistencia más que un proyecto a largo plazo real. Silbidos en la Bombonera tras un deslucido empate contra Racing, insultos en la boca del túnel de plateístas y dudas sobre la fisonomía de un equipo que parecía no tener rumbo marcaban el pulso de su gestión, siempre observada con recelo porque se trataba de una herencia –luego del fallecimiento de Miguel Ángel Russo– y no de una elección.

Sin embargo, hoy el escenario es otro: Boca se asienta en el lote de arriba del Apertura, debutó en la Copa Libertadores con un triunfo sólido ante Universidad Católica como visitante, y el Sifón logró diluir las críticas a fuerza de resultados y decisiones tácticas quirúrgicas.

La transformación no fue estética, sino funcional. El cuerpo técnico entendió que el equipo necesitaba equilibrio y una circulación de pelota más fluida en la zona de gestación. En ese diagnóstico, la decisión más determinante fue la apuesta por Tomás Aranda.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

A diferencia de otros volantes de corte más posicional, Aranda aportó una dinámica que el mediocampo de Boca reclamaba. Su capacidad para romper líneas y su visión para conectar la salida con los delanteros le permitieron al equipo ganar metros en el campo. No se trata de un jugador de contención neta, sino de un volante con criterio para la distribución y llegada, lo que liberó de responsabilidades a los atacantes y oxigenó a Leandro Paredes en la zona media.

Con Aranda en el eje del juego, el equipo encontró una variante que no tenía: la sorpresa desde la segunda línea. El dato estadístico respalda su influencia: desde su consolidación en el once inicial, la eficacia en los pases en campo contrario aumentó un 15%, y la generación de situaciones claras de gol por partido subió de 3,2 a 5,1. El taco que inventó para darle la pelota a Blanco, en el gol que convierte Bareiro en Santiago de Chile, es una muestra evidente de lo que aporta el juvenil. Queda una pregunta para hacerse: ¿la vuelta del Changuito Zeballos generará una dupla superior o empastará su presencia?

La dirigencia mantuvo el respaldo en los momentos de mayor tensión, y esa estabilidad institucional se tradujo en el campo. Boca hoy es un equipo corto, que sufre menos en las transiciones defensivas y que ha optimizado su promedio de gol por llegada. Todavía genera dudas y preguntas en el fondo, sobre todo en la parte derecha de la defensa, y también en el arco, ahora con la ausencia de Marchesín por lesión.

Sin embargo, en Boca todo puede cambiar rápidamente. Los diez partidos que acumula sin derrotas Úbeda (ocho por la liga, uno de Copa Argentina y otro de Libertadores) pueden evaporarse en la Bombonera hoy, en el clásico contra un Independiente que viene dulce tras vencer a Racing.