Memorias del fútbol argentino

Mario Kempes y la consagración de 1978: el impacto del Matador en la primera estrella argentina

Análisis del desempeño de Mario Alberto Kempes en el Mundial 1978. Goles decisivos ante Holanda, su rol táctico bajo la dirección de César Menotti y el significado de la bota de oro en el Monumental.

Mario Kempes y la consagración de 1978: el impacto del Matador en la primera estrella argentina Foto: Captura X

El camino de la Selección Argentina hacia su primer título mundial en 1978 encontró en Mario Alberto Kempes a su figura indispensable. El delantero cordobés, que jugaba en el Valencia de España, llegó al certamen como el único futbolista del plantel que actuaba en el exterior, bajo la gestión de Menotti.

Durante la primera fase del torneo el atacante no logró convertir goles, lo que generó ciertos cuestionamientos en la prensa especializada de la época. Sin embargo, el director técnico mantuvo la confianza absoluta en su capacidad física y técnica, ubicándolo como un volante con llegada constante.

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La explosión del "Matador" comenzó en Rosario, durante la segunda etapa del campeonato. Sus dos anotaciones frente a Polonia marcaron el inicio de una racha imparable. En aquel encuentro Kempes no solo aportó en el marcador, sino que salvó un gol con la mano, demostrando un compromiso total.

El enfrentamiento contra Perú fue otra exhibición de potencia por parte del delantero nacido en Bell Ville. Con otros dos tantos, aseguró el pase de Argentina a la gran final. La verticalidad de su juego y su zancada larga se convirtieron en el sello distintivo de un equipo con gran vocación.

Los goles de Kempes en la final del Mundial 1978 contra Holanda

La tarde del 25 de junio en el Estadio Monumental consagró definitivamente al artillero argentino ante el mundo. A los 38 minutos del primer tiempo, Kempes rompió el cero tras una habilitación de Leopoldo Luque, filtrándose entre los defensores naranjas para definir con un toque bajo y preciso.

Al finalizar el certamen, el atacante se adjudicó la Bota de Oro al máximo goleador con seis conquistas y fue elegido como el mejor jugador del Mundial

El partido alcanzó niveles de tensión extremos cuando Dick Nanninga empató para los europeos cerca del cierre. En el tiempo suplementario, la figura de Kempes emergió nuevamente para destrabar el empate. El cordobés encaró a la defensa rival, superó a dos hombres y definió tras una carambola.

Ese segundo gol, anotado a los 105 minutos, es recordado por la guapeza del delantero al disputar el balón frente al arquero Jan Jongbloed. La pelota quedó viva en el área pequeña y el "Matador" la empujó hacia la red, desatando la euforia de miles de personas que cubrieron el campo de papelitos.

Como señala el periodista e historiador Jorge Barraza en su obra 30 años de fútbol, Kempes representó la síntesis perfecta entre la potencia física y la elegancia técnica del futbolista sudamericano. Su capacidad para retroceder y armar juego fue lo que finalmente confundió al sistema holandés.

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El desempeño de Mario Alberto Kempes en la prórroga no se limitó a su faceta goleadora. En una jugada colectiva iniciada por él, asistió a Daniel Bertoni para sellar el 3 a 1 definitivo. Esta intervención final cerró una de las actuaciones individuales más determinantes en la historia de las finales.

Al finalizar el certamen, el atacante se adjudicó la Bota de Oro al máximo goleador con seis conquistas y fue elegido como el mejor jugador del Mundial. Argentina lograba así su primer título ecuménico, cortando una sequía histórica y validando el proceso de trabajo iniciado cuatro años antes.

César Luis Menotti, en su libro Fútbol: juego, deporte y sociedad, destaca que Kempes era un jugador que podía ocupar cualquier puesto del ataque con naturalidad. Según el entrenador, su despliegue físico permitía que el equipo mantuviera una presión alta constante sobre la salida de los rivales.

La tarde del 25 de junio en el Estadio Monumental consagró definitivamente al artillero argentino ante el mundo

La ausencia de Diego Maradona en la lista definitiva de 1978 delegó en Kempes la responsabilidad de ser el conductor ofensivo del grupo. El cordobés asumió ese rol sin estridencias, apoyado en un perfil bajo y una efectividad letal que lo transformó en el primer gran héroe de la albiceleste.

La prensa internacional de 1978 coincidió en que el impacto de Kempes fue superior al de figuras como Rob Rensenbrink o Ruud Krol. Su capacidad para decidir partidos trascendentales en momentos críticos lo posicionó como un referente ineludible del deporte nacional, marcando un antes y un después.

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El legado del goleador en aquel certamen trasciende las estadísticas de sus anotaciones. Su imagen con la camiseta azul y blanca, los brazos en alto y el pelo largo al viento, se transformó en la iconografía oficial del triunfo argentino. Fue el motor de un equipo que supo sufrir y prevalecer.

Hoy, la historia reconoce a Kempes como el hombre que cargó con las ilusiones de un país en el momento de mayor presión deportiva. Su bota izquierda fue la herramienta que permitió a la Asociación del Fútbol Argentino bordar la primera estrella dorada sobre su escudo en una tarde de invierno.