En el monumental

Se terminó la primavera: River cayó ante Huracán y volvieron las dudas

Sorpresa. El Globo aprovechó los espacios y golpeó en los momentos justos. No mereció ganar, pero se llevó los tres puntos. Foto: AFP

El Monumental es una experiencia moderna. No hay dudas de eso. Pero la experiencia –un término que es todo un síntoma– incluye una oferta de estimulaciones sensoriales que atenta contra la atención y el análisis del hincha común, y por extrañas razones, contra el funcionamiento del equipo que ahora dirige Ponzio. Pantallas propias y ajenas, aromas y ofertas novedosas que no se condicen con lo que sucede en el campo. Show.

Hay un espacio que se llama la Yihad contra las Corporaciones de la Distracción que asegura que el modo de existencia que nos imponen hoy las plataformas estandariza nuestra experiencia digital, empobrece nuestra experiencia vital y daña nuestra capacidad de organización. Esto, en síntesis, amputa nuestras estrategias, herramientas y capacidades de tres facultades que son elementales tanto en el plano de la organización política como en el de la elaboración afectiva, tan estrechamente ligada al campo del arte, y que también puede extenderse al campo del fútbol: la observación, la experiencia y la imaginación.

Todo eso tiene Ángel Correa, acaso el mejor jugador que tiene hoy el fútbol argentino, y que no se pone en valor porque está rodeado de un equipo que, tras la primavera de Ponzio, sigue sin funcionar del todo. Este River es un equipo de individualidades, o de espasmos de talento, o de apariciones repentinas, como el golazo de Galván que logró el empate en el segundo tiempo. Un fútbol de tiktok. Pero con eso no alcanza, más cuando hay errores individuales que complican al equipo: la falta de reacción de Beltrán en el primer gol de Huracán (centro que terminó en la red de Cortés) y la falta de marca de Fausto Vera en el segundo del Globo, convertido con un tiro cruzado de Blondel, son los dos ejemplos más drásticos de una noche que pronto será olvidada.