La guerra en Medio Oriente golpea al campo: salta la urea y sube la presión sobre maíz, soja y trigo
La guerra en Medio Oriente ya no impacta solo en el petróleo: también empieza a recalentar los mercados agrícolas. Con uno de los fertilizantes más usados en alza por la suba el petróleo, además de mayors costos logísticos, los precios de los commodities agrícolas muestran una dinámica que refleja cómo el conflicto suma un nuevo frente para el agro y para los precios globales de los alimentos.
La escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán ya no impacta solo en la energía, sino que también empieza a mover los mercados agrícolas y la soja subió en la jornada un 4% hasta los 444 dólares la tonelada. El crudo Brent llegó este lunes 9 de marzo a superar los u$s119 por barril en la jornada, la urea trepó hasta u$s 683 en Estados Unidos y le pone presión a los costos, la logística y los precios de los granos.
Lo que al comienzo se veía como un shock concentrado en la energía y en los fertilizantes ahora también se refleja en maíz, soja y trigo, en un contexto en el que la geopolítica gana peso y los fundamentos propios de cada cultivo quedan, al menos por ahora, en segundo plano, según explicó el profesor Dante Romano de la Universidad Austral.
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El movimiento más visible se dio en el petróleo. Este lunes, el Brent llegó a trepar por encima de los USD 119 por barril, con un salto intradiario que rondó el 25%, aunque luego moderó parte de la suba. El disparador fue la profundización del conflicto y el temor a una interrupción prolongada en la oferta regional, en especial por el bloqueo y la disrupción sobre el estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio energético mundial.
Ese salto en la energía no queda encapsulado en el crudo. También encarece los fletes marítimos, tensiona la logística y recalienta el mercado de insumos agrícolas. En ese frente, la urea mostró uno de los movimientos más bruscos: en Estados Unidos pasó de USD 516 a hasta USD 683 por tonelada en pocos días, en plena antesala de la siembra de primavera.
“En los últimos enfrentamientos geopolíticos el impacto en los mercados fue acotado y de corta duración, concentrado en los productos directamente involucrados. La diferencia ahora es que el conflicto sigue escalando día a día y eso termina trasladándose también a los granos”, explicó Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
Fertilizantes, energía y logística: por qué el maíz queda más expuesto
Dentro del complejo agrícola, el maíz aparece hoy como uno de los productos más sensibles. La razón es triple: depende más intensamente de fertilizantes nitrogenados como la urea, mantiene una relación estrecha con el petróleo por su vínculo con el etanol y, además, integra la canasta básica de alimentación animal y humana en muchos países.
“El impacto en maíz es triple: sube el costo de fertilizantes, porque requiere más urea; además el maíz sigue al petróleo por su uso en etanol; y, al tratarse de un alimento básico, los países tienden a asegurar abastecimiento ante posibles disrupciones logísticas”, resumió Romano.
El problema no es menor porque buena parte del comercio global de urea atraviesa esa región o depende del gas producido allí. Por eso, un conflicto prolongado no solo puede sostener precios más altos, sino también alterar decisiones de siembra. En Estados Unidos, la suba de los fertilizantes llegó en un momento especialmente delicado: los farmers están por definir área y ya operaban con márgenes ajustados.
“El salto del precio de la urea no podía llegar en peor momento para los productores estadounidenses, porque ya tenían márgenes negativos. Esto podría generar una caída adicional de área de entre 1 y 1,5 millones de hectáreas, lo que sería alcista para los precios en el mediano plazo”, sostuvo el especialista.
Trigo, soja y el efecto Argentina en un mercado dominado por la guerra
En trigo, el panorama luce algo más favorable en términos relativos para la Argentina. El país viene mostrando agresividad comercial para colocar mercadería en el exterior, lo que complica a otros oferentes, especialmente europeos, a la hora de vender sus excedentes. Aun así, Romano advierte que todavía no hay elementos suficientes para hablar de un mercado estructuralmente alcista: los stocks de arranque siguen siendo elevados y en el hemisferio norte todavía falta atravesar la salida del invierno para medir el verdadero impacto climático.
“Argentina está siendo muy agresiva en la colocación de trigo en el mundo, lo que complica a competidores como Europa para vender sus excedentes”, señaló. Pero agregó: “Todavía es difícil plantear un mercado estructuralmente alcista en trigo, porque los stocks iniciales son altos y hasta que los cultivos retomen su crecimiento no se puede dimensionar el impacto climático”.
En soja, en cambio, persisten fundamentos más débiles. El ritmo de exportaciones de Estados Unidos sigue sin despegar y China continúa ausente de ese origen, en un escenario donde Brasil conserva una posición comercial más competitiva. A eso se suma la relación política entre Beijing e Irán y la necesidad china de asegurarse abastecimiento energético, factores que podrían reforzar la preferencia por Sudamérica.
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“No hay razones claras para suponer que China vaya a concretar el compromiso de comprar 8 millones de toneladas adicionales de soja estadounidense, y en el contexto actual eso parece todavía menos probable”, indicó Romano. “Si miramos los precios, China debería acelerar las compras sobre Brasil, que sigue teniendo una producción elevada a pesar de algunas pérdidas marginales por exceso de lluvias”, agregó.
Para la Argentina, además, el cuadro combina oportunidades y riesgos. Por un lado, una guerra prolongada en la región podría afectar exportaciones agroindustriales hacia Medio Oriente, un destino relevante para el complejo local. Reuters reportó la semana pasada que desde CIARA-CEC advirtieron sobre ese riesgo, aunque aclararon que por ahora el flujo comercial no mostraba alteraciones.
Por otro lado, el contexto global se vuelve más inflacionario. La FAO informó que su índice de precios de alimentos subió 0,9% en febrero y se ubicó en 125,3 puntos, impulsado por cereales, carnes y aceites vegetales. Ese dato todavía no refleja por completo la nueva fase de escalada bélica, pero sí marca que la presión sobre alimentos ya venía creciendo.
En ese marco, Romano plantea que la guerra está desordenando momentáneamente las referencias tradicionales del mercado. En la soja argentina, por ejemplo, la mejora en la condición de los cultivos agrega un componente bajista, pero el bajo nivel de ventas del productor podría limitar esa presión una vez que avance la cosecha.
“Es posible que inicialmente veamos un mercado bajista por la entrada de cosecha, pero si las ventas del productor no se aceleran esa presión podría durar poco”, analizó.
La clave, entonces, pasa por cuánto se prolongue la tensión. Si la crisis en Medio Oriente se estabiliza, los granos volverán a mirar oferta, demanda y clima. Pero mientras el petróleo, los fertilizantes y la logística sigan tensionados, el tablero agrícola global seguirá operando con una prima geopolítica mucho más alta.
LR / EM