Mermeladas nativas contra la deforestación: el trabajo de mujeres rurales argentinas
“Cuando éramos chicos e íbamos a la escuela cruzábamos por un caminito que era todo monte. Un día lo tumbaron y plantaron pinos. Ese recuerdo quedó marcado por la tristeza, porque en ese monte había frutos como guabiroba, huapurutí y araticú, que nosotros comíamos”, comentó a PERFIL Verónica Zurakovski, integrante de Mujeres Soñadoras, una asociación ubicada en las localidades misioneras de Salto Encantado y Aristóbulo del Valle que se dedica a la producción de mermeladas de frutos nativos.
Su proyecto, iniciado en 1996, logró demostrar que los árboles podían rendir económicamente sin necesidad de tener que ser reemplazados para convertirse en madera: además de la venta de mermeladas, las semillas que sobran de la producción de los dulces son utilizadas por un vivero que crearon sus propios hijos, y que vende plantines a un bajo costo, para que puedan ser utilizados por productores y plantados a la vera de los ríos. “Muchos están plantando en los potreros, enriqueciendo las tierras donde solo hay pasto. Eso les da sombra a los animales, y de paso tienen una fruta que siempre fue nuestra, que siempre estuvo acá”, resaltó.
“Si seguimos desmontando vamos a perder”, enfatizó Zurakovski, que recolecta frutos, mantiene una chacra y elabora los dulces con otras dos socias: Fabiana Da Vega y Claudia Kozaczek. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las mujeres constituyen el 36% de los trabajadores del sistema agroalimentario en la región.
“Comenzamos como un grupo de mujeres que nos reuníamos una vez al mes en distintas casas de la zona rural y nos juntábamos con un propósito, que era el de recibir semillas del Prohuerta, de parte del INTA”, agregó Kozaczek, presidenta de la asociación, en diálogo con este medio. Lo que empezó como un proyecto para el armado de huertas se convirtió, en 2010, en una organización formal. El primer paso fue tratar de conseguir un salón y una cocina, cosa que lograron gracias a rifas, venta de pastelitos y aportes de la comunidad. La cocina fue habilitada en 2014, en 2015 comenzaron a producir mermeladas de frutos nativos y de chacra, y en 2019 obtuvieron el sello “Producido por la Agricultura Familiar”, otorgado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.
“Al transcurrir los años comenzaron los jóvenes, hijos de socios de la asociación, a interesarse en lo agroecológico. Así fue como fueron armando el vivero y una biofábrica, en la que elaboran abonos orgánicos”, explicó Kozaczek. En 2025, tres de esos frutos que lograron rescatar fueron incorporados al Código Alimentario Argentino: la jabuticaba, la uvaia y el yvaporoity, desconocidos por gran parte de la población, incluso la local.
El de Mujeres Soñadoras es un proyecto de economía verde, pero también de transmisión de conocimientos. Algunas de las mermeladas se donan a cuatro escuelas: los chicos no solamente se alimentan con frutales autóctonos y los incorporan a su dieta, sino que además conocen de la existencia de otros productos. “En 2020 nos integramos como asociación a Somos Red, una red provincial que nuclea también a otros grupos y cooperativas que velan por la biodiversidad y la agroecología, y trabajamos con la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Misiones en el relevamiento de las chacras y en la implementación de huertos frutales de especies nativas de la selva paranaense”, finalizó Kozaczek.
“Para mí trabajar en la asociación es muy importante, porque podemos vender y hacer conocer la riqueza inmensa que tenemos en nuestros montes, que quizás en otros lugares no hay”, afirmó Zurakovski. Como ejemplo pone lo que comúnmente conocen como miel de caraguatá. “Nosotros decimos miel de caraguatá, pero es una jalea que se hace de ese fruto. El caraguatá es una bromelia que crece en el monte y yo, desde que tengo conocimiento, recuerdo que nuestras abuelas y nuestras mamás nos hacían la miel de caraguatá para la gripe. Volver a eso, a valorizar lo que siempre se usó en nuestras cocinas, es muy importante”.
Desde 1996, y a pesar de partir del recuerdo de una infancia con dulces caseros y montes repletos de frutos autóctonos, la asociación piensa en el futuro. “Tengo la esperanza de que vamos a dejar algo mejor para nuestros nietos y para las nuevas generaciones. Quiero dejar algo lindo para los que vienen”, concluyó.
También te puede interesar
-
La “caja de herramientas” de Kicillof: ¿cómo piensa el economista que desafía la ortodoxia?
-
La mora de las familias se cuadruplicó en un año
-
Por el menor crecimiento, bajará la recaudación $ 2,5 B
-
Dificultad para hacer amigos: un indicador olvidado de la pobreza en las infancias
-
Burford insiste en EE.UU. y prepara otra ofensiva contra la Argentina en el Ciadi
-
La promesa de inflación cero se aleja: por qué el gobierno de Milei no puede domar los precios
-
Informe de la UCA: uno de cada cuatro trabajadores no come durante su jornada laboral
-
La crisis de ingresos empuja a los argentinos a buscar otro trabajo y golpea con fuerza al NEA
-
El verdadero problema K de Milei: ganadores externos y perdedores internos que marcan una recuperación desigual