De La Matanza al Gran Rex

Carnicero y cantante de rock: la historia de Alejandro

De forma improvisada, con un par de amigos, y luego de una tragedia, Alejandro Raúl Zilla, un trabajador popular de la provincia de Buenos Aires, encontró su pasión: el canto. Unido a su profesión, formó la banda La Chiquizuela Rock, que debutó recientemente en uno de los teatros más importantes del país. En entrevista con PERFIL, nos cuenta cómo empezó todo.

Ensayo y asado. Los siete integrantes del grupo se preparan para sus próximas fechas con un bife de por medio. Foto: cedoc

¿Quién creería que al año de formar una banda con amigos estarían presentándose en el Gran Rex? ¿A quién se le ocurriría que el carnicero del barrio sea el cantante, el veterinario, el bajista, y comiencen con un amigo que toca la batería en servicios religiosos? Sabemos que a veces la realidad supera la ficción.

­Alejandro Raúl Zilla, de 38 años, el cantante del grupo, unió su profesión con su pasión para formar la banda La Chiquizuela Rock. Junto a sus amigos, la rompen en cada una de sus presentaciones y crecen en tiempo récord.

—¿Quién es Alejandro?

—Un tipo común. Un carnicero de La Matanza que trabaja día a día para mantener a su familia.

—¿Cómo conviven día a día estas versiones tan distintas? Carnicero y cantante de rock.

—Los días lunes y jueves son los más complicados. Arranco temprano en el negocio para tratar de dejar todo en condiciones para tomarme las tardes. Pongo el fuego, preparo la sala de ensayo (que es mi casa), corro la mesa y las sillas, enchufamos los instrumentos, y a las ocho de la noche nos ponemos a practicar. Al terminar, nos comemos un asado. Y si la noche amerita, termina con una guitarreada de postre.

—¿Cómo empieza la banda?

—Lamentablemente perdí un hijo. La pasé muy mal. Estaba al borde de quitarme la vida. No tuve el valor de hacerlo, pero desde entonces mi vida cambió. Busqué la manera de darles un propósito a mis días, de dejar una huella. Tomé clases de vuelo, también me convertí en timonel, pero seguía sin encontrar algo que verdaderamente me llenara. Pasado un tiempo, un grupo de (ahora ex) amigos armaron una banda. Yo les decía cada tanto: “Eh, déjenme cantar un tema”. Entonces, en algunas presentaciones que tenían, ellos me permitían estar en el micrófono. El problema vino cuando después de cuatro o cinco presentaciones, el cantante de la banda decía que me aplaudían a mí y a él no. En fin, me echaron. Es así que se presentó la idea de armar mi propia banda: La Chiquizuela Rock. Busqué un nombre que se uniera a mi oficio y así empecé a hacerla.

—Hablame un poco de la música, ¿qué tocan?

—Tocamos principalmente temas de Pappo, cada tanto metemos algún blues también. Y estamos trabajando en letras propias que, espero, salgan este año.

—¿De dónde salió tu amor por el canto? ¿Tomaste clases?

—Surgió cuando me di cuenta de que encontré algo que me da felicidad. Cuando empecé no lo sabía, pero es lo que tanto busqué para llenarme. Sobre las clases, no tomé ninguna de canto ni nada por el estilo, pero pienso hacerlo. Me lo tomo muy en serio esto y quiero lo mejor para la banda.

—¿Cómo encontraste a tus compañeros de banda?

—Una vez que me decidí a empezar y ya tenía el nombre, comencé a buscar a los músicos para formarla. Un vecino de la carnicería me presentó al veterinario de enfrente, que es Leo Rojo y toca el bajo. También conocí a un chico que tocaba la batería en una iglesia, y así empezó todo. Conseguimos una fecha en un barcito y la verdad es que cuando llegó el día yo ni me sabía las letras de los temas; tampoco teníamos guitarra. A pesar de eso, para mí fue un día muy importante porque cumplí el sueño de hacer lo que me gusta en un escenario. Con el correr del tiempo fuimos agrandando la banda y ensayamos mucho para llegar a lo que somos hoy. Llevamos un año juntos y somos siete: en guitarra, Nikanor Correa y Eduardo Acuña; batería, Lucas Matías Sotelo; saxofón, Marcelo; armónica, Juan José Javes;  en el bajo Leonardo Rojo, y yo en la voz.

—¿Cómo fue la presentación en el Gran Rex?

—Participamos en un concurso para ser teloneros y lo ganamos. Fue una experiencia abrumadora, pero muy feliz. Que más de tres mil personas nos aplaudan y canten con nosotros no tiene precio.

—¿Cómo es hacer rock en Argentina hoy?

­—Es muy complicado. Hay mucho trap, mucho solista que está de moda. Pero la verdad es que el rock nunca morirá. Todavía hay chicos de 15 años gritando canciones que son de cuando sus abuelos eran chicos. Y dejame decirte que no sé si dentro de 50 años vamos a ver a chicos cantando trap con la misma pasión que hoy se gritan temas de rock nacional.