Líderes en la vejez

¿Demasiado mayor para ser presidente?

Trump (79) y Biden (83) en Estados Unidos, o Lula (80) en Brasil, son criticados por ser demasiado grandes para ser ejecutivos. Sin embargo, Nerendra Modi (75), de India, también es mayor y no recibe los mismos cuestionamientos. La tercera edad parece tener distinto valor según de qué cultura se trate. Vamos, entonces, a lo importante: ¿es la vejez un impedimento para ser un buen líder?

Foto: cedoc

Donald Trump, de 79 años, enfrenta en este nuevo mandato cuestionamientos similares a los que él mismo formuló en el pasado: su edad y su capacidad para gobernar una potencia mundial. Antes de ganar las últimas elecciones, había criticado al entonces presidente Joe Biden, de 83 años, por considerarlo demasiado mayor para el cargo. En la misma línea, el presidente brasileño Lula da Silva también ha sido blanco de críticas por su edad.

¿Pero por qué la vejez se convierte en una acusación? ¿Por qué se da por hecho que haber vivido más años es algo malo? ¿Acaso los presidentes no tienen otras cosas por lo que pueden ser acusados? La vejez, tanto en el caso de Biden, como ahora en el de Trump, toma más protagonismo que la mala gestión, la corrupción, o los niveles de vida de la población.

Estados Unidos no es el único país con líderes mayores. Nerendra Modi, primer ministro de India, tiene 75 años. Denis Sassou-Nguesso, presidente de la República del Congo, tiene 82. Teodoro Obiang Nguema, presidente de Guinea Ecuatorial, tiene 83 años. Y Paul Biya, presidente de Camerún, es actualmente el jefe de Estado más grande del mundo, con 92 años. Sin embargo, los recién mencionados no son «acusados» de viejos, lo que nos muestra que la vejez es considerada un atributo negativo en ciertas culturas, un sinónimo de falta de poder, vigor, y lucidez; mientras que en otras partes del mundo es un símbolo de experiencia, respeto, honradez, y control emocional. 

“A la vejez se la entiende culturalmente; convirtiéndola según el contexto, en un valor o desvalor. Desde los años 50 hasta la fecha, la edad de los presidentes ha ido bajando. Hay lugares donde no hay diputados mayores, como en España, o hay una ‘juvenilización’ generalizada de líderes políticos”, expresa el investigador especializado en psicología de la vejez y doctor en Psicología (UBA) Ricardo Iacub. “Pero hay estructuras más burocráticas, como la China o como la que tenía la Unión Soviética, en las que la edad era un factor de privilegio muy importante, porque hay que ir ascendiendo en el partido, lo que lleva tiempo. En la Iglesia todavía hay una estructura burocrática similar”. 

La historia nos ha mostrado que los líderes mayores pueden no solo ser buenos, sino ser apreciados; sobre todo en el ámbito religioso. Por nombrar algunos: el Papa Francisco, que se convirtió en Sumo Pontífice a los 76 años; Dalai Lama, líder budista que cumplió 90 años, o el gran rabino Menajem Mendel Schneerson, conocido como el Rebe de Lubavitch, que tuvo su última aparición pública a los 89 años. 

“Los líderes espirituales suelen tener más edad. El judaísmo tiene estructuras mucho más fuertes en las que los rabinos son gente muy grande y donde la edad tiene un peso simbólico muy importante. ¿A qué me refiero con todo esto? A que la cultura construye símbolos a partir de los cuales los varones, las mujeres, los jóvenes, o los viejos pueden llegar a tener más o menos poder”, dice Iacub.

Un estudio publicado en la revista de investigaciones Intelligence, que lleva el nombre de Los humanos alcanzan su punto máximo en la mediana edad (Humans peak in midlife), estudió la edad a través de 16 dimensiones que van desde los aspectos físicos hasta emocional y psicológico, y concluyó que “el funcionamiento cognitivo y de la personalidad en general alcanza su punto máximo entre los 55 y los 60 años”. “La inteligencia fluida (la capacidad de razonar y resolver problemas nuevos sin depender de conocimientos previos), que alcanza su punto máximo cerca de los 20 años y disminuye considerablemente durante la edad adulta, suele considerarse la capacidad cognitiva más importante (...). Sin embargo, el éxito humano en ámbitos como la carrera profesional tiende a alcanzar su punto máximo mucho más tarde, generalmente entre los 55 y los 60 años. Esta discrepancia podría reflejar que, si bien la inteligencia fluida puede disminuir con la edad, otras dimensiones mejoran; por ejemplo, la inteligencia cristalizada (capacidad de usar conocimientos y experiencia acumulados a lo largo de la vida), o la inteligencia emocional”, se lee en la investigación. 

En la misma línea, un artículo de la revista científica The Lancet, titulado ¿Puedes ser demasiado viejo? (Can you be too old?), toma las críticas a Biden como puntapié para concluir, a través de diversas indagaciones, que “la edad no es un buen indicador de la capacidad de una persona para desempeñar un cargo político”. “Aunque un mal desempeño en personas jóvenes podría percibirse como algo puntual, por ejemplo, debido a una preparación deficiente o a una mala noche de sueño”, en los adultos mayores se suele asumir que se debe su edad. 

La crítica a la vejez no solo está impregnada en la política, sino también en el ámbito laboral. Así lo dice Iacub: “Lamentablemente en nuestra cultura la vejez es asociada con la pérdida de poder. Suponen que una persona más grande está menos actualizada que una persona más joven y por lo tanto hay una preferencia por profesionales más jóvenes a pesar de tener menos experiencia. Es decir que la noción de experiencia, la acumulación de poder, de conocimiento, de saberes a lo largo del tiempo, deja de tener el poder que en otro momento tenía”.

“Aparece una idea de una jubilación generalizada y que creo nos faltan líderes más grandes, pero especialmente que tengan una autopercepción de persona mayor y que puedan luchar por los derechos de las personas mayores, porque todavía no hemos accedido a este nivel de construcción de representación política en personas mayores, salvo excepciones”, concluye el especialista.

Coincide la profesora Silvia Gascón, directora del centro de Envejecimiento Activo y Longevidad de la Universidad Isalud, y presidente de la Asociación Civil Red Mayor La Plata: “Debemos alertar que muy pocos de estos líderes mayores asumen para sí su identidad mayor. ‘Viejos son los otros’ sigue siendo un paradigma vigente. Por eso es importante no sólo contar con más líderes mayores, sino, además, que tengan conciencia y orgullo de su edad para que puedan asumir liderazgos activos que rompan estereotipos negativos y compasivos y que promuevan la conformación de redes que actúen como fuente de protección social frente al aislamiento y la discriminación por edad”.

En Argentina, como en muchos otros países del mundo, el envejecimiento poblacional va en crecimiento. En nuestro país, las personas mayores de 60 años representan más del 15% de la población, cifra que, se estima, superará el 20% para 2040.

De aquí dos opciones. La primera, cada vez más personas se sentirán identificadas con candidatos mayores a quienes votarán. O la segunda, sin asumir la identidad de la vejez, y viviendo y siendo aún jóvenes (cada vez más), elegirán a candidatos igualmente jóvenes.

“La edad es un atributo de las personas —continúa Gascón—, como tantos otros: ser alto, bajo, mujer, varón, rubio o moreno. Pero la sociedad tiene una visión negativa de la vejez. Se asocia a lo que no puede, lo que no tiene. Se concibe a la persona mayor como a alguien que ha perdido la juventud, que es un bien excesivamente preciado en las sociedades occidentales. Y cuando se define a alguien por lo que ‘le falta’, en ese mismo acto estamos discriminando, excluyendo”.

“Por lo tanto, la pregunta sería si las personas mayores pueden ser inspiradoras, creativas, disfrutar del éxito, ser proactivas, establecer buenos vínculos intergeneracionales; si pueden ser solidarios, convincentes, si tienen claridad en la visión y propósito en su vida. Si la respuesta es sí, es que reúnen las condiciones de todo buen líder y entonces no sólo es probable, sino también deseable, que muchas personas mayores tengan la oportunidad de ejercer liderazgos en distintos campos. Y de hecho así sucede en muchos campos como el arte, la política, el voluntariado o el mundo de las empresas, entre otros”.

Ambos profesionales coinciden en que la edad no es un factor influyente en la construcción del liderazgo. “Encontramos es una especie de denostación en la que la crítica por la edad aparece como una crítica continua. Lo vimos con Biden, donde este cuestionamiento aparecía permanentemente. En las distintas edades puede haber gente muy capaz o gente menos capaz, lo que hay que tratar es que la vejez o que la juventud no se convierta en una desventaja en sí misma”, sostiene Iacub.