El 11 de mayo de 1974 el padre Carlos Mugica, que en ese entonces tenía 43 años, celebró una misa en la parroquia San Francisco Solano, en el barrio de Villa Luro. Esa sería su última misa, ya que a la salida de ésta, imprevistamente, una ráfaga de disparos lo alcanzó hiriéndolo gravemente.
Rápidamente, fue trasladado al Hospital Salaberry, pero a pesar de los intentos de los médicos por salvar su vida, el sacerdote murió esa misma noche.
Como sobre Mugica se han dado a conocer escritos de toda índole (desde notas periodísticas hasta libros), muchos hechos relativos a su vida ya son bastante conocidos. Por ello, si bien debemos mencionar algunos de esos hechos, quisiéramos aquí poner el acento en el conflictivo escenario histórico en que desarrolló su tarea.
Comencemos por su vida. Nació el 7 de octubre de 1930 en el Palacio Ugarteche (conocido popularmente como Palacio de los Patos). Provenía de una familia de clase alta, católica y de tendencia conservadora. Realizó sus estudios primarios en una escuela de Barrio Norte y los secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Luego, comenzó la carrera en Derecho, pero no la continuó pues a los veintiún años, cuando cursaba el tercer año, entró al seminario para ser sacerdote.
Siendo seminarista, entró a trabajar en la parroquia de Santa Rosa y realizando labores en dicho lugar comenzó a descubrir un mundo poblado por pobres, un mundo distinto al que él estaba habituado. También por esa época, mediados de los años cincuenta, hizo un descubrimiento de tipo político. Recuerda en una entrevista que, cuando se derrocó al gobierno peronista, las iglesias en Barrio Norte echaban al vuelo las campanas y todos celebraban (incluso él). Sin embargo, en esa entrevista también cuenta que se encontró con otra realidad en la zona en que realizaba su actividad pastoral: “La gente humilde estaba de duelo por la caída de Perón”.
Más tarde, en 1959, se ordenó sacerdote, realizó durante un año trabajo pastoral en la diócesis de Reconquista y después regresó a Buenos Aires. En los años sesenta, cumplió diversas tareas, siendo asesor en la Juventud de la Acción Católica y en el Colegio Nacional de Buenos Aires.
En la ejecución de esas tareas, Mugica fue un referente espiritual de los jóvenes Gustavo Ramus, Fernando Abal Medina y Mario E. Firmenich, quienes serían luego miembros de la formación inicial de la organización Montoneros. Al respecto, cabe recordar que el 7 de septiembre de 1970, en un enfrentamiento con la policía, Ramus y Abal Medina fallecieron y que el sepelio de ambos contó con el responso del padre Mugica.
Carlos Mugica realizó su tarea como sacerdote en los años sesenta y primera parte de los setenta, uniendo una comprometida actividad como católico y una adhesión política al peronismo. Por ello, para contextualizar su labor, debe considerarse qué ocurría entonces tanto con el catolicismo como con el peronismo.
Empezando por el catolicismo, recordemos que en enero de 1959 el papa Juan XXIII, convocó a un Concilio, el Concilio Vaticano II, el cual se desarrolló entre 1962 y 1965. Este Concilio ejerció una poderosa influencia en la época en América Latina, cristalizándose en diversas corrientes renovadoras dentro de la Iglesia Católica, como la Teología de la Liberación y la Teología del Pueblo.
Dentro de ese espíritu renovador general, en el caso particular de nuestro país, se desarrolló el MSTM (Movimiento de Sacerdotes para el Terer Mundo), el cual se creó en 1967, cobró gran impulso en los años siguientes, declinó hacia 1973 y terminó por extinguirse con el golpe de Estado de 1976. Precisamente, Mugica se contó entre los adherentes iniciales al MSTM.
Además, en el mismo sentido, es conocida su labor en la villa 31 de Retiro, en la cual contribuyó a construir la capilla Cristo Obrero y desde donde mayormente ejerció su actividad pastoral. Recordemos que actualmente la villa 31 lleva el nombre de Barrio Padre Carlos Mugica y que el 7 de octubre, día de su nacimiento, se celebra en su honor el Día Nacional de la Identidad Villera.
Por otro lado, en cuanto al peronismo, hay que recordar que este había estado proscripto a partir del golpe de Estado de 1955. En los años sesenta, a diferencia de lo que había sucedido con la generación de sus padres, significativos sectores de la juventud de las clases medias adhirieron al peronismo. A la par, hubo un proceso de radicalización política, no descartándose el uso de la lucha armada para acceder al poder y originando así organizaciones guerrilleras. La principal de ellas fue Montoneros, de tendencia peronista, la que contó en cierto momento con el apoyo del propio Perón, en la búsqueda de debilitar a los gobiernos militares. Por cierto, con el levantamiento de la proscripción y el triunfo en las elecciones de 1973 del peronismo, el líder trató de ponerle claros límites a Montoneros.
Asimismo, dentro del movimiento peronista, se desarrollaron violentos enfrentamientos entre sus sectores de derecha y de izquierda. Un ejemplo de ello fue lo ocurrido menos de un año atrás de la muerte de Mugica, el 20 de junio de 1973, día del regreso definitivo al país de Perón, cuando se enfrentaron facciones opuestas, provocando numerosos muertos y heridos en la conocida “masacre de Ezeiza”. Además, estos conflictos entre sectores del peronismo se fueron agudizando desde fines de 1973 con el surgimiento de la organización parapolicial “Triple A” (Alianza Anticomunista Argentina).
Dentro de ese contexto en que sectores de la Iglesia Católica asumen un fuerte compromiso en favor de los pobres y el peronismo se ve envuelto en violentas luchas intestinas, es que se produce el asesinato del padre Mugica. Con anterioridad, si bien él se negaba a tomar las armas (decía que estaba dispuesto a morir en defensa de sus convicciones, pero no a matar por ellas), había apoyado el accionar de los grupos guerrilleros. Pero en 1974, con un gobierno peronista libremente elegido, había ido tomando distancia de Montoneros. Por ello, su asesinato dio lugar a numerosas especulaciones, pues se suponía que podría haber sido obra tanto de la Triple A como de Montoneros. Cabe aclarar que, con posterioridad, a partir de las declaraciones de un testigo que identificó al agresor como integrante de la Triple A, en 2012 la justicia argentina adjudicó su asesinato a esa organización.
Finalmente, no está de más reflexionar sobre el hecho de que en su momento pudiera parecer razonable que los autores del asesinato de Mugica hubieran sido tanto un grupo parapolicial de derecha como una organización guerrillera de izquierda. Ello nos da una idea del clima que se vivía en esa época, donde alguien como Mugica, con una visión pastoral independiente, parecería que estaba destinado a convertirse en mártir.
*Licenciado en Letras (UBA), doctor de Ciencias Sociales (UBA). IG @carloscampora100.