Racing y política

La pasión que la dictadura no pudo secuestrar

A Horacio Rodríguez Larreta y Benito Gorgonio de Miguel, unidos por sus pasiones en común: la política y el futbol. In memoriam.

Foto: cedoc

—Escribano, ¿qué es Racing para usted?

–Una pasión, querido.

–¿Aunque hace nueve años que no sale campeón?

–Una pasión es una pasión.

de El secreto de sus ojos (2009). 

Horacio Rodríguez Larreta (padre) y Benito Gorgonio de Miguel tuvieron dos grandes pasiones en común: la política y el futbol. Los dos fueron fanáticos de la Academia y destacados dirigentes del MID (Movimiento de Integración y Desarrollo). Ambos fueron secuestrados, detenidos y desaparecidos por la dictadura. Benito a fines de enero y Horacio a principios de abril de 1977. Ambos fueron liberados luego.

El secuestro de Horacio tuvo amplia difusión pública a partir de declaraciones de su hijo homónimo en 2021. Menor difusión tuvieron algunos acontecimientos inmediatamente anteriores que probablemente no tuvieron ninguna relación de causalidad con ese secuestro, pero tienen muchos puntos en común. Benito aparece como un eslabón que conecta esos hechos.

Benito Gorgonio de Miguel. Conocí a Benito en 1982. Benito era oriundo de Junín y fue mi primer jefe político en la Provincia de Buenos Aires. Él me presentó a Horacio y me contó una parte de esta historia, el resto la pude reconstruir a partir de relatos de otros compañeros del partido y de distintas publicaciones, en particular del video El día que la dictadura secuestró al gerente de Racing (Documental). 

Benito era miembro de una tradicional familia de Junín. Su abuelo homónimo era un prestigioso médico graduado con medalla de oro y diploma de honor. Llego a Junín en 1905. La muerte de un caudillo conservador de la zona le abrió un largo camino en la política que lo llevó a ser intendente de su ciudad en seis oportunidades, entre 1914 y 1933. Luego fue senador provincial, diputado nacional y candidato a vicepresidente de la Nación en 1954. 

“De Miguel es un apellido que en Junín está por todos lados, desde que te traen al mundo”, declaró un vecino en un diario local cuando falleció Benito, hace un par de años. En el documental referido, Benito contaba que “de chico, me sentía parte de la familia real de Junín y no podía entender cómo en otras casas no se hablaba de política”. 

Con ese pedigree, no resultaba extraña su temprana pasión por la política. Cuando vino a estudiar Ingeniería a la UBA en los 70 abrazó su otra pasión: la política. No tardó en sumarse al desarrollismo y en conocer al otro protagonista de esta historia, Horacio. Benito había quedado impresionado desde la primera vez que lo escuchó a Rogelio Julio Frigerio, abuelo del actual Gobernador de Entre Ríos. Al poco tiempo participaba en reuniones con Arturo Frondizi, Frigerio, Oscar Camilión, Eduardo S. Calamaro y otros próceres del panteón desarrollista. Allí conoció a Horacio, que ya era un “bronce” del partido y ya había sido delegado de Racing en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Benito se afilió al MID en 1972, y a principios de 1976 ya era Secretario General de comité bonaerense. 

Horacio. Horacio militaba en el desarrollismo desde la gestión presidencial de Arturo Frondizi, en 1958. Integraba la cancillería de Carlos Florit, junto Oscar Camilión y otros jóvenes sobresalientes. Cumplió siempre misiones de alta confidencialidad encargadas por la conducción política desarrollista. Por ejemplo, la coordinación de la controvertida visita del Che Guevara a Buenos Aires, en 1962. También habría tenido diálogos frecuentes con algunos líderes montoneros en los 70. Algunos compañeros refieren que esos diálogos los tenía a título personal, porque los conocía de su círculo social. Otros suponen que probablemente cumplía instrucciones de Frigerio, que intentaba persuadir a la guerrilla para que abandonen el militarismo y se integraran al proceso institucional iniciado en 1973. 

Fanático de la Academia de Avellaneda, fue electo presidente del Club en diciembre de 1976. El 3 de enero de 1977, asumió la presidencia y designó a Benito como gerente general de Racing.

Los secuestrados de Junín.  La madrugada del 24 de enero de 1977, una patota formada por militares del Comando de Artillería 101, policías y paramilitares secuestraron a once artistas integrantes de un prestigioso coro que pertenecían a la Coordinadora de Arte (COART) de Junín. La mayoría eran afiliados al MID. Al conocer la noticia Benito, casualmente en Junín por la internación de un hijo, recorrió la ciudad enfurecido por lo que había ocurrido. 

A la tarde, lo encerraron varios autos y lo sacaron del suyo a los empujones. Fue a parar a la comisaría. Los diarios, que reproducían la versión militar, publicaron que los prisioneros pertenecían a una peligrosa célula del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Todos los presos del MID fueron trasladados a una cárcel que todavía estaba en construcción. Después se supo que los militares y algunos informantes locales habían inventado esa versión porque necesitaban estrenar la nueva cárcel y “hacer estadística” a cualquier precio. Secuestraron a catorce vecinos inocentes. El que peor la pasó fue Ariel Nelson de Siervo 

Ariel Nelson de Siervo. En la madrugada del 24 de enero de 1977, se encontraba durmiendo con su señora y sus tres hijas chicas, cuando golpeó la puerta una patota de policías y militares que lo sacaron de la cama, lo tabicaron, ataron y lo llevaron arriba de un camión en el cual lo trasladaron a una comisaría. Después lo cargaron en otro camión hasta la nueva cárcel, con los demás detenidos. Fueron sometidos a interrogatorio bajo tortura y algunos simulacros de fusilamiento. A Ariel lo picanearon tanto en las encías, que perdió todos los dientes de a uno hasta quedar sin dentadura. Nunca le tomaron una declaración seria. Lo torturaron varias veces, hasta que una vez lo dieron por muerto. Le dieron tanto que tuvo dos paros cardio respiratorios y llamaron a un médico para que emitiera el certificado de fallecimiento. 

Ariel habría tenido un espasmo y el doctor constató que estaba grave pero vivo. El militar a cargo se negó a derivarlo al hospital y le dijo al médico que si De Siervo se le moría, los mataban a los 13 restantes. Cuando se recuperó, de milagro, trasladaron a los 14 a la comisaría. 

Ana María Astudillo, esposa de Ariel dijo que ante su desaparición fue a reclamar al Cuartel de Junín, donde la recibió el Mayor Vañek, quien le dijo que “todos estos son del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), que era una fachada de la izquierda y que todo lo que estuviese en la cultura y el arte era inmediatamente sospechoso”. Según sus estadísticas, cada 10 personas que detenían, 4 eran subversivos y los demás inocentes, pero que eso era una “guerra sucia” y que podían cometer errores.

Efectivamente, poco después otro militar le dijo a Ana Maria que todo eso había sido un tremendo error, que los detenidos iban a salir por tandas y le dio un permiso especial para ir a visitar a Ariel que por entonces había sido trasladado a San Nicolás con Benito y los demás presos.

El camarada Gordo. En los 80, Benito nos contó, en una reunión de la entonces juventud partidaria, un episodio surrealista luego documentado en el juicio que terminó con la condena a los secuestradores de los desaparecidos de Junín; un paso de comedia en medio de un drama. Cuando estaban secuestrados, en el Club Social de su pueblo se habían reunido ocho hombres de la alta sociedad local para votar si había que fusilar a los imaginarios “comandos del ERP”, o perdonarles la vida. Cuando les llegó el turno del juicio final para Benito, los ocho iluminados sufragaron. 

“La votación salió empatada cuatro a cuatro, y uno de los que se pronunció en favor de la ejecución fue el presidente de la Sociedad Rural”, declaró años más tarde un testigo en el juicio referido ante un Tribunal Federal de La Plata. Otro testigo declaró que uno de los ocho conocía a Benito y zanjó en su favor por una cuestión de peso: les dijo a los otros que “es imposible que De Miguel fuera un jefe del ERP, argumento, no solamente por una cuestión ideológica, sino también por su contextura física. De Miguel era un conocido dirigente del MID de familia conservadora. Además, era un hombre muy gordo, algo que resulta incongruente con el entrenamiento militar que debían tener los jefes guerrilleros”. Obviamente, a los cinco minutos de escucharlo y asimilar ese relato de la locura de la época, Benito se convirtió en “el camarada Gordo” para su equipo más cercano. 

Estuvo desaparecido cerca de un mes. Sufrió torturas físicas y psicológicas, como simulacros de fusilamiento en una torre de la recién estrenada cárcel. Fue el propio Frondizi quien le exigió a Suárez Mason, a los gritos y por teléfono, garantías por su vida. Logró que lo pasaran a disponibilidad del PEN. Años más tarde, un militar de apellido Melzner le confesó a Benito que los militares se habían equivocado con los 14 detenidos, pero no podían liberarlos inmediatamente “para no pasar un papelón”. Varios meses despues, los 14 secuestrados de Junín fueron puestos en libertad.

Racing, una pasión.  Recién electo presidente de Racing, Horacio convocó a Benito para que lo acompañara como su gerente general. Consultaron a la conducción del MID, pero con una decisión tomada que no pensaban revertir. “A Frigerio no le gustó nada que nos metiéramos en Racing. Consideraba que ir al mundo del fútbol era una distracción de la actividad política”. 

El club era un desastre administrativamente y estaba prácticamente quebrado. Para revertir la cosa, contrataron al Coco Basile como DT y compraron a Ricardo Julio Villa, un futuro campeón mundial que ya se destacaba en Atlético Tucumán. Un familiar de Horacio le contó a la periodista racinguista Micaela Polak que el General Bussi, amo y señor de Tucumán en la época, llamó a Horacio para recriminarle duramente por ese pase y decirle que no lo iba a permitir. Los detalles de esa conversación, con amenazas pesadas, solo los conocen los protagonistas. El pase igual se concretó y Villa se puso la albiceleste por primera vez el 20 de febrero de 1977, en Avellaneda. Hizo el gol de la victoria ese día. 

Benito no lo pudo ver porque llevaba casi un mes en la cárcel. Asilado en su celda, tampoco se enteró del fusilamiento de seis hinchas de Racing contra una de las paredes del Cilindro, en un hecho que permaneció oculto mucho tiempo hasta que el periodista Alejandro Wall se encontró con esa historia cuando estaba entrevistando hinchas de la Academia para su libro Corbatta: El wing. 

La reseña de ese libro describe bastante bien al personaje: “Bastaron una secuencia fotográfica más el relato de los hinchas, los periodistas y los jugadores testigos de la obra para que ese gol entrara en la historia del fútbol argentino. Corbatta fue tal vez nuestro Garrincha. Wing derecho, analfabeto y alcohólico. Ídolo en Racing, club en el que se hizo conocido y ganó dos títulos”.

Micaela Polak profundizó en la investigación. En su pesquisa, la periodista logró recuperar el informe policial de la bonaerense. Que había inventado, cuando no, un enfrentamiento fraguado con un inverosímil resultado: seis “terroristas” muertos, cero víctimas del otro lado. Según esa investigación, el parte policial adjudicaba a las víctimas su pertenencia a Montoneros, sin ningún fundamento. Sus identidades eran desconocidas, cuatro NN varones y 2 NN mujeres, según lo consignado en los certificados de defunción firmados por el médico policial. 

Los amigos de Horacio. A Horacio lo secuestraron el primero de abril de 1977. No fue el único, esa misma noche secuestraron a dos de sus amigos, el ex canciller peronista Hipólito Jesús “Tuco” Paz y el periodista Mariano Montemayor. En esos días también había sido secuestrado el periodista Jacobo Timerman. Según la biografía del ex director de La Opinion, de la periodista Graciela Mochkofsky, a Larreta padre también lo uniría una larga amistad con Timerman, que databa de los tiempos del gobierno de Frondizi. Dice Mochkofsly: “Tan es así, que Rodríguez Larreta le había prestado unas oficinas a Timerman para empezar el proyecto de aquél diario emblemático de los 60 y 70”. También refiere que Horacio, “invitado por Timerman, había sido testigo del encuentro privado que mantuvieron en Punta del Este el Che Guevara con el diplomático norteamericano Richard Goodwin, en 1961”. Esa relación con Timerman, según Mochkofsky, habría sido crucial en la detención de Horacio. Según su libro, los secuestradores habrían llegado a su casa luego de secuestrar a Mariano Montemayor, un periodista político cercano al ex director de La Opinion. 

Otros documentos ofrecen una versión similar. En el informe de la CONADEP Gustavo Caraballo, otro empresario vinculado al primer frondizismo, sitúa su propio secuestro y el de Rodríguez Larreta padre como parte de la misma redada: “El 1° de abril de 1977 fui secuestrado de mi domicilio en horas de la noche por personas armadas, vestidas de civil. Me introdujeron en un Falcon; buscaban a otras dos personas más, Mariano Montemayor, periodista, y Horacio Rodríguez Larreta, empresario”. 

Racing-River, sin el Presidente.

Horacio Rodríguez Larreta hijo declaró públicamente: “Fue chupado por los militares, se lo llevaron los famosos Falcon verdes. Yo era chiquito y me quedé dormido a la noche. Mi padre tuvo mucha suerte: él era presidente de Racing. No fue a la cancha un domingo que jugábamos contra River, el tema tomó estado público y ya no se podía ocultar”. Efectivamente, dos días después de su secuestro Racing perdió con River 3 a 2 en Avellaneda. Por Racing convirtieron Julio Ricardo Villa y Trama. Pedro González, Juan José López y Leopoldo Luque hicieron los goles millonarios. En el palco presidencial no estaba Rodríguez Larreta: estaba detenido en el Pozo de Banfield. El secuestro se hizo público enseguida y lo liberaron en una semana. 

No se puede cambiar de pasión. Benito de Miguel renunció a su cargo de gerente de Racing durante su cautiverio, a través de su hermano. Horacio Rodríguez Larreta renunció a la presidencia del club antes del Mundial de 1978. Los dos siguieron siendo fanáticos de Racing y militando las ideas del desarrollismo hasta el final de sus días. La frase mas recordada de la citada película de Campanella se cumplía como la ley de gravedad: “¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios, pero hay una cosa que no se puede cambiar: ¡no puede cambiar de pasión!”.

*Diputado Nacional (PBA). MID. Hincha de Boca