Entrevista a María José Cáceres, de MSF

Más que una profesión: ser enfermera en zonas en crisis

María José Cáceres es una enfermera argentina especializada en neonatología y emergencias. Cuenta con 15 años de experiencia en Médicos Sin Fronteras en misiones humanitarias en contextos de conflicto y crisis sanitarias en Haití, Sudan y Mozambique, entre otros destinos.

Foto: cedoc

En mayo el mundo celebró el Día Internacional de la Enfermería, una fecha que, según el Consejo Internacional de Enfermeras, busca que recordemos que “nuestras enfermeras” son clave para “nuestro futuro”. Si pudimos notarlo durante la pandemia de COVID-19, cuando su labor fue reconocida como pilar fundamental en la lucha contra el virus, hoy PERFIL quiere, al entrevistar María José Cáceres, dar la luz a otra faceta igual de esencial, pero menos visible: la de quienes llevan su vocación más allá de las fronteras a los rincones más hostiles del planeta.

María José Cáceres encarna el perfil de una profesional que va mucho más allá de lo técnico: domina idiomas, conoce a fondo la salud pública, la epidemiología y, sobre todo: está preparada para actuar en entornos de alta violencia, desde brotes de cólera o ébola hasta la atención de heridos en zonas de guerra. 

Actualmente, como coordinadora médica de misión en México, construye circuitos de atención holística para migrantes y comunidades afectadas por la violencia de los carteles, colaborando incluso con el Estado para integrar su labor al sistema de salud local. 

Su testimonio es un recordatorio de que la enfermería es una profesión de sentido profundo, y que, por lo tanto, aún faltan manos dispuestas a asumir sus desafíos.

—¿Qué significa para vos ser una enfermera empoderada hoy? ¿Y en el caso concreto de enfermera en zonas de conflicto?

—Creo que cuando uno se capacita y estudia ve que realmente el empoderamiento es a través del conocimiento, esa fuerza que da el saber y que puede traer cambio. Porque es una profesión marcada por mujeres. Es un rol que durante miles de años se dio a las mujeres y que sigue siendo así hoy. Creo que la lucha es mucho más que una profesión, es un empoderamiento de la mujer que habla de lo que la mujer puede venir a dar al mundo. 

Siempre me acuerdo de cuando estaba en un hospital en Buenos Aires y un médico que dijo así: “Si tú me haces elegir entre una buena enfermera y un mal médico o lo opuesto, yo siempre voy a elegir la buena enfermera y el mal médico, porque la enfermera es la que está en el día a día ahí y la que se va a dar cuenta de lo que está pasando con la persona”. Ese día a día, ese trabajo de fondo invisible, es lo más importante.

—¿De dónde viene tu vocación para ir en zonas de conflictos?

—Siempre me llamo mucho a la atención los lugares de más conflicto y, sobre todo, creo que la gran pobreza en África; desde pequeña escuchar todos esos problemas de malnutrición, por qué morían las personas de causas que no existen acá, esa injusticia social y geográfica siempre me llamó la atención. Y en la parte salud, fue conocer a la organización Médicos Sin Fronteras. Cuando la descubrí me dije: esto es lo mío. 

Pero, hay que saber vivir con poco. Lo que te retribuye es otra cosa, es estar ayudando a poblaciones olvidadas. Humanamente es algo que te llena mucho. Por ejemplo, próxima misión voy para Congo, para ir a trabajar en las zonas más complejas que tienen fronteras con otros países en conflictos donde nadie quiere ir. Y claro con todos los cambios a nivel global político hace que los fondos no estén llegando a Congo, así que hay mucha más presión para las organizaciones que intentan llegar con estos recursos.

—El tema de este año subraya la necesidad de entornos de trabajo seguros y justos. ¿Qué mejoras crees que son urgentes para proteger a las enfermeras y a los enfermeros particularmente en zonas de conflicto o desastres?

—En cuanto a la protección de los enfermeros que están en la primera línea, necesitamos también mucho auto-cuidado. La mayoría de las personas que elegimos esta profesión es porque amamos de alguna manera dedicarnos a otras personas, pero muchas veces olvidamos el cuidarnos nosotros. 

Por un lado, es una profesión que te da mucho. Por otro lado, das tanto que a veces hace que muchos enfermeros se agoten. Sobre todo, se veía mucho en el Covid-19. Ese desgaste no solo viene de muchas horas de trabajo, sino que también tiene que ver con todo lo que uno ve día a día. No es que uno sale de la facultad y ya está listo para dedicarse a eso.

—El 12 de mayo fue el Día Internacional de la Enfermería, ¿qué representa para vos?

—Ese día quiere demostrar la importancia que tiene la enfermería a nivel mundial. Intenta sensibilizarnos sobre la deficiencia de enfermeros y enfermeras en muchas partes del mundo, la falta de reconocimiento que sufre la profesión, y también creo que habla de la profesionalización. De hecho, requiere muchas horas de estudio. Trabajar en la salud es muy complejo, porque es un área que avanza muy rápido y no paramos de formarnos día a día. También consiste en darse cuenta que vivimos con personas entre la vida y la muerte y que uno tiene que prepararse a nivel profesional, pero también personal. Para mí es todo eso: la representación del rol que cumplimos.

—Según un estudio de la OMS realizado en 2023, faltan 13 millones de enfermeras y enfermeros en el mundo, ¿por qué cree que no logramos hacer que la enfermería sea una vocación del futuro?

—Primeramente, tiene que ver con el desequilibrio entre los sueldos y todos los años de dedicación que uno le pone a esta profesión. Eso también pasa con otras profesiones como los médicos o cualquier profesión de salud o de educación, no solo pasa con la enfermería. Entonces, frente a esa falta, organizaciones internacionales aparecen para intentar cubrirla como Médicos Sin Fronteras. Pero son tan grandes las necesidades de salud que no pueden cubrirlo todo.

—El Covid-19 sensibilizó y mostró a la sociedad el papel clave que desempeñan las enfermeras en nuestra sociedad. ¿Esto logró desencadenar en acciones concretas para justamente mejorar las condiciones de las enfermeras y de los enfermeros?

—Dentro de mi trabajo sí se puso mucho más esfuerzo en cómo poder acelerar la capacitación de las personas. A veces es la formación lo que falta y la preparación de las personas. Entonces se trabajó mucho para que los enfermeros que están en terreno puedan tener todos los medios para trabajar. Pero, obviamente, no pasa en todo el mundo. Realmente se podría hacer mucho más. Todavía no creo que haya un cambio muy grande en el mundo. Yo creo que todavía falta mucho para lograr un poco de reconocimiento.

—¿Qué le dirías a una persona que quizá quiere trabajar de enfermera pero que duda?

—Que esta profesión da muchísimo; poder ayudar a la gente y también entender al mundo: salir de tu país, comprender la humanidad mucho más allá de tu cultura, de tu comunidad, y creo que te llena, no solamente a nivel profesional, sino también a nivel humano el poder comprender qué está pasando del otro lado. Y yo pienso que cuando te metes en eso, el motor de que quieres cambiar las cosas, de que hay posibilidad de cambio, te va llenando. Lo bonito de trabajar en esto es que no vas a cumplir un horario, sino dedicarte a esto y sentirte feliz de poder ayudar.

Por ejemplo, me toco ir a Haití después del terremoto. Lamentablemente, el sistema de salud colapsó y se empezaron a producir muchos brotes de cólera. Personas que jamás habían tenido cólera, que no sabían lo que era. Entonces mi trabajo fue organizar un circuito de atención para salvar vidas: detectar los casos más graves, hospitalizarlos rápidamente para tratarlos. Recuerdo uno que me agarro la mano diciéndome “tengo miedo de morir” y tener que calmarlo, ayudarlo, cuidarlo, mostrarle que estábamos allí con él, y luego ver esa recuperación a los días y que la gente te lo agradezca. “Gracias por haber estado acá”, me dijeron. En esos momentos sabes que elegiste la mejor profesión.

Recuerdo también Sudan del Sur: tuvimos que llegar con helicópteros a una zona de desplazados en Río Nilo, donde la gente se tuvo que salvaguardar allí y no había hospital. Recuerdo un embarazo de alto riesgo, hubo una complicación y la mujer estaba por morir. Tuve que encontrar un traslado rápido, contener a su marido y cruzar un río en zona de mucho conflicto con actores armados. Recuerdo que algunos días después un hombre me abrazo en el pasillo del hospital sin que yo entienda lo que estaba pasando. Y el decir “salvaste a mi mujer”. Es algo que te llena la vida.