Juan Pablo Gómez: “Hay muy pocas curadurías con estos temas”
El autor y director habla sobre su obra Los bienes visibles, sobre la vejez mientras reflexiona sobre los límites del arte y sus posibilidades.
La última creación de Juan Pablo Gómez Los bienes visibles se puede ver los jueves a las 21.30 en Dumont 4040 (Santos Dumont 4040). El elenco está integrado por Enrique Amido, Patricio Aramburu, Anabella Bacigalupo, Andres Granier, Guadalupe Otheguy, Agustina Reinaudo y Carolina Saade.
Se lo puede definir como dramaturgo y director, aunque suma también la gestión cultural. Muchas de sus creaciones tuvieron importante recorrido por festivales, así fue el caso de Un hueco (2009), más tarde llegó Prueba y error (2015) y más cercano en el tiempo es su dirección de la obra de Susana Torres Molina: Un domingo en familia, para el Cervantes (2019). Ahora volvió con su dualidad de autor y director.
Dirá: “Para mí es un misterio cómo se produce teatro acá. Igual a veces se produce con las peores condiciones de producción. Nosotros estuvimos cuatro años ensayando Los bienes visibles y nos agarró la pandemia.
—¿Cuál fue el germen de “Los bienes visibles”, subtitulado “un drama sonoro sobre envejecer”?
—Tiene varios orígenes, por un lado tiene cierta relación con Un domingo en familia, porque aquí también continúo con la investigación sobre lo sonoro. Me interesa mucho el tema y seguramente seguiré haciendo obras con esta preminencia del sonido, como si fueran una suerte de dramas melódicos. Quise que tuviera mucha presencia lo vocal y que lo musical fuera atracción a sangre. No hay grabaciones, ni producción en la computadora, busqué que fuera algo vivo. También es una especie de continuidad de Prueba y error, ese espectáculo lo hicimos con la compañía “Un hueco”. Son los mismos personajes, los hermanos, que tienen los mismos nombres y además son los mismos actores, Es como si fuera una especie de saga de la misma familia. Sería casi una trilogía.
—¿Qué es lo importante?
—Para mí es muy importante el dispositivo material que organiza la obra y la mirada. Siempre el público tiene un lugar importante, dónde se ubica, cómo se sienta y si está muy apretado. En este caso la luz que circula está baja porque es muy importante lo sonoro. Son espectáculos que trabajan sobre cómo coproducir una obra realista hoy. Tengo cincuenta años con padres muy mayores por lo cual hay mucho material que son observaciones personales, en relación al crecimiento o a las pesadillas, que uno puede tener. En ese sentido es una especie de fantasía o de fantasmagoría alrededor de la vejez.
—Trabajaste en varios festivales internacionales…
—Sí, con Lola Arias me ocupé de organizar los reemplazos de Campo minado. Estuvimos en Israel, donde nos convocaron para pensar la guerra. También viajé con Mariano Pensotti y Marina Otero, con quien hice la codirección de Recordar 30 años para vivir 65 minutos. Son creadores que participan de festivales. Estuve hasta en Singapur y Sarajevo. Ahora estoy más afincado aquí.
—Tanto en el teatro comercial como en el independiente predominan espectáculos sobre las familias. ¿Cuál sería la causa?
—Creo que sucede desde hace bastante tiempo. Me parece que en estos últimos veinte años, es la manera de entender al teatro urbano o burgués. Esa producción tan profusa que tenemos es muy huérfana de guías. Es independiente, no hay en los teatros públicos una tarea real de promoción del campo escénico. Hay muy pocas curadurías con temas, ni convocatorias. Uno podría hacer convocatorias anuales con ciertos temas. Estimular las producciones y ver que los artistas hablan de eso. Todo este tejido está bastante roto, por eso los artistas hacen lo que tienen.
“El teatro es un fenómeno dialógico”
A.S.
Desde hace nueve años Juan Pablo Gómez es coordinador pedagógico y mediador en el teatro Nacional Cervantes. Recuerda: “Entré con Ana Durán y Sonia Jaroslavsky, ellas fueron las pioneras, con el programa de Formación de Espectadores en Ciudad, luego lo presentaron para el Cervantes. Hoy esta aérea está muy consolidada y fuimos ganando nuestro lugar”.
“No sólo buscamos convocar a los jóvenes – continúa Gómez- también a la tercera edad, más precisamente con ANSES. Nuestra misión es acercar público al teatro. Con espectáculos como la Revista del Cervantes no se nota porque ya de por sí funciona muy bien. Creo que el teatro es un fenómeno dialógico. Buscamos charlar y reflexionar sobre los espectáculos. Igual el Cervantes tiene como gran ventaja sus entradas muy accesibles, aunque tenemos directamente cupos gratuitos. En Buenos Aires el teatro es un consumo cultural muy consolidado. Siempre pregunto si es la primera vez que pisan una sala y te encontrás con dos o tres personas que nunca antes habían estado y no pasa por la edad. Ser espectador es una experiencia de consolidación democrática”.
Luego de cuatro años de gestación Los bienes visibles permite ver que como dirá Gómez: “La vejez está contada desde otro lugar, no sobre la historia, sino sobre sensaciones. Es un experimento, pero siempre tuve la idea del círculo y de que los espectadores se vieran la cara. Privilegiando la idea de reunión, que está obviamente en el corazón de lo teatral y no solamente la idea de expectación”.
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