Mora Godoy

Mora Godoy: “Ya hackeé el paso del tiempo”

La bailarina presenta un show de alto despliegue físico y visual mientras cuestiona el abandono cultural del tango y las autoridades de la cultura.

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

La popularidad y la trayectoria de Mora Godoy como bailarina de tango son indiscutibles. En sus diversas etapas y colaboraciones, ha recogido buenas y malas experiencias; frente a muchas personas y situaciones que califica de “violentas”, se declara enojada: “Hay gran mediocridad en personas que ocupan lugares importantes como ministerios y gerencias”. Mientras tanto, su trayectoria continúa, incluso como gestora de sus propios productos: shows, clases y, a la brevedad, sacará “productos Mora Godoy tango, productos con mi marca”. Parte de ese impulso siempre hacia adelante está en su nuevo espectáculo. Mora Godoy y la máquina tanguera se presenta este domingo 24 de mayo a las 19, en el Teatro Santa María (Montevideo 842), que reabre bajo la conducción de Héctor Caballero.

—¿Qué ofrece esta nueva propuesta?

—Es muy fuerte a nivel baile: despliegue de velocidad, destreza, vértigo, trucos. No paramos. Cuando no estoy en el escenario, estoy cambiándome. El espectáculo está armado para cinco parejas (10 bailarines) y tiene pantallas multimedia, algo que estrené en Mar del Plata este verano, y que está hecho con inteligencia artificial. La parte de tango electrónico es con pista, pero la parte de tango tradicional es con orquesta: Ensamble de Tangos Aeropuertos Argentina. 

—¿En qué consiste la incorporación de la IA?

—Por ejemplo, con “Adiós Nonino”, se cuenta la muerte de mi papá, a quien todavía estoy duelando, y le hago un homenaje. Se recrean, en video, fotos mías con mi papá, cuando yo era chiquita. Se recrean su bicicleta, porque fue ciclista, y su taxi, porque, aunque era contador y economista, en los últimos años fue taxista.

—¿Cómo te sentís bailando en esta etapa de la vida?

—Por una parte, el estado menopáusico es tremendo. Me prendo fuego. Es casi una tragedia. Antes podía comer de todo y no engordaba. Ahora una lechuga me cambia el cuerpo. Tengo dos kilos más, lo que para mí es un cambio. Por otra parte, me dicen Benjamin Button, el de la película, porque dicen que voy para atrás; también me dicen que soy como el vino. Me entran los mismos trajes de hace 30 años. Soy medio obsesiva por estar impecable, más que nada porque quiero seguir bailando. No solo por una cuestión estética o tal vez sí. Entreno mucho, voy al gimnasio. Soy un poco esteta.

—¿Hasta cuándo querés seguir bailando?

—No me imagino no bailar. Para mí es una no opción. Esa pregunta, por cuestión lógica, hace 20 años no me la hacían, pero responder sobre dejar de bailar me irrita un poco. También le preguntan eso a Marianela Núñez, que está para bailar 15 años más. El bailarín siempre luchó contra el tiempo. Pero yo ya lo hackeé al tiempo, porque yo del ballet me pasé al tango. Los chicos que están en la compañía tienen 20 años y yo voy a la misma velocidad y hago los mismos trucos riesgosos que ellos. Sí creo que este nivel de destreza no lo voy a tener mucho tiempo más. Por eso les digo: “¡Vénganme a ver ahora!”.

—Estás ofreciendo unas becas de formación. ¿En qué consiste el proyecto?

—Son becas de capacitación gratuita para chicos vulnerables a quienes formo profesionalmente en tango por ocho semanas y luego suben a bailar a mi compañía. Es una sinergia con Fundación Banco Provincia. Las realidades, hay que transformarlas con oportunidades. Tengo mirada social. A mí me gusta la política cultural. Siempre trato de hacer hasta cuando no hay. Si no lo hacen los ministerios, ¿por qué no lo hago yo? Nunca me quedo esperando a que el pelotudo de turno que está sentado en el sillón piense. 

 

Críticas al poder y defensa del tango actual

A.M.

Dice Mora Godoy: “Estoy mirando para atrás mi carrera. Ha sido muy duro como mujer y como artista haber logrado lo que logré. En este país, se cierran muchas puertas a una mujer inteligente, que hace, que se destaca. Por machismo y por envidia de gente en puestos de poder. Un 80% me cerraron la puerta en la cara, pero ante el fracaso me volví a parar. Por eso, existieron obras que cambiaron la historia del tango como Tanguera y Chantecler. Sin embargo, veo todos los días mucha injusticia. La cultura en este momento está muy castigada. Está todo el país castigado. No podés no tener una empatía frente a la tragedia social que está viviendo la Argentina en este momento”.

—¿Sobre qué áreas de la gestión cultural se centran tus críticas?

—No solamente la Secretaría [de la Nación], sino también el Ministerio de Cultura de la Ciudad, cuya ministra decidió cancelarme, directamente. No tienen derecho a castigar a alguien; creo hay personas que tendrían que ser despedidas de los cargos cuando se ensañan con alguien innecesariamente. Hay mucha violencia. Por ejemplo, en Tango Porteño, en pandemia los violentos de los dueños nos sacaron. Agradezco tener la personalidad que tengo, para plantarme y decir: no me vas a doblegar, humillar. [Pero] tener dignidad cuando tenés hambre muy difícil. Hay cosas que no dejan de doler: me pisaron. Pero llegué igual y mira dónde estás vos: sos el mismo mediocre de siempre. El tango es la marca de identidad argentina y no lo terminamos de entender ni a nivel estatal ni nada”.