Rita Payés

Rita Payés:“Lo íntimo es un lugar honesto para componer”

La cantautora catalana llega a Buenos Aires para presentar De Camino al Camino, su disco más personal, donde la canción y lo cotidiano se vuelven protagonistas.

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

Rita Payés llega a Buenos Aires en un momento de expansión artística y emocional. La trombonista y cantautora catalana presentó De Camino al Camino, su tercer álbum, en La Trastienda los días 23 y 24 de abril, como parte de una gira latinoamericana que confirma el alcance de una obra cada vez más personal. El disco, integrado exclusivamente por composiciones propias, funciona como una especie de autorretrato: una colección de canciones que nacen de lo íntimo, lo cotidiano y lo afectivo, y que encuentran en la sencillez una forma de profundidad.

— “De Camino al Camino” es tu primer disco compuesto íntegramente por canciones propias. ¿En qué momento sentiste que ese camino personal estaba listo para convertirse en un álbum?

—La verdad es que no fue muy premeditado… simplemente reuní esas canciones que había hecho durante los años anteriores y, de golpe, para mí tuvo sentido darles forma de disco. Probablemente por sentir esa fotografía del momento, por honrar las inspiraciones de una época y darles un lugar con el cariño que se merecen.

—En el disco aparece con fuerza la idea de lo cotidiano como territorio de belleza. ¿Cómo trabajás esas experiencias íntimas para transformarlas en canciones?

—No tengo un proceso muy fijo. Me gusta explorar, tirar de hilos muy finos. A veces una palabra, dos acordes o tres notas mal puestas ya me sirven como punto de partida. Supongo que me interesa fijarme en lo pequeño, en lo frágil, porque siento que ahí hay mucha verdad. Es un lugar desde donde puedo ser sincera conmigo misma.

—La impronta familiar atraviesa el álbum. ¿Qué cambia cuando compartís el proyecto con tu madre y tu hermano?

—Ellos han sido una gran inspiración durante toda mi vida. Compartir con ellos es algo muy natural. Hay admiración y respeto, tanto por las personas como por la música, y eso es muy valioso. Supongo que con el tiempo voy a ser más consciente de lo especial que es, pero por ahora intento vivirlo así, con naturalidad.

—Venís de una formación muy ligada al jazz, pero acá la canción ocupa el centro. ¿Cómo convivieron esas dos tradiciones?

—Siempre me costó encasillar mi música en un estilo. El jazz es lo que más escuché y estudié, y sigue estando presente en las armonías o en los espacios de improvisación. Pero también hay un amor muy grande por la canción, por las letras y las melodías, que fue creciendo con el tiempo y que hoy siento que es inseparable de lo que hago.

—Para los shows en Buenos Aires elegiste un quinteto con músicos con los que venís trabajando hace años. ¿Qué buscás que pase en vivo?

—El elenco que me acompaña es increíble. Son mis músicos favoritos y venir con ellos a Buenos Aires me hace mucha ilusión. Es una formación con la que hemos girado muchísimo, más de ochenta conciertos, y eso se siente. Hay una conexión muy fuerte. Es imposible no disfrutar en el escenario, y ojalá el público también lo haga.

—Tenés un vínculo cada vez más fuerte con Latinoamérica, incluso antes de haber tocado en Argentina. ¿Qué te genera esa conexión?

—Me emociona mucho porque ni siquiera he estado en Argentina todavía. Me hace muy feliz que la gente se identifique con lo que hago. Hay muchísima música argentina que me ha acompañado durante años, así que probablemente algo de eso también esté en mi música. Tengo muchas ganas de vivirlo de cerca. Con un sonido que fluye entre el jazz, la canción y la sensibilidad mediterránea, Payés llega por primera vez al país con una propuesta que, lejos de buscar impacto inmediato, apuesta por la cercanía y la honestidad. De Camino al Camino no es solo un disco: es un gesto de confianza en lo pequeño, en lo compartido y en aquello que, sin estridencias, logra perdurar.

 

Una voz propia entre el jazz y la intimidad

J.Z.

Con apenas veintitantos años, Rita Payés construyó una identidad musical que escapa a cualquier etiqueta cerrada. Formada en el universo del jazz –donde el trombón fue su primera voz–, su recorrido pronto se amplió hacia una sensibilidad más ligada a la canción, la palabra y lo íntimo. En ese tránsito, fue armando un lenguaje propio que combina tradición y cercanía, técnica y emoción.

Su crecimiento fue tan orgánico como sostenido: de las big bands y colaboraciones tempranas a proyectos cada vez más personales, donde la composición empezó a ocupar un lugar central. 

En ese camino, compartió música con artistas como Silvia Pérez Cruz y consolidó un vínculo artístico profundo con su familia, especialmente con su madre, la guitarrista Elisabeth Roma, y su hermano Eudald Payés, piezas clave en su universo creativo.

Uno de los hitos recientes de esa proyección internacional fue su participación en el ciclo Tiny Desk, donde su propuesta encontró una nueva escala sin perder intimidad. Allí, frente a un formato despojado, su voz, su trombón y su manera de habitar las canciones terminaron de confirmar algo que ya venía gestándose: Rita Payés no solo interpreta música, sino que construye un espacio emocional donde lo mínimo adquiere una dimensión inesperada.