Perú define su futuro: quiénes son Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, los candidatos que se enfrentan en el balotaje
La líder de Fuerza Popular y el referente de Juntos por el Perú competirán el próximo 7 de junio en una segunda vuelta que vuelve a enfrentar a la derecha y la izquierda. Dos trayectorias opuestas, dos modelos de país y una elección que podría marcar el rumbo político peruano para los próximos años.
El próximo 7 de junio, Perú elegirá a su próximo presidente en una segunda vuelta que reedita una de las principales disputas políticas de los últimos años en América Latina: derecha contra izquierda. La candidata conservadora Keiko Fujimori, referente del fujimorismo, y el dirigente de izquierda Roberto Sánchez, identificado con el legado del expresidente Pedro Castillo, buscarán quedarse con la presidencia en una elección atravesada por la polarización, la crisis institucional y el reclamo ciudadano por mayor seguridad y estabilidad.
Tras una primera vuelta altamente fragmentada, Fujimori obtuvo el primer lugar con poco más del 17% de los votos, mientras que Sánchez logró ingresar al balotaje por una diferencia mínima frente al exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga. Ahora ambos intentarán conquistar a un electorado que llega cansado de la inestabilidad política que caracterizó a Perú durante la última década.
Keiko Fujimori, la heredera del fujimorismo que busca la presidencia por cuarta vez
A sus 50 años, Keiko Fujimori vuelve a estar a un paso de cumplir el objetivo político que persigue desde hace más de una década. La hija del expresidente Alberto Fujimori disputará su cuarta segunda vuelta presidencial tras haber sido derrotada en 2011, 2016 y 2021.
Nacida en Lima en 1975, estudió Administración de Empresas en Estados Unidos y obtuvo una maestría en Columbia University. Su irrupción en la política ocurrió en los años noventa, cuando asumió el rol de primera dama tras la separación de sus padres. Más tarde fue congresista y construyó una estructura partidaria propia que convirtió a Fuerza Popular en una de las fuerzas más influyentes del país.
Su figura continúa estrechamente vinculada al legado de su padre, una referencia que genera adhesiones y rechazos en partes casi iguales de la sociedad peruana. Mientras sus seguidores destacan los logros económicos y las políticas de seguridad implementadas durante la década de 1990, sus detractores recuerdan las violaciones a los derechos humanos y los casos de corrupción que marcaron aquel período.
La actual campaña gira alrededor de una palabra: orden. Fujimori promete una estrategia de "mano dura" contra la inseguridad, el fortalecimiento de las fuerzas de seguridad, la construcción de nuevos establecimientos penitenciarios y una mayor utilización de tecnología para combatir el delito.
En materia económica plantea atraer inversiones privadas, simplificar trámites para las empresas y mantener la disciplina fiscal. También promete reducir la pobreza y mejorar los servicios de salud, educación y saneamiento.
La dirigente llega a esta elección luego de años marcados por investigaciones judiciales vinculadas al financiamiento de campañas políticas. Aunque los procesos más importantes fueron archivados o anulados por la Justicia, el tema sigue siendo uno de los principales puntos cuestionados por sus adversarios.
Roberto Sánchez, el dirigente de izquierda que busca recoger la herencia política de Pedro Castillo
Del otro lado aparece Roberto Sánchez, psicólogo de 57 años, congresista y exministro de Comercio Exterior y Turismo durante la gestión de Pedro Castillo.
Nacido en Huaral, una ciudad ubicada al norte de Lima, construyó su carrera política desde espacios de gestión local y organismos estatales. Sin embargo, su salto a la primera línea nacional llegó durante el gobierno de Castillo, de quien hoy se presenta como heredero político.
Durante la campaña buscó identificarse con los sectores rurales y populares que respaldaron al expresidente destituido en 2022. Incluso adoptó como símbolo electoral el tradicional sombrero chotano, una imagen que remite directamente a Castillo y al electorado campesino del interior peruano.
Su discurso se centra en la necesidad de una "refundación" del país. Entre sus principales propuestas figura la convocatoria a una Asamblea Constituyente para reemplazar la actual Constitución, una medida que divide profundamente a la sociedad peruana.
Además, impulsa una agenda de fuerte contenido social que incluye mayor inversión educativa, acceso gratuito a universidades, presencia de psicólogos en todas las escuelas, ampliación de derechos para comunidades indígenas y un rol más activo del Estado en la economía.
Sánchez también prometió impulsar medidas para liberar a Castillo, a quien considera víctima de una persecución política.
Al igual que Fujimori, enfrenta cuestionamientos judiciales. La fiscalía peruana impulsa una causa en la que se lo acusa de presuntas irregularidades relacionadas con aportes partidarios, aunque el dirigente rechaza las denuncias y sostiene que forman parte de una campaña para desacreditarlo.
Dos modelos enfrentados
Más allá de los nombres, la elección representa la confrontación entre dos proyectos políticos claramente diferenciados.
Fujimori propone un modelo orientado hacia el fortalecimiento del orden público, la seguridad y la promoción de inversiones privadas. Sánchez, en cambio, plantea una mayor intervención estatal, reformas institucionales profundas y una agenda centrada en la redistribución y la inclusión social.
Perú vota en medio de la desconfianza: el clima social marca la previa de una elección fragmentada
La disputa también refleja dos herencias políticas que siguen marcando la vida peruana: el fujimorismo y el castillismo.
Con un Congreso fragmentado y una ciudadanía golpeada por años de crisis políticas, el próximo presidente enfrentará el desafío de reconstruir gobernabilidad en un país que tendrá, el 28 de julio, a su noveno mandatario en apenas una década.
El resultado del balotaje no solo definirá quién ocupará el Palacio de Gobierno, sino también qué rumbo tomará Perú en un contexto regional donde la disputa entre proyectos de derecha e izquierda vuelve a ganar protagonismo.
LB / EM