Fallo histórico contra Meta y Google por diseños adictivos y daños psicológicos
El jurado de Los Ángeles declaró responsables a ambas empresas por causar daños mentales a una joven usuaria desde niña. Aunque la sentencia no apunta a los contenidos, sino al diseño de algoritmos pensados para maximizar la dependencia, sienta un precedente.
Hay momentos donde una industria entera construye su legitimidad antes de que la sociedad entienda del todo sus consecuencias. Pasó con el tabaco en el siglo XX, cuando durante décadas se naturalizó un consumo que después se reveló masivamente dañino. Pasó también con los alimentos ultraprocesados y el sedentarismo, donde primero vino la expansión y recién después la evidencia sobre sus efectos en la salud. Hoy, todo indica que estamos atravesando un proceso análogo con las redes sociales: una tecnología que se presentó como neutral —o emancipadora— empieza a ser cuestionada por su diseño, sus incentivos y sus efectos sobre la conducta humana.
El punto de inflexión más reciente es el fallo de un jurado de Los Ángeles contra Meta y Google, que las declaró responsables por haber diseñado plataformas adictivas que afectaron la salud mental de una menor. La sentencia fijó una indemnización de 6 millones de dólares —3 millones compensatorios y 3 punitivos— distribuidos en un 70% para Meta y un 30% para Google. No se trata solo del monto, marginal frente a empresas que facturan cerca de 200 mil millones y 400 mil millones de dólares anuales respectivamente, sino del precedente: por primera vez, la lógica de diseño adictivo entra en el terreno de la responsabilidad legal.
Lo que durante años fue una sospecha empieza a consolidarse como evidencia. En el documental El dilema de las redes sociales, exempleados de las plataformas más populares, como Tristan Harris (quien trabajó en el diseño de Gmail), explican que estas plataformas aplican principios de “tecnología persuasiva” para moldear conductas y maximizar el tiempo de uso. No es un efecto colateral: es el corazón del modelo de negocio.
La atención humana es el recurso a explotar, y todo —desde los likes hasta el scroll infinito— está diseñado para capturarla. La frase que grabó el documental en la memoria de todos los que lo vimos: “si no pagás por el producto, vos sos el producto”, es cada vez más palpable.
Los datos empiezan a acompañar ese diagnóstico. Un estudio sobre 838 adolescentes del AMBA, difundido por Fabricio Ballarini, revela que pasan en promedio 5 horas y media por día en el celular, lo que equivale a 77 días al año. El uso crece con la edad, se concentra casi exclusivamente en redes sociales y tiene en plataformas como TikTok su núcleo central: allí se destina cerca del 50% del tiempo.
Pero lo más inquietante son los extremos: chicos de 13 o 14 años con picos de entre 12 y 14 horas diarias, y niños de apenas 8 o 9 años que ya pueden pasar hasta 9 horas conectados. Aunque el estudio no establece causalidad, sí detecta correlaciones con ansiedad, cambios de humor y comportamientos adictivos.
Como en otros momentos históricos, el problema no es solo el consumo, sino el entorno que lo promueve. En 1965, Kenneth H. Cooper publicó Aerobics, un libro que ayudó a instalar la idea de que el sedentarismo era un riesgo para la salud en una sociedad que recién empezaba a tomar conciencia, en la que sólo el 25% realizaba ejercicio. Hoy, el desafío parece similar: entender que no estamos simplemente frente a herramientas, sino ante entornos diseñados para capturar comportamiento.
Frente a este escenario, empiezan a aparecer respuestas regulatorias. Australia avanzó recientemente con una ley que prohíbe el uso de redes sociales a menores de 16 años, en una lógica que recuerda a las restricciones que en su momento se aplicaron al tabaco. No es casual: cuando el daño deja de ser individual y pasa a ser estructural, la discusión se traslada del plano de la elección personal al de la política pública.
Un hombre de 36 años se enamoró de la IA de Google y se quitó la vida
El desafío actual es qué hacemos con un ecosistema digital que, como antes el cigarrillo o la comida ultraprocesada, parece haber optimizado su éxito económico en tensión directa con la salud de quienes lo consumen.
También te puede interesar
-
Desarrollo de Google sacude a fabricantes de chips de memoria a nivel mundial
-
Google nombró a Juan Vallejo como nuevo Director General en Argentina
-
Los chatbots de Google entran en una "espiral depresiva" y dejan de funcionar ante las críticas constantes
-
Meta y Google deberán pagar indemnización por adicción en redes sociales