El millonario hackeo que afectó al mundo de las criptomonedas volvió a poner en discusión una de las promesas centrales de ese ecosistema: la seguridad de sus sistemas. En Ronda de Investigación (RDI) junto a Nicolás Lucca, el especialista Andrés Snitcofsky analizó el ataque vinculado a Binance y explicó por qué, detrás de una operación tecnológica compleja, el punto de entrada habría sido una persona.

La cifra que se mencionó durante el análisis fue de 6.300 millones de dólares, un volumen muy superior al de otros ataques informáticos recientes. Sin embargo, Snitcofsky aclaró que no se trata necesariamente de dinero en efectivo ni de una suma homogénea: son operaciones con distintas criptomonedas y movimientos entre redes. La clave, sostuvo, está en entender cómo se intentó sustraer y dispersar esos activos.

El ataque no empezó con una intrusión desde afuera

Según la reconstrucción que presentó Snitcofsky, el episodio habría comenzado con un engaño dirigido a un empleado de la compañía. La persona, que trabajaba como desarrollador, habría recibido una propuesta para participar de una entrevista laboral y, durante el proceso, le pidieron que descargara un software en la computadora de trabajo para realizar una prueba técnica.

Ese programa habría permitido introducir elementos maliciosos y obtener acceso a la red interna. “Si no es que lo hackearon desde afuera, es desde la computadora de ese sujeto que ya estaba dentro de la red de Binance”, explicó el especialista. De acuerdo con su análisis, una vez que los atacantes consiguieron ingresar, pudieron acceder a otros sectores del sistema.

La ingeniería social, el eslabón más vulnerable

Para Snitcofsky, el caso vuelve a demostrar que la seguridad informática no depende exclusivamente de la sofisticación de los sistemas. “Muchas veces el lugar más débil de toda la cadena es el humano”, remarcó, al señalar que los atacantes pueden aprovechar la confianza, el desconocimiento o la ambición de quienes tienen acceso a una red.

Durante la charla, el especialista sintetizó esa vulnerabilidad con una frase contundente: “No podés contra la estupidez humana, porque la verdad es bastante infinita”. Luego matizó que también interviene la avidez, porque una propuesta laboral bien remunerada puede resultar tentadora y llevar a una persona a bajar la guardia frente a una situación sospechosa.

Por qué rastrear los fondos no es tan sencillo

Una vez obtenidos los activos, los atacantes comenzaron a distribuirlos a través de distintas redes y criptomonedas para dificultar su seguimiento. Snitcofsky explicó que la trazabilidad de las operaciones permite identificar adónde se dirige cada transacción y con qué otras operaciones se conecta. Por eso, el robo no equivale a retirar una suma de dinero y desaparecer.

En ese contexto, Binance habría intentado contener el impacto mediante comunicaciones frecuentes y transparencia sobre lo que iba descubriendo. La empresa también buscó que otras plataformas congelaran las billeteras vinculadas con los movimientos sospechosos para impedir que los fondos terminaran de dispersarse.

El episodio dejó, para Snitcofsky, una advertencia que excede al sector de las criptomonedas: la tecnología no elimina el riesgo humano. “Si confiamos en la tecnología, no confiamos en la tecnología”, planteó al cerrar su análisis.