Los conflictos internacionales ya tuvieron consecuencias concretas sobre el campo argentino: aumentaron los costos logísticos y de producción, mientras que las dificultades para acceder a fertilizantes afectaron la siembra de trigo y cebada . En ese contexto, la evolución del petróleo y de los precios internacionales de los granos será clave para el sector agropecuario durante los próximos meses.

En diálogo con Fernando Meaños en Ronda de Economistas (RDEco), por +Perfil, la especialista Antonela Semadeni explicó que las tensiones en Medio Oriente tuvieron un doble impacto sobre la actividad: por un lado, encarecieron el combustible y el transporte; por otro, impulsaron la demanda de biocombustibles , lo que también repercutió en los precios de las materias primas agrícolas.

El petróleo elevó el costo del transporte y la logística

Uno de los efectos más visibles se registró en el costo de los fletes. Semadeni detalló que, como consecuencia del aumento del petróleo y su traslado al precio del gasoil, el flete pasó de representar el 23% a casi el 30% de los costos totales del maíz.

Pero el encarecimiento de la energía también generó un efecto indirecto sobre los granos. Cuando sube el petróleo, aumenta la demanda de combustibles alternativos, como el bioetanol, que reemplaza a la nafta, y el biodiésel, utilizado como sustituto del gasoil.

“Eso era como una buena noticia dentro de ese panorama”, explicó la especialista. La razón es que esos biocombustibles utilizan materias primas agrícolas: el maíz y el aceite de soja, respectivamente. Por eso, una mayor demanda puede impulsar los precios de esos productos y compensar parcialmente otros efectos negativos del escenario internacional.

Los fertilizantes complicaron la siembra de trigo y cebada

El otro impacto importante estuvo relacionado con el abastecimiento de fertilizantes. Semadeni señaló que el 50% pasaba por el estrecho de Ormuz, una vía estratégica afectada por el conflicto en Medio Oriente, lo que generó dificultades para la producción agrícola.

La consecuencia se sentirá especialmente en los cultivos de invierno. “Este año, ahora, cuando empecemos a cosechar lo que es la fina, vamos a tener una menor producción que el año pasado”, anticipó, en referencia al trigo y la cebada.

La especialista remarcó que el conflicto se profundizó durante un momento decisivo para el ciclo productivo: junio y julio, cuando se realiza la siembra del trigo. De esta manera, las tensiones internacionales no solo modificaron los precios, sino que también condicionaron las posibilidades de producción.

Los precios de los granos dependen de un mercado que cambia día a día

En cuanto a las perspectivas para la soja, el trigo y el maíz, Semadeni indicó que los valores ya venían registrando bajas desde hacía aproximadamente una semana y media. Según explicó, el mercado había comenzado a descontar parte de las tensiones geopolíticas y la expectativa era que los precios encontraran cierta estabilidad.

Sin embargo, advirtió que el agro está sujeto a modificaciones permanentes. “A veces tenemos lo que es el USDA, que sube una noticia de que hay una zona de Estados Unidos que no va a producir tanto maíz como se esperaba, y eso ya tiene un efecto de capaz un 0,5 en el precio al día siguiente”, ejemplificó.

También mencionó las decisiones comerciales de China, que pueden modificar sus compras de soja a Estados Unidos y alterar las cotizaciones internacionales. A eso se suma el seguimiento del clima y del fenómeno de El Niño en distintos países.

Para la Argentina, la expectativa inicial es alcanzar una producción similar a la del año pasado, que fue muy buena. De todos modos, Semadeni aclaró que habrá que observar cómo evolucionan las lluvias: aunque por momentos parecen abundantes, hasta ahora se mantienen dentro de los parámetros previstos. “Hay que ir viendo si esto continúa así o se agrava la situación”, concluyó.