Nurit Kasztelan en RDEsc: “La pampa es el vacío y al vacío hay que llenarlo con la imaginación”
En Ronda de Escritores (RDEsc), por +Perfil, Nurit Kasztelan contó cómo construyó una pampa imaginaria a partir de lecturas de naturalistas, investigaciones sobre la flora y la fauna y una búsqueda literaria centrada en el lenguaje.
La naturaleza, la imaginación y las posibilidades del lenguaje atraviesan la obra de la editora y poeta Nurit Kasztelan, quien construyó una novela ambientada en una pampa imaginaria sin haber conocido personalmente el campo. A partir de lecturas, investigaciones y reescrituras de autores naturalistas, desarrolló una propuesta literaria en la que la trama ocupa un lugar secundario frente a la experimentación con la forma y la escritura poética.
En diálogo con Osvaldo Quiroga, conductor de Ronda de Escritores, por +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, Kasztelan contó cómo imaginó el universo de su novela, de qué manera influyó la pandemia en el proceso creativo y por qué eligió una narración fragmentaria, en la que los espacios en blanco también forman parte del sentido de la obra.
Un campo imaginario construido a partir de la literatura
A diferencia de otros escritores que recurren a experiencias personales o viajes para reconstruir un territorio, Kasztelan partió de un espacio que no conocía directamente. Su pampa nació de la lectura y de la investigación sobre la flora, la fauna y las características del paisaje argentino.
"Mi novela es un campo imaginario. Yo no conozco el campo, no conozco la pampa. Lo escribí leyendo y releyendo y reescribiendo naturalistas", explicó en +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil.
Entre sus referencias mencionó a William Henry Hudson y a otros autores vinculados con la tradición naturalista del siglo XIX. A partir de esas lecturas, imaginó a un personaje que se instala en el campo y desarrolló un universo en el que las descripciones de la naturaleza conviven con la invención literaria.
La escritora contó que realizó una investigación específica sobre las plantas y los animales de la región pampeana, aunque ese trabajo no buscaba reproducir la realidad de manera estricta. Por el contrario, su objetivo era combinar los conocimientos adquiridos con figuras retóricas e imágenes creadas a través de la imaginación.
Incluso escribió la novela desde su departamento en Villa Crespo, en Buenos Aires, mientras observaba sus propias plantas. Ese contraste entre el espacio urbano desde el que escribía y el paisaje rural que imaginaba formó parte de su proceso creativo.
La pandemia y una escritura atravesada por el tiempo y la soledad
Kasztelan comenzó a escribir la novela antes de la pandemia, a partir de una pregunta sobre el aislamiento y sus efectos en una persona. Su intención era imaginar a una mujer que decidía apartarse de la sociedad durante un año y explorar qué ocurría con ella al permanecer sola, sin contacto con otras personas.
Para pensar esa experiencia, evocó los experimentos intelectuales de autores como Montaigne y Pascal, vinculados con la reflexión sobre el conocimiento y la experiencia individual.
Sin embargo, la llegada de la pandemia interrumpió el proceso y modificó la relación de la escritora con el tiempo. La experiencia colectiva del aislamiento terminó influyendo en la forma de la novela.
"Empecé antes de la pandemia, vino la pandemia, tuve que frenar porque yo quería jugar con la imaginación y empezó a pasar algo con el tiempo, con el tiempo sin interrupciones, con el tiempo entero, con el tiempo que no tiene pausa, no hay hora, no hay día", relató.
Según explicó, esa percepción temporal se incorporó a la estructura del libro, que necesitó adoptar una forma fragmentaria para expresar el desfasaje que atravesaba la experiencia cotidiana.
La fragmentación, en ese sentido, no responde solamente a una decisión estética, sino también a la búsqueda de una forma capaz de transmitir una experiencia particular del tiempo y de la soledad.
Los espacios en blanco también construyen sentido
Durante la entrevista, Quiroga destacó que los textos de la novela tienen una disposición cercana a la poesía, con fragmentos breves y espacios que interrumpen la continuidad de la lectura.
Kasztelan explicó que esa estructura responde a las características de su escritura, que definió como poética y densa, y que necesita pausas para que el lector pueda procesarla.
"Mi escritura es poética, es densa y necesita respiración", sostuvo.
En ese sentido, recordó una idea atribuida a Stéphane Mallarmé sobre el significado de los espacios en blanco. Para la autora, esos silencios visuales no son un elemento decorativo: también comunican y permiten que el lector complete aquello que el texto no explicita.
"Entonces me parecía interesante no contar todo, contar un poco, que no se sepa por qué se va al campo, que haya blanco", explicó.
La decisión de no ofrecer todas las respuestas desde el comienzo forma parte de una propuesta narrativa que busca generar interrogantes y abrir distintas interpretaciones. En lugar de desarrollar una historia lineal y completamente explicada, la escritora propone una lectura que se construye a partir de fragmentos, imágenes y omisiones.
Una trama secundaria y una búsqueda centrada en el lenguaje
Quiroga planteó que, aunque la novela puede dar la impresión de no tener una trama definida, existe una estructura narrativa que se sostiene especialmente en la profundidad de la escritura.
Kasztelan coincidió en que la trama tiene un peso menor dentro de su concepción literaria.
"A mí nunca me interesó la trama en la novela, me interesa más el lenguaje y me interesa más otra búsqueda, más literaria y que tiene que ver con la forma de escribir", afirmó.
Al hablar de sus influencias, mencionó a Juan José Saer y Jorge Luis Borges, entre otros autores que forman parte de su horizonte de lecturas. También destacó la importancia de César Aira, a quien atribuyó una reflexión sobre la pampa como un espacio vacío que debe ser completado mediante la imaginación.
"Me parece interesante jugar con la imaginación, imaginar, pero con la sensorialidad que el lector se vea ahí", señaló.
Esa combinación entre invención y sensorialidad permite que un territorio imaginado adquiera consistencia para quien lee, aun cuando la autora no haya tenido una experiencia directa con ese paisaje.
Reescritura, apropiación y homenaje literario
La novela también se construye a partir de un diálogo con distintas tradiciones y autores. Kasztelan explicó que su proceso de escritura incluyó lecturas de naturalistas conocidos y de otros menos difundidos, además de textos que descubrió durante la investigación.
Entre esas referencias mencionó a escritores como Esteban Echeverría y Ezequiel Martínez Estrada, y a la autora indígena estadounidense cuyo nombre apareció en la conversación como Mary Janouse, además de otras voces que alimentaron su imaginario literario.
La escritora reconoció que en su obra hay procedimientos de reescritura y apropiación, entendidos como formas de establecer vínculos con textos anteriores y transformarlos en una creación nueva.
"Y porque la literatura es eso, es robo y es apropiación y es guiño y es homenaje", sostuvo.
También mencionó el concepto de "escritura de compostaje", asociado durante la charla con la escritora mexicana Verónica Gerber Bicecci, como una manera de pensar la creación literaria a partir de materiales previos que se transforman y adquieren otro sentido.
En esa perspectiva, escribir no significa partir necesariamente de cero, sino leer, recuperar, combinar y resignificar voces e imágenes de otras obras.
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