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RDC: casi 4 de cada 10 canciones ya tienen participación de inteligencia artificial

En Ronda de Corresponsales, por +Perfil, Marcelo Molina explicó cómo la inteligencia artificial comenzó a ocupar un lugar creciente en la producción musical y abrió un nuevo debate sobre la monetización.

Inteligencia Artificial Foto: Cedoc

La inteligencia artificial comenzó a ocupar un lugar cada vez mayor en la producción musical y ya representa una parte significativa de las canciones que circulan en las plataformas digitales. En una nueva edición de Ronda de Corresponsales, por +Perfil, el periodista Marcelo Molina explicó que distintos estudios detectaron un crecimiento acelerado de contenidos creados total o parcialmente con herramientas de IA.

Un relevamiento realizado entre julio de 2025 y julio de 2026 encontró que el 38,5% de las canciones analizadas tenía algún tipo de participación de inteligencia artificial, mientras que el 23% había sido producido íntegramente con estas herramientas. Otro estudio, realizado por la plataforma francesa Deezer, detectó que el 44% de las canciones analizadas estaban hechas con IA.

El crecimiento de la música creada con inteligencia artificial

El primer estudio fue realizado por SubmitHub, una plataforma utilizada por creadores para subir, intercambiar y promocionar sus producciones. Según explicó Molina, el sistema de detección utilizado por la plataforma permitió identificar qué porcentaje de cada canción había sido generado mediante herramientas de inteligencia artificial.

El fenómeno también aparece en el volumen de material que reciben las plataformas. Deezer pasó de recibir unas 10.000 canciones a unas 75.000, un incremento que llevó a la compañía a investigar qué estaba detrás de semejante crecimiento.

El resultado mostró que el 44% de las canciones estaban hechas con IA y que, según el relevamiento mencionado durante el segmento, no tenían autores en el sentido tradicional. Detrás de este fenómeno aparecen creadores que utilizan estas herramientas para producir canciones con el objetivo de obtener ingresos a partir de las reproducciones.

La expansión de este tipo de contenidos llevó a las plataformas a revisar sus políticas. Algunas comenzaron a retirar determinadas canciones, otras permiten su publicación pero sin monetización y también existe el debate sobre la necesidad de informar al usuario cuando una producción fue realizada con inteligencia artificial.

El 97% no pudo distinguir una canción hecha con IA

Uno de los datos más llamativos del fenómeno surge de una prueba realizada con 9.000 personas. Los participantes escucharon distintas canciones y tuvieron que determinar cuáles habían sido creadas con inteligencia artificial.

El resultado mostró que el 97% de los encuestados no supo distinguir si una canción había sido producida con IA o no. La dificultad para diferenciar ambos tipos de contenido plantea un desafío adicional para las plataformas y para los propios consumidores.

La discusión también se extiende a otros ámbitos de la producción cultural. Durante el segmento se recordó que ya hubo casos en concursos literarios en los que una obra realizada con asistencia de inteligencia artificial fue presentada como propia y posteriormente detectada.

El avance de estas herramientas plantea además una cuestión jurídica todavía pendiente: quién tiene los derechos sobre una canción creada con inteligencia artificial. La discusión incluye al creador que utiliza la herramienta, quien desarrolla el prompt, quien difunde el contenido y la propia tecnología utilizada para producirlo.

El vacío legal por los derechos de autor

Molina remarcó que existe un vacío normativo alrededor de la música generada mediante inteligencia artificial. “Hay un vacío legal importante”, sostuvo al referirse a la falta de una legislación clara sobre la titularidad de las canciones y la distribución de los ingresos que generan.

El problema adquiere una dimensión económica porque detrás de las canciones generadas con IA existe un negocio basado en las reproducciones y la monetización. Por eso, todavía está pendiente determinar cómo deberían repartirse esos ingresos entre las distintas partes involucradas.

El debate también alcanza a plataformas como YouTube, que cuentan con sistemas de detección capaces de identificar contenidos musicales incluso cuando aparecen de fondo en una grabación. Según explicó Molina, esos mecanismos pueden detectar música que apenas resulta perceptible para el oído humano y afectar la monetización del contenido.