Corresponsal en Medio Oriente: "Quien puede ganar las elecciones en Israel es Gadi Eisenkot, un centrista y pragmático"
Henrique Cymerman analiza el impacto global del conflicto en Medio Oriente, el rol clave de la diplomacia frente a Irán, el futuro de los Acuerdos de Abraham y las perspectivas electorales en Israel tras la crisis que redefinió la región.
Periodista, escritor y testigo directo de los acontecimientos más determinantes de Medio Oriente, Henrique Cymerman presenta su obra El enigma de Israel, un análisis profundo sobre las transformaciones geopolíticas, estratégicas e ideológicas desencadenadas tras los ataques de Hamás el 7 de octubre.
Autor también de Conversando con el enemigo: De Oporto a Abu Dabi pasando por Tel Aviv, el especialista repasa en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190). los dilemas del liderazgo en la región, la urgencia de la vía diplomática para contener la amenaza de Irán y el panorama electoral israelí ante la posible irrupción de nuevos liderazgos pragmáticos.
Henrique Cymerman es periodista, escritor, conferencista y corresponsal internacional luso-israelí que cuenta con más de 25 años de cobertura del conflicto en Medio Oriente. Nacido en Oporto, Portugal, emigró a Israel a los 16 años, donde se formó académicamente en la Universidad de Tel Aviv. Reporta activamente en cinco idiomas —español, portugués, inglés, francés y hebreo— para cadenas como La Vanguardia, SIC en Portugal y Mediaset en España.
Bueno, aquí estamos con Henrique, que es una eminencia y amigo de muchos amigos. Este es su último libro: El enigma de Israel; y el anterior, Conversando con el enemigo: De Oporto a Abu Dabi pasando por Tel Aviv. Me gustaría, Henrique, que de la manera más didáctica posible nos sintetices El enigma de Israel.
Un gusto estar aquí, Jorge. Un placer. El 7 de octubre fue un terremoto. Aquella matanza de Hamás en el sur de Israel es de estos hechos que yo creo que nos va a tardar muchos años en asimilar los cambios. Todo lo que se está viendo en Medio Oriente, que tiene un efecto, yo diría, en todo el planeta, parte de allí, de este evento al estilo Calígula que empieza una serie de movimientos tectónicos. Las guerras que vemos ahora en el Líbano y en Irán son parte de todo esto, son una consecuencia. Alrededor del 8 o 9 de octubre, dos días después, llegué al sur de Israel, a un kibutz que se llama Nir Oz. Un kibutz es una comunidad que fue atacada a esa altura. Descubrí, entre otras cosas, que había amigos íntimos del Papa Francisco que estaban allí y que habían sido secuestrados algunos y asesinados otros, y que él estaba muy preocupado. Yo tenía una relación muy próxima a él; él me llamaba, me preguntaba y me pedía: «Infórmame sobre todo lo que ocurre». Entendí que nada sería igual a partir de ese momento. Entonces no sabía si iba a escribir un libro o un artículo, pero me puse a escribir y me salió del alma. En realidad, lo que hice fue intentar analizar todos los cambios geopolíticos, estratégicos, incluso económicos e ideológicos que ocurrirían como resultado de todo esto, y qué posibilidades hay, a pesar de toda la sangre y el luto que había como resultado de esto y de los ataques israelíes en Gaza como respuesta contra Hamás. ¿Qué pasaría y qué posibilidad hay de sí llegar a acuerdos de paz en el futuro y de poner fin a esta locura que hemos vivido en esta guerra de los mil días, que es, Jorge, la guerra más larga de la historia de Israel?
O sea que ahí tenemos el punto que dispara lo que hoy vemos, inclusive en el caso de la encrucijada que tiene Trump con Irán.
Totalmente.
¿Trump es parte de la solución o parte del problema? ¿Cómo lo percibe usted?
Yo creo que Trump tiene un rol en Medio Oriente que puede ser bastante crítico. Sabemos, independientemente de su estilo tan particular que no todo el mundo entiende y comparte, que tiene un poder de disuasión que no tenían otros presidentes de Estados Unidos. Independientemente de si yo fuera ciudadano de Estados Unidos y a quién votaría, él tiene mucho poder para hacer que se pueda llegar a acuerdos posibles. De hecho, la mejor noticia que hubo en Medio Oriente en los últimos años fueron los acuerdos de Abraham entre Israel, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos —un país muy importante para Israel—, India y Sudán. Yo creo que estamos solo en el principio, Jorge; es como un libro de 20 capítulos en el que estamos en el cuarto. Él hizo el principio de los Acuerdos de Abraham. Yo espero que después de las elecciones de midterm, las que se prevén en noviembre, él tenga el poder político suficiente para poner en marcha de nuevo este tren que puede llevar a acuerdos con otros países árabes y musulmanes, incluida Arabia Saudita, que es mucho más que los Acuerdos de Abraham, porque Arabia Saudita es la líder moral y religiosa de 2000 millones de musulmanes por los lugares sagrados de La Meca y Medina. Hay allí algunas posibilidades, pero al mismo tiempo sabemos que hay muchos riesgos porque hay organizaciones como la Hermandad Musulmana, a la que pertenece Hamás, que intentan boicotear todo este proceso. Por lo tanto, hay que ir con mucho cuidado. Espero que Trump decida seguir este camino. No te olvides de que después del 27 de octubre habrá elecciones en Israel también.
Ahí va la pregunta: ¿y Netanyahu?
Bueno, yo creo que Netanyahu en este momento está muy intimidado, muy asustado, porque las encuestas indican que podría perder las elecciones. Yo creo que el candidato con más posibilidades de ganar las elecciones es un hombre, un centrista pragmático que conozco bien, que se llama Gadi Eisenkot, un general en la reserva, un hombre de realpolitik, quizás más que Netanyahu. Netanyahu no es lo que se siente en los medios de comunicación mundiales; no es un radical, pero tiene radicales en su gobierno que son muy negativos para todas las posibilidades de paz. Dos, de hecho, y su coalición depende de ellos. Por eso a veces tiene una imagen más extremista de lo que realmente es. A mí me parece que a los políticos y a los pañales hay que reemplazarlos con frecuencia por los mismos motivos, y Netanyahu lleva demasiado tiempo en el poder. Entró en la vida de los israelíes como primer ministro hace 30 años. No siempre fue primer ministro, pero lleva en el poder 19 años no consecutivos, lo cual es demasiado. Creo que lo primero que habrá que hacer en Israel es aprobar una ley según la cual lo máximo sean dos mandatos, ocho años.
Henrique, ¿qué va a pasar en Irán? Si parte de este proceso que usted percibe de acercamiento con la mayoría de los países árabes implica también un cambio dentro de Irán en el futuro o la expectativa de que así sea.
Jorge, un mes antes de la masacre del 7 de octubre, tuve el privilegio de estar en la primera delegación oficial de Israel en Arabia Saudita. Cuatro semanas antes, justo el 7 de septiembre, nos pusieron una etiqueta gigante que decía «Israel» para que todo el mundo se enterara, no hubiese ninguna duda y el mensaje fuera «vamos por la normalización con Israel». Me pidieron escribir un artículo en Israel sobre ello que era parte de las aproximaciones diplomáticas, y lo hice. Lo que no sabía es que al día siguiente ese artículo sería traducido en todo el mundo árabe y en Irán. En la primera página del Tehran Times había un artículo de una página sobre «Los israelíes conquistan Arabia Saudita». El objetivo de este encuentro era decir al mundo, incluido el mundo musulmán y el mundo árabe, que las relaciones con Israel eran inminentes. El 7 de octubre tuvo como misión principal abortar este proceso que para Irán era una gran amenaza, porque ellos intentan destruir a Israel y no que el mundo musulmán llegue a un acuerdo con Israel. Hamás fue solo el brazo que ejecutó esta política iraní; fue todo planificado en Teherán. De hecho, lograron postergar este proceso. Llevamos tres años de guerra, no hay normalización aún y no sabemos cuándo va a ocurrir. Irán es un problema serio, ante todo para los iraníes. Yo creo que con ataques aéreos ni Estados Unidos ni Israel —por más que hayan dañado seriamente el poder de esta república teocrática que hoy en día es una dictadura militar de las Guardias Revolucionarias— pueden provocar un cambio de gobierno atacando desde el aire. La misión de cambiar el gobierno y democratizar a Irán como el pueblo iraní se merece tiene que ser de los iraníes, y ellos tienen que dirigir el proceso. Lo intentaron, pero el gobierno mató a 45.000 personas en menos de 48 horas a sangre fría. Jorge, las imágenes que recibí de lo que allí ocurrió en las distintas zonas del país fueron realmente atroces: lo que llegaron a hacer y cómo mataron a ancianos, mujeres, hombres y niños cuyo único pecado fue manifestarse porque quieren democracia y un gobierno libre. Quieren libertad después de la revolución islámica de 1979. Cherchez la femme, dicen los franceses: busca a la mujer. Las mujeres no pueden más con esta represión que las obliga a estar totalmente cubiertas y que les impide hablar libremente en la calle con un hombre si no es de su familia, pudiendo ser llevadas a comisaría inmediatamente por tener tres pelos al descubierto fuera del velo. Eso no es vida. Todo esto hará que Irán en este momento tenga que decidir hacia dónde va. Estoy seguro, después de observar durante 30 años todo lo que ocurre en Medio Oriente y de seguirlo día a día —yo digo que no hay expertos, hay estudiosos, y yo soy un gran estudioso de este tema—, de que habrá un cambio en Irán; pero la pregunta es cuándo será y cuánto tiempo tardará.
¿Cuándo se cambió, Henrique? ¿Fue atrasado o adelantado por el bombardeo de Trump a Irán?
¿Quién sabe? Creo que necesitamos perspectiva histórica para entenderlo. Lo que es un hecho es que en los primeros 40 segundos de la guerra, el 28 de febrero, Israel mató a 40 líderes del gobierno iraní. Imagínate el grado de inteligencia que tenía Israel para saber dónde estaban todos al mismo tiempo. Sin embargo, eso es una solución parcial; esa no es la solución para el futuro. Hay que buscar otras formas para democratizar Irán. Irán es un gran país, con un gran pueblo y con una resiliencia extraordinaria. Si hoy hay 93 millones de iraníes, más de 60 millones —quizás 70— quieren un cambio, y no se puede parar el tren de la historia. Por eso estoy convencido de que va a haber un cambio; la pregunta es cuánto va a tardar y cuánta gente más va a pagar el precio. Yo creo que el tema militar solo puede ser un brazo; hay que completarlo con la diplomacia, que es el otro brazo. Es necesaria la diplomacia ahora para intentar traer un cambio. Los iraníes han usado el estrecho de Ormuz, por el que pasa un quinto del petróleo mundial, como una bomba nuclear económica. ¿Por qué? Porque en el momento en que bloquearon Ormuz, aunque son mucho más débiles que el ejército americano o el ejército israelí, lograron hacer que le duela a todo el mundo lo que está ocurriendo allí, porque todos pagan más por la gasolina que compran para sus coches. Fue una jugada maestra desde el punto de vista iraní. Hay muchos aspectos, pero el tema de Irán no es un problema de Israel: es un problema del mundo y, sobre todo, del mundo libre, que tiene que ocuparse de ello.
Henrique, usted marca continuamente que lo militar es un aspecto pero no es el determinante, que el determinante es el diplomático. ¿Cambia a su juicio el balance entre lo militar y lo diplomático en el caso de que Netanyahu pierda las elecciones y asuma un líder más moderado y pragmático?
Yo creo que en algunos aspectos, sí. Creo que Gadi Eisenkot apostaría por la diplomacia. Puede que incluso Netanyahu —que creo que tiene ya que jubilarse—, si siguiera como primer ministro pero no estuviera dependiente de la extrema derecha, actuaría de otra forma. Sin esta conclusión diplomática, los éxitos militares se pierden y no tienen sentido. La fuerza tiene que ser solo una parte de todo esto; hay que ir adelante, pensar en el tema palestino e intentar dar pasos allí también. Jorge, voy con mucha frecuencia a Ramala y antes iba a Gaza; ahora es más difícil. Estuve allí recientemente y vi cosas increíbles. Estuve dos veces en Gaza durante la guerra, pero en Ramala me hablan continuamente y creo que la única esperanza de que pueda haber acuerdos es que surja en el pueblo palestino un líder como fue Anwar el Sadat en Egipto, que quiera apostar por un proceso negociador en serio y pare con estos sueños sin base de querer destruir el Estado de Israel. No va a ocurrir. Israel está allí para quedarse; es una potencia y un país importante. El Israel al que yo llegué en los años 70 era una especie de Albania, muy austera, un país donde todo era muy básico, diría que muy socialista en muchos aspectos. El Israel de hoy es la Startup Nation, un país que tiene más empresas tecnológicas en el Nasdaq de la bolsa norteamericana que todos los países de la Unión Europea juntos, y que tiene una renta per cápita que supera a la de la mayoría de los países de Europa e incluso de Japón. O sea, ya no es un país como era entonces: es una potencia que está allí para quedarse y, por lo tanto, lo que hay que hacer hoy en día es pactar y negociar. Pero tienen que surgir los líderes de la región que estén dispuestos a ello.
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Mencionó Gaza. ¿Qué autocrítica hace respecto de la situación en Gaza y, al mismo tiempo, qué costo está pagando Israel en la creación de una especie de antisemitismo en todo el hemisferio norte?
Jorge, ¿sabe qué hacen los jóvenes israelíes de 18 a 21 años hoy en día? Eligen en secreto una canción que se escuche en su funeral en caso de que mueran en la guerra. Gadi Eisenkot, de quien hablé antes y que es el candidato a primer ministro según las encuestas, perdió a su hijo Gal, de 19 años. En la misma semana perdió a sus dos sobrinos, los hijos de su hermana, en combate en Gaza. Basta de esto. Basta de que la población de Gaza sea rehén de un grupo que la Liga Árabe y la Unión Europea consideran terrorista: Hamás. La población de Gaza es rehén desde hace muchos años de un grupo islamista radical que, contrariamente a lo que algunos de nuestros colegas piensan aquí en la Argentina sobre que su objetivo es crear un Estado palestino... Yo entrevisté a seis de los siete fundadores de Hamás decenas de veces. He estado en sus casas en Gaza, en Catar con ellos hace tres o cuatro años, en Jordania y en Turquía. Me reuní con ellos muchas veces y tengo su confianza. Como periodista, aunque saben quién soy, que soy judío y que tengo nacionalidad israelí, me respetan. Ellos siempre me dicen: «Nosotros nos oponemos a un Estado palestino». ¿Por qué? Porque eso significa aceptar que haya un Estado israelí al lado. «Y nuestro objetivo, para lo que creamos Hamás en 1987, es acabar con el Estado de Israel y crear un Estado islámico en toda la región que incluya el Estado palestino y el actual Estado de Israel». La gente no termina de entender esto, y es vital, porque ese es el objetivo de Hamás. Dos millones de palestinos que viven en Gaza son rehenes de una organización que nos quiere devolver a las tinieblas. Claro que hay autocrítica en relación a Israel. Un Israel golpeado el 7 de octubre reaccionó con toda la fuerza contra Hamás. Recientemente di una conferencia a generales de distintos países —americanos, europeos, australianos— que lucharon en Afganistán y en Irak. Me decían que lo último que querrían como generales es luchar en Gaza. Entre ellos me lo dijo el general Terry Wolff, que luchó contra el Estado Islámico (Daesh). Le pregunté por qué y me dijo: «Porque cuando una organización como Hamás se esconde dentro de la población, no puedes luchar contra ella sin afectar a víctimas inocentes que son, ante todo, víctimas y rehenes de Hamás». Yo fui a Gaza dos veces. La última vez éramos solo dos periodistas los que entramos, acompañados por el ejército. Los soldados que nos acompañaban eran chiquillos de 18 y 19 años. Yo hice un poco lo que quería y les dije: «Quiero ir allí». Vi un jardín de infantes intacto; todo estaba destruido alrededor, pero el jardín de infantes estaba intacto, incluso con muebles nuevos que creo que ni fueron inaugurados. Entro y veo una escalera que me lleva a un balcón. Soy muy curioso y pedí ir allí. Los soldados se asustaron, pero fui más rápido que ellos: bajé la escalera, fui con mucho cuidado, llegué al balcón y ¿qué vi? Veo 12 misiles preparados en el balcón para ser lanzados en cualquier momento. Los hospitales eran bases de Hamás. Respecto a los rehenes, hubo muchos argentinos entre los 251 secuestrados, además de las 1200 personas asesinadas. Entre ellos, ocho miembros de la familia argentino-israelí Cunio, de la que estoy muy próximo. Su abuela, Esther Noemí, era vecina del Papa Francisco aquí en Buenos Aires. Iban juntos al colegio cuando tenían 10 años, vivían puerta con puerta y él compartía el bocadillo que llevaban al colegio. Ella fue secuestrada por 10 horas siendo una señora de 89 años. Lo que la salvó fue que dijo que era argentina. Ellos no sabían qué era eso, entonces les dijo «Messi». Como uno de los terroristas no sabía quién era Messi, pero el otro era un adepto de él, no la mató por eso, aunque la secuestró. Ella dijo que tenía un ataque al corazón, un infarto, y se sentó en una silla. Uno de los terroristas vino a ejecutarla y el otro, el que le gustaba Messi, le dijo: «Déjala, igual se va a morir», y se fue. Secuestraron a ocho miembros de su familia: nietos y bisnietas de dos años, y se los llevaron a Gaza. El Papa luego intervino, recibió a parte de sus familiares y ayudó a la liberación de algunos de ellos. Todo esto para explicar lo que me contaron los miembros de la familia: que estaban en el hospital Al-Ahli, donde se encontraba el Estado Mayor de Hamás. Es decir, utilizaban a la población civil como un escudo humano. Claro, cuando esto ocurre, es muy difícil una guerra estéril en la que no haya víctimas. Espero que la próxima generación no tenga que volver a vivir lo que vivimos en estos años, porque todos, en el lado palestino y en el lado israelí, quedamos malheridos no solo físicamente, sino también mentalmente. Creo que uno de los graves problemas que hay en la región en este momento es el postrauma en ambos lados.
Henrique Cymerman, muchísimas gracias por su testimonio. Fue un placer tenerlo acá.
Un placer estar aquí. Hasta siempre.