Día 910: Qué es ser periodista
Las celebraciones por el Día del Periodista coincidieron con una renovada reflexión sobre el valor, los límites y la credibilidad de la profesión. A las críticas de Javier Milei se sumaron advertencias sobre el deterioro de la confianza pública y el lugar que ocupa el periodismo frente al poder.
Arrancamos con una imagen de Mariano Moreno tirando un sobre de Milei, porque justamente el Día del Periodista nace del primer periódico del país impulsado por él: el 7 de junio de 1810 nace La Gazeta. Una imagen que trata de crear una línea profesional desde Moreno hasta la actualidad. El periodismo de verdad no se corrompe por el poder.
Ayer fue un 7 de junio más resonante. Se sumó a los mensajes que todos los años recibimos por el Día del Periodista, el evento en la Biblioteca Nacional, el jueves, donde la Academia Nacional de Periodismo le entregó la Pluma de Honor al exjuez de la Corte Suprema, Juan Carlos Maqueda, con dos tercios de la Corte Suprema presentes. También se sumó el contraste con los premios Martín Fierro a periodistas de televisión hace tres semanas y a periodistas digitales la semana pasada, culminando con la solicitada ayer en los principales diarios, que criticó no ya al Gobierno, sino a quienes hipócritamente contribuyen con su pasividad a permitir el descrédito del periodismo.
En sus últimos párrafos la solicitada dice así:
"Nos llama la atención el estrepitoso silencio de los partidos políticos que no militan en el actual oficialismo ante semejante cantidad de atropellos al periodismo. Y nos sorprende la indiferencia de dirigentes políticos que, en otros momentos, igualmente difíciles para la prensa, se colocaron a la vanguardia de la defensa de todas las libertades y garantías constitucionales. No existen agresiones malas y buenas contra la prensa según el partido que las cometa".
"Exhortamos por último a los pocos periodistas que tienen acceso constante al Presidente de la Nación a que cuando le hagan un reportaje al mandatario le pregunten por las obsesivas razones de su autoproclamado odio al periodismo. Y que no se conformen con una respuesta ni con una sola pregunta".
Milei diciéndonos primero "ensobrados", luego "no odiamos lo suficiente a los periodistas" y finalmente "el 95% son delincuentes" solo nos incita aún más a un debate existencial sobre qué es ser periodista que nos atraviesa desde hace tres décadas: inicialmente con el surgimiento de Meta y Alphabet —de Google y Facebook— luego con las redes sociales y hoy con las indescifrables consecuencias de la inteligencia artificial.
El presidente de APTRA, la Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentinas, Luis Ventura dijo que el periodismo es un negocio, respondiendo a la controversia que generó la decisión de Reynaldo Sietecase de devolver los nueve premios Martín Fierro que había obtenido, disgustado por la decisión de APTRA de conceder hace tres semanas el Martín Fierro por mejor labor periodística a Jonatan Viale en el año que aceptó eliminar una pregunta que incomodaba al Presidente durante una entrevista. Invitamos a Luis Ventura a este programa y dijo lo siguiente.
Milei podría sentirse identificado con la representación exclusivamente material de una profesión omitiendo cualquier trascendencia, pero entiendo la lógica cuantitativa de "si no vendés".
No hay una sola ontología. No es válido el mismo criterio para la calidad periodística escrita que la audiovisual, con sus requerimientos histriónicos y sus venias frente a la inmediatez, inclusive ante la necesidad también de entretener. Y al multiplicar geométricamente los premios Martín Fierro a periodistas —hace tres semanas a los de cable y la semana pasada a los digitales— se transfiguran categorías hechas populares para la televisión de aire, mayoritariamente para artistas, cuando solo había un noticiero y un programa político semanal en cuatro canales privados.
La frase de Luis Ventura: "El periodismo es un negocio; si no lo entendemos así, no entendemos nada", quedó resonando en mi mente esta especial semana, tan llena de reflexiones sobre qué es el periodismo y para qué sirve.
Viendo a los cientos de adolescentes que llenaron las calles de las ciudades con sus alcancías para la Colecta Anual de Cáritas Argentina, me preguntaba: ¿pensarán que la Iglesia Católica también es un negocio? ¿O el médico que dirige una clínica, si sus preocupaciones materiales por el funcionamiento de su clínica reducen su profesión a un negocio?
Por caminos distintos, el presidente de APTRA, seguramente sin proponérselo ni con ninguna mala intención, termina legitimando la visión del periodismo que el presidente Milei trata de instalar en la sociedad: solo hay sobres que alimentan un negocio.
Periodismo, comunicación, publicidad, contenido y editorial comparten similitudes pero son categorías distintas. En Estados Unidos la Asociación de Diarios realizó una campaña sosteniendo que "News is not content" para diferenciar el contenido periodístico del contenido de entretenimiento de cualquier tipo de ficción o musical, rechazando que se utilicen los mismos algoritmos de predicción de gusto del usuario para el material periodístico que para las otras formas de contenido.
No se trata de que el periodismo sea superior a la ficción; esta última construye subjetividad con más pregnancia que el periodismo. Las demostraciones de afecto y valoración que le tributó masivamente gran parte de la sociedad al Indio Solari en su funeral eximen de más argumentos. Se trata de utilizar las categorías correctas.
El ombudsman de PERFIL, expresidente de FOPEA, exvicedecano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral, Fernando Ruiz, escribió ayer lo siguiente:
"Eso hace que la expresión 'periodismo profesional' provoque ironías. De hecho, en un reciente informe preparado por Monitor Digital, dirigido por el sociólogo y periodista Diego Corvalán, la profesión de periodista es la quinta con peor imagen en redes sociales, solo superada por jueces, piqueteros, policías y sindicalistas".
"En ese estudio los periodistas más citados en redes tienen mucha negatividad. Igual que las hinchadas de fútbol, en las redes gran parte de la actividad es insultar. Por supuesto, ese volumen tiene que ver con que mucha gente se siente representada por esos periodistas, comparte sus valores. Además, aquellos entran a la guerra en las redes y tienen una virtud periodística clave: hablan de cosas que atraen a la mayoría".
"En el análisis de la imagen siempre se nos mezclan los conceptos de credibilidad, reputación y confianza. Podemos decir que la reputación es una evaluación del pasado, la credibilidad es una evaluación del presente y la confianza es una apuesta positiva hacia una acción futura. 'Quien confía anticipa el futuro', escribió el sociólogo Niklas Luhmann en 1968".
"Podemos analizar dos tipos de credibilidad periodística. Existe una credibilidad real que es cuando el periodismo profesional es riguroso: se construye con la suma de la profesionalidad del medio y del periodista, con la calidad del contenido y con el respaldo de las fuentes. La forma de entrevistar, por ejemplo, también importa. Si las preguntas son capciosas, reiterativas, dicotómicas, confusas, el entrevistado puede decir cosas que no piensa ni cree".
"Y después está la segunda credibilidad, la credibilidad percibida, que es cuando las audiencias nos consideran creíbles. En base a la investigación en psicología, eso se logra cuando transmitimos que tenemos conocimiento sobre el tema y no se perciben segundas intenciones en nuestro mensaje, como dijimos en nuestra columna del pasado 5 de abril, 'Periodismo con segunda intención'".
"Puede que haya credibilidad real y no credibilidad percibida. Y también el proceso inverso: creemos a quienes nos mienten."
"Una gran parte de la sociedad se enamoró hace años del kirchnerismo recibiendo un mensaje cuestionador del periodismo, y otra gran parte se enamoró del mileísmo con similar mensaje. Ambas olas poderosas de opinión hicieron un muro de neblina entre la credibilidad real y la credibilidad percibida de los periodistas".
"Además puede pasar que no le creamos al medio cuando revela malas noticias que arruinan nuestra esperanza y, un tiempo después, creamos que ese medio fue un apóstol de la verdad por adelantarnos esa realidad que no veíamos. En ese interín, el periodista está en la cornisa. Por eso es necesario que los medios también se desconecten de su audiencia, que no sean secuestrados por ella. Si la conexión es incondicional, eso se nota demasiado y se paga en calidad. Es una versión de periodismo populista. Los buenos medios y periodistas muchas veces se quedan por un tiempo solos".
"Pero cuando consumimos periodismo desarrollamos algo que podríamos llamar cinismo informativo, que es cuando nos informamos con medios y periodistas que tienen gran audiencia pero a los que no les creemos mucho".
"A veces esa actitud es por 'monitoreo del enemigo', lo que nos permite entrenarnos mejor en la argumentación contraria; puede ser también para buscar una emoción fuerte como la indignación. O para curiosear: quiero ver cómo engañan al resto".
"Trabajé varios meses en la producción de Bernardo Neustadt durante 1994 y vi de primera mano la contradicción de ser el periodista con mayor audiencia y ser poco creíble para gran parte de los que lo miraban", concluye el profesor de periodismo Fernando Ruiz.
Pero utilizando las categorías del presidente de APTRA, hay un buen negocio en tener mucha audiencia aunque sea poco creíble. Fama y prestigio no son excluyentes pero tampoco necesariamente convergentes.
Una de las claves de la batalla cultural que tanto el kirchnerismo como Milei libraron contra el periodismo es señalarlo como parte del establishment, del poder concentrado que ellos vienen a enfrentar con la fuerza del pueblo, de "los argentinos de bien". Ambos se posicionan desde un gobierno de los de abajo contra el poder establecido y colocan al periodismo como supervillano, como los promotores de que nada mejore en el país. Es interesante que cada uno nos acusa de lo contrario: Cristina nos acusaba de favorecer al campo y a las familias más poderosas, y Milei, de perjudicar al capitalismo y no dejar que las fuerzas productivas se desarrollen.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi
MV/ff
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