Debate por la Ley del Libro

Editores y libreros cuestionan la desregulación del precio de los libros que beneficiarían a las plataformas de venta online

Cecilia Fanti y Víctor Malumián analizaron la iniciativa del Gobierno de eliminar el precio único del libro y advirtieron que la medida no abarataría los ejemplares, sino que favorecería la concentración del mercado editorial.

Entrenamiento. A la IA se le proporciona una cantidad gigantesca de texto, libros, diarios. Foto: cedoc

En Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), Jorge Fontevecchia entrevistó a la escritora, librera y gestora cultural Cecilia Fanti y al editor y fundador de Ediciones Godot Víctor Malumián para analizar la iniciativa del Gobierno de desregular el precio de los libros. Ambos referentes del sector editorial cuestionaron la posible derogación de la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera y advirtieron sobre las consecuencias que, según sostienen, tendría para librerías, editoriales y lectores.

A lo largo de la entrevista, Fanti y Malumián explicaron cómo funciona la cadena de producción del libro, repasaron experiencias internacionales y argumentaron por qué consideran que eliminar el precio único no reduciría el valor de los ejemplares. Además, plantearon que la medida favorecería la concentración del mercado y pondría en riesgo la diversidad editorial y la supervivencia de las librerías independientes.

Cecilia Fanti es licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Es escritora, librera y gestora cultural con Céspedes Libros, una reconocida librería independiente concebida como un espacio de resistencia cultural y construcción de comunidad entre lectores. Además, integra la Cámara Argentina del Libro Independiente, desde donde defiende activamente la ley de protección a la actividad librera. Víctor Malumián, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires, editor, distribuidor y gestor cultural. Es una de las figuras más influyentes del ecosistema del libro independiente en América Latina gracias a sus múltiples proyectos comerciales y de difusión cultural. Fundó Ediciones Godot, es impulsor de la Feria de Editores y creador del Club de Lectura Carbono. 

—Estamos con Cecilia, a quien además felicitamos por su embarazo. El punto nodal de la iniciativa oficial planteada por el Ministerio de Desregulación es derogar la norma que exige que un libro tenga el mismo precio de venta al público en cualquier punto del país. Me gustaría, como introducción para la audiencia que quizás no entiende cuál es la diferencia entre que exista un mismo precio o distintos precios, que nos introduzcamos en el tema. Cecilia, abrís vos.

CF: —Bien. Bueno, muchísimas gracias. Gracias por la invitación. La normativa vigente, la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera, establece justamente esto que vos decís: un libro vale lo mismo en un supermercado, en una librería o en una juguetería, y el lector puede elegir dónde comprarlo por cercanía, por facilidad o por afinidad. Lo que se demostró, y lo que se viene viendo desde hace 200 años —porque esto no es un invento nuestro de 2001—, es que este tipo de normativa abreva muchísimo en la vida cultural de una sociedad y de una ciudad. Es decir, los países que no tienen esta normativa suelen tener una vida cultural mucho más acotada y los que la tuvieron y dejaron de tenerla no vieron una merma en los precios de los libros. Obviamente, esta ley, cuando uno lee los fundamentos con los que Leopoldo Moreau la presentó en el Senado en 2001, pone el foco en este carácter bivalente que tiene el libro. Por un lado, es un bien cultural y, por el otro, un bien comercial. Lo que los libreros y los editores entendemos muy bien es justamente ese diálogo entre el texto y el comercio, y esos son los fundamentos que presenta la ley. También el problema que tenemos hoy es que el argumento que presenta el Ministerio es más un recurso retórico que un argumento en sí mismo, porque la evidencia empírica internacional prueba lo contrario. El planteo es: "¿Ustedes no quieren libros más baratos?". Entonces solamente pone el foco en el precio, sin poner el foco en todo el entramado que hay alrededor del libro y sin mirar realmente cuáles son los costos del libro, por qué un libro cuesta lo que cuesta y por qué derogar una ley de estas características no terminaría generando un círculo virtuoso ni precios más bajos.

—Víctor, además vos estás al frente de un sello independiente y tenés la experiencia de la Feria de Editores, conocés en detalle la estructura de costos de una tirada. ¿Cómo podrías, de una manera didáctica, explicar ese complejo mecanismo entre costos, tirada y precio? ¿Qué significaría que hubiera distintos precios?

VM: —Bueno, el primer punto fundamental es que, si estamos con ganas de derogar, lo que podemos derogar es el IVA sobre el papel. Del papel que se produce en Argentina, solo el 10% se utiliza para libros. Una derogación del IVA sobre ese papel tendría un impacto muy grande en el precio de venta al público porque está al inicio de la cadena de producción. Para contar rápidamente cómo se compone un precio, supongamos que un libro sale 100 pesos, para que se vea bien.

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—¿El papel con el que se imprimen los libros se fabrica en la Argentina?

VM: —Sí, ese es otro gran tema. Hay pocos productores de papel en la Argentina; es casi un oligopolio para el papel que se usa para libros. Después, para otro tipo de pulpa, cajas y demás, el mercado es más extenso. Hay poca entrada de papel desde otros países. En eso estamos en otra desventaja internacional. Si vos comparás con el mercado español, ellos no solo tienen acceso a papel proveniente de múltiples lugares, a un precio mucho más barato y de mejor calidad, sino que además cuentan con un parque industrial de imprentas porque acceden a financiación y porque las máquinas se producen en Europa. Entonces, cada vez que entramos en competencia con España tenemos dos problemas: el papel y la maquinaria de las imprentas, son dos problemas. 

—Perdoname, viene al tema del RIGI, una discusión que tengo continuamente con distintos sectores de otra escala económica, pero quizás identifico el mismo problema. Cuando te plantean que quien entra al RIGI importa directamente todas las herramientas y maquinarias que hacen falta para llevar adelante una explotación, no paga el IVA, mientras que si las tenés que comprar acá sí tenés que pagarlo. Es decir, parte del proceso de bienes de cambio y de bienes de uso en la Argentina tiene IVA, mientras que, si se importaran directamente desde afuera, no lo tendrían. ¿Vos importás un libro terminado? ¿Tiene IVA?

VM: —Yo no importo libros, así que no sabría decirte.

—¿Quién va a creer que no?

VM: —No lo sé. No quiero decir una huevada. Yo no importo libros.

—¿El papel para libros no tendría que tener IVA?

VM: —No tendría que tener IVA. Y ahí tenés un gran impacto. O sea, si es por derogar, ahí tenés un gran impacto en la cadena del libro. Además, el otro problema es que se le quita el foco a una cuestión central: en la Argentina, desde hace varias décadas, no hay campañas de lectura ni de promoción de la lectura. Entonces, aparece la solución fácil: decir que, si derogamos la Ley del Libro, los precios van a bajar. Como bien decía Fanti, hay dos países en el mundo que derogaron su ley y los precios no bajaron. Uno fue Inglaterra y el otro fue Grecia. De hecho, el caso de Grecia es el que se usa erradamente, o malintencionadamente, porque se muestra una caída en el precio general, pero lo que no se dice es que esa desregulación se da en el marco de la gran crisis griega y que el resto de los productos caen mucho más rápido. Por ende, es muy fácil pensar y deducir —y, de hecho, en el paper del cual se toma ese gráfico se borra la línea de caída del índice de precios al consumidor— que la desregulación no tuvo ningún efecto ni ningún apalancamiento sobre esa reducción. Y, de hecho, en Grecia, pocos años después, se volvieron a establecer determinadas restricciones sobre el precio único. Toda la experiencia internacional, salvo que nosotros realmente seamos muy especiales, muestra que una desregulación no va a traer una caída de precios.

—Hay, supongo, países donde no hay desregulación, pero tampoco hubo regulación. Entonces, no sé si ahí podemos comparar. No sé cómo es en Estados Unidos, por ejemplo. No sé si es un tema que ustedes conocen.

CF: —Estados Unidos no tuvo regulación. Lo que sí podemos ver es cómo la concentración terminó llevándose puesto al mercado del libro.

—Amazon nace con los libros.

CF: —Exacto. Había dos grandes cadenas: Borders y Barnes & Noble. Borders directamente quebró; Barnes & Noble terminó reduciéndose muchísimo y esa cuota de mercado la terminó ganando Amazon para vender después otro tipo de productos: celulares, computadoras...

—Pero empezó vendiendo libros.

CF: —Empezó vendiendo libros porque no hay a pérdida.

—Como Netflix que comenzó vendiendo peliculas para videocassettes.

CF: —Exacto. Hay algo que es cierto y de lo que también se alimenta el algoritmo. Por eso está todo este gran tema ahora con la inteligencia artificial, que destruyó más de dos millones de libros y tenía un enorme hangar donde alimentaba sus máquinas. No hay mejor manera de conocer a un consumidor que a través de sus gustos literarios. ¿Por qué? Porque ahí siempre la diversidad le va a ganar a la concentración. Cuando a vos te dicen que el best seller va a bajar de precio, puede ser cierto que algunos best sellers —el 1% que está en supermercados o en grandes cadenas— bajen de precio. Lo que no te dicen es que ningún lector es solamente lector de best sellers. El lector se alimenta de esa diversidad y de esa conversación que promovemos los libreros y los editores. Entonces, el algoritmo de Amazon aprendió muchísimo de tus gustos literarios para después ofrecerte otras cosas. De hecho, a mí me pasa mucho en la librería. Vienen a buscar un libro y no siempre lo buscan para ellos; muchas veces vienen a buscar un regalo, para alguien que no conocen tanto. Y muchas veces los gustos sobre los que nosotros preguntamos no tienen que ver con libros. Tienen que ver con qué hace esa persona, a qué se dedica, cuál es la última película que vio y le gustó o a dónde viajó por última vez de vacaciones. Entonces, el libro dialoga en todos esos sentidos. Lo que termina pasando es que le estás entregando el negocio a alguien que va a ir a pérdida usando el libro como gancho. Va a usar algunos libros como gancho, porque los libros de baja rotación, que son los que tengo yo y que habitualmente representan el 70% de mis ventas, porque soy una librería mediana y especializada, mensualmente, van a tener cada vez menos puntos de venta. Entonces pierden los editores, pierden los libreros y, en definitiva, pierden los lectores.

VM: —Perdón, hay un punto interesante, para tener en cuenta, para volver a los términos económicos, que son los que le interesan al Gobierno. Si uno mira cuáles son las principales potencias editoriales del mundo, las que exportan derechos, exportan libros e ingresan divisas, encuentra que Alemania, Francia, España y Portugal tienen una ley similar. Y después hay otros países que quizás no son potencias editoriales, como Japón, Corea del Sur y Austria, que también tienen leyes similares. Porque, sino esta discusión queda muy partidizada, como si pareciera que esta ley la defiende un determinado sector político y la quiere remover otro. Me parece que en la Argentina tenemos que dejar de mirar las cosas en términos tan binarios y mirar qué hace el mundo, para ver qué podemos aprender de quienes lo hacen mejor que nosotros o igual de bien.

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—Concretamente, si los libros tuvieran distintos precios y en una librería fueran más caros que en otra, para explicárselo de manera didáctica a la audiencia, ¿qué produciría? ¿Quién se beneficiaría dentro de la cadena?

VM: —A ver, para empezar, lo importante es entender... Yo ya soy una persona que me vengo grande y me acuerdo cuando abrió un gran supermercado en Zona Norte y con la primera compra te regalaban un kilo de pan. Comenzaron regalando el kilo de pan hasta que cerraron todas las panaderías. Después el kilo de pan pasó a costar lo que ellos querían. Entonces, el primer movimiento que va a ocurrir es que un gran supermercado —o hoy un gran retail online— va a presionar para comprar por volumen y conseguir un gran descuento. Ese descuento, efectivamente, en un primer momento se va a trasladar al lector para hacer cerrar a todos los demás. Y, una vez que eso termine, el precio va a volver a subir. Algo de lo que comentaba Fanti es que, sí, efectivamente, los best sellers de la punta de la pirámide pueden bajar de precio en el corto plazo. Pero, a largo plazo, termina subiendo toda la pirámide. Eso ocurrió en el caso inglés, donde cerraron más de 500 librerías y algunas cadenas. Por eso, por primera vez en la historia, están de acuerdo tanto el CEO de Yenny como el de Cúspide, como las pequeñas editoriales y las pequeñas librerías, en que esta no es una buena idea. Porque, una vez que empiezan a cerrar los puntos de venta...

—Entonces, permitime: si Yenny, Cúspide y los pequeños están de acuerdo, ¿quién se beneficia? Mi planteo marxista: ¿a quién beneficia esto?

VM: —Probablemente sea Amazon o un cambio de sistema hacia Mercado Libre, o un retail online que tenga la capacidad de ir a pérdida durante el tiempo suficiente hasta que la competencia quede completamente desarticulada.

—O sea, la compra finalmente terminaría haciéndose a través de algo parecido a Amazon, con sus variantes argentinas.

VM: —Exacto.

—Bueno, esperemos que no sea así. Y los felicitamos por esa resistencia, que creo que a mediano plazo va a terminar demostrando ser muy útil para la sociedad. La mayoría de los países más desarrollados están prohibiendo las pantallas en los colegios primarios e, inclusive, en los secundarios, y promoviendo la lectura de libros bajo la lógica de que las pantallas tienen ventajas, sin ninguna duda, para la interacción, pero no generan la fijación de conceptos ni la memoria mientras que la lectura analógica en soporte papel sí.

CF: —Lo que siempre decimos quienes amamos los libros y nos dedicamos a esto es que el libro es una tecnología. Nos olvidamos de eso porque tiene más de 500 años y fue la tecnología más duradera. Ya nadie escucha un discman, ya nadie usa un walkman. Entonces hay algo en la perdurabilidad del libro. Cuando dicen que al libro ya no le importa a nadie, no es cierto. Son argumentos que se rebaten con la existencia misma de esta tecnología, que, con cambios muy pequeños, viene acompañándonos desde hace más de 500 años.

—Cuando salgan, acá al lado hay una máquina de impresión gigante. Por último, tenemos una Feria de Editores. Pasen el aviso parroquial, por favor.

VM: —Muchas gracias. A partir del jueves que viene, en el C Art Media, ubicado en Corrientes 6271, esquina Dorrego, de jueves a domingo, más de 330 editoriales de toda Latinoamérica, además de España y Brasil —con libros en portugués—, van a estar presentes con sus editoras y editores contando lo mejor de sus catálogos. La entrada es libre y gratuita, así que los esperamos a todos los amantes de los libros o quienes todavía creen que el papel tiene un rol que jugar.

—Victor y Cecilia, muchas gracias y mucha suerte. 

VM Y CF: —Muchas gracias