Leyrado y su interpretación de Sarmiento en el teatro: "Milei me inspira a demostrar que el prócer era su opuesto"
Juan Leyrado contó cómo fue interpretar a Domingo Faustino Sarmiento y explicó por qué encuentra profundas diferencias entre las ideas del prócer y el proyecto de Javier Milei.
Juan Leyrado llegó al personaje de Domingo Faustino Sarmiento atravesado por los prejuicios que había construido durante su juventud en torno a la figura del prócer. Sin embargo, tres años de lecturas, investigación y trabajo teatral lo llevaron a descubrir a un Sarmiento diferente: autodidacta, apasionado, inventivo y convencido de que la educación era el camino para construir un país civilizado. En su interpretación de Sarmiento en la clase, Leyrado no solo busca reconstruir al personaje histórico, sino también hacerlo dialogar con la Argentina actual.
En el marco del Día del Maestro, el actor conversó con Jorge Fontevecchia sobre el proceso de convertirse en Sarmiento, la relación entre el prócer y la educación pública y las diferencias que encuentra con el proyecto del actual presidente, Javier Milei. “Milei me inspira a demostrar que el prócer era su opuesto”, sostiene Leyrado, quien asegura que interpretar a Sarmiento lo llevó también a replantearse su propia relación con la patria. La entrevista fue realizada en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190).
Juan Leyrado es un prestigioso actor de cine, teatro y televisión que cuenta con más de cuatro décadas de trayectoria profesional, consolidándose como uno de los intérpretes más versátiles y respetados del país. Ha sido galardonado con múltiples premios Martín Fierro, tanto en el rol de actor dramático como en comedia. Participó en más de 35 películas, entre las que se destacan clásicos como Camila e Iluminados por el fuego. Interpreta a Domingo Faustino Sarmiento en la aclamada obra teatral Sarmiento en la clase. Tras haberle puesto voz al prócer en su juventud en el corto Libertador, acaba de estrenar el cortometraje Sarmiento, el maestro, junto a Carla Peterson, interpretando los últimos días del sanjuanino en Paraguay.
Juan, un gusto tenerlo acá, especialmente el Día del Maestro. Usted confesó en varias oportunidades que cuando le ofrecieron interpretar a Domingo Faustino Sarmiento, estuvo a punto de rechazarlo por prejuicios históricos de esa figura rígida que le enseñaron en el colegio. Interpretándolo, ¿le cambió algo la perspectiva? ¿Se amigó con Sarmiento?
Es extraño lo que me pasó, porque hay algo mío todavía ancestral, que es como un freno todavía. Pero, por otro lado, veo que Sarmiento fue una persona que me perdí en mis tiempos de juventud, porque conocía de él muy pocas cosas. Al conocer más, al empezar a leerlo —si bien no lo pude terminar porque es una cantidad, escribió 45 tomos enormes que son su obra completa, además de ser una gran pluma—, empecé a descubrir en él a una persona muy inventiva, alguien que realmente tenía una visión de la Argentina. Entonces me fue ganando todo lo que empecé a conocer de él, que son las cosas que no se conocen. Yo tenía lo del maestro que nunca falta a la escuela y todas esas cosas, y fundamentalmente las cartas a Mitre, esa tan conocida de no ahorrar sangre de gaucho. Todo eso, en la primera etapa mía de juventud y rebeldía, era como algo que no me permitía profundizar qué era Sarmiento. Cuando lo empecé a hacer, me di cuenta de que él tenía una idea. Tenía la idea de un país civilizado, un país donde la educación y su proyecto educativo y cultural eran la punta de lo que él quería que sea la producción de un Estado importante, grande que sin estudiar, sin aprender y sin observar era muy difícil que nuestro país crezca.
Ahora, su caracterización es maravillosa. Estamos impresionados de cómo logra la imagen iconográfica que uno tiene de él. Al mismo tiempo, Sarmiento era un romántico, apasionado en relación con las mujeres, enamoradizo; era mucho más que todo lo que nos enseñan en el colegio.
Además, era un autodidacta, no terminó los estudios. No pudo ingresar a la escuela tradicional. Empezó estudiando con su tío, después fue a la escuela y se le cortó ahí el estudio. Realmente era un autodidacta. Cuando me empecé a conectar con él, lo que más me pasaba era que tenía que hacer un personaje a partir de una propuesta que quería hacer yo. Armé un grupo para hacerla, yo necesitaba contención y un equipo que se pusiera a trabajar conmigo en profundidad para conocer a este Sarmiento. Entonces leí mucho de lo que escribieron sobre él y me fui enganchando de una manera importante, a tal punto que olvidé que lo tenía que actuar. Me pasó algo muy particular en toda mi carrera: estuve tres años trabajando a Sarmiento, leía y leía. Yo soy autodidacta también y leía con un diccionario al lado, tratando de explicarme una cosa que me llevaba a otra. Después empecé a componer cómo sería visualmente, porque la historia lo trae a Sarmiento en este momento a través de una entidad, que puede ser una universidad, para que hable ahora de su vida. Y él dice: "Voy a hablar de lo que veo yo ahora". Preparé todo eso y un día me di cuenta de que ya tenía el teatro, empecé a ensayar y se acercaba el tiempo de estrenar, y ya no sabía cómo lo iba a hacer. Me agarró al principio una duda sobre cómo hacerlo ¿Cómo hago yo a Sarmiento?. Bueno, no conocemos la voz, o sea que ahí me quedé un poco más tranquilo porque voy a hablar como soy yo. Hay retratos y pinturas donde puedo ver, entonces dije: "Hagamos un traje tal y tal, tiene que ser igual". Después me fui transformando, sin darme cuenta, con maquillaje y demás, en un Sarmiento que me acompaña un rato después de que termina la función.
A ver si le interpreto lo que nos está queriendo decir. ¿En algún momento la ficción y la realidad —que es algo que el actor siempre tiene— no logró controlarla y por momentos era Sarmiento? ¿O por un rato, después de interpretarlo, seguía Sarmiento dentro suyo?
Entiendo la pregunta, pero no es precisamente eso, porque me analizo hace 50 años y lo tengo bastante clarito a eso. Soy de la época en que hacíamos un personaje y la historia era que uno, para darse cuenta de que lo estaba haciendo, llegaba a su casa y no podía despegarse. A mí nunca me pasó eso. Acá no es que me creía Sarmiento, acá es que Sarmiento me habitaba.
Bueno, no es poca cosa.
Claro, no es lo mismo, pero no es poca cosa, porque esa es la responsabilidad de Sarmiento, no la mía: que me habite. Él quiso habitar y me habita. Pero iba a algo preciso: cuando en la primera función tuve que salir al escenario, donde se abre una especie de telón y salgo parado y estoy un tiempo así, yo hasta ese momento sabía que tenía la letra, el físico, la voz y un equipo bárbaro. Estaba la gente a la cual le tenía que hablar, porque es una clase; le hablo a la gente, la miro, le hablo a cada uno. En el momento en que se abre el telón, por primera vez en mi experiencia, me puse tranquilo porque no lo tenía todo junto, lo tenía trabajado por separado. Y ahí hizo algo "clic" y salí.
Y entró Sarmiento.
Cada vez que lo hago, entra Sarmiento, y cada vez que salgo, sale Sarmiento. Sé que esta noche va a estar de vuelta Sarmiento a las siete y media, cuando empiece la función. No lo puedo hacer solo sin él. Creo que esto tiene que ver —no lo tengo muy profundizado ni aclarado— con que me metí mucho en su vida, más que en el hecho...
Y tres años leyendo sobre un personaje.
Sí, porque además, cuando terminé de escribir una obra, dije: "Yo no puedo seguir escribiendo esto". Primero porque no soy un autor, y además porque no puedo en una hora diez contar a Sarmiento; me tengo que agarrar de otras cosas con la idea de hablar del hoy.
¿Y qué dice Sarmiento del hoy? Sin spoilear.
Primero habla de sus monumentos, de la cara de gorila. Dice: "Yo soy así". Después dice: "Bueno, la verdad es que parece que hay algunas cosas buenas ahí, no sé. Estoy sorprendido por tantas cosas que veo". Por ejemplo, me pasearon recién por la avenida Domingo Faustino Sarmiento, que me encantó, está cerca del Monumento a los Españoles. Una de las cosas que más me gustó es que está justo en el centro, pasa de punta a punta por donde estaba la quinta de don Juan Manuel. Un bello lugar me dieron. Aparte hay que reconocerle a Juan Manuel el buen tino que tuvo de plantar ombúes, que quedan hermosos en mi avenida Domingo Faustino Sarmiento.
Y además de él en la retrospectiva, ¿hay algo que diga de cómo ve la Argentina actual que pueda tener contenido político o ser interpretado en algún sentido?
Sí, se puede interpretar de ambas cosas. Sarmiento fue realmente un hombre muy discutido en muchas cosas, como sus cartas a Mitre de las que hablaba antes. Él dice: "Bueno, no sé, me recordarán porque hice 800 escuelas de la nada, y ahora hay como 63.000 escuelas; en mi época había 2 millones de habitantes, ahora hay...". Él es muy irónico con todo eso. Defiende cosas que a mí también me cuestan, porque tiene una interacción con el público, que le escribe preguntas y le dice cosas hermosas. Uno le dice: "Bueno, pero cuénteme, ¿qué es eso de no escatimar sangre de gaucho?". Que era lo que a mí más me quedaba, porque en la época adolescente y militante no se lo podía decir a nadie y estaba convencido de que era así. Él explica que estaba en guerra. Fue un momento, y tienen que entender que en un momento de guerra se dicen cosas. "No estoy arrepentido, pero las dije", expresa. Y yo pensé, cuando lo analizaba, eso fue lo que más me enganchó. Lo primero fue: "Juan, vos, hace 160 años después, ¿cuál era tu ideología en ese momento?". Me sorprendió pensar eso.
Vale esto para decir que Lincoln era esclavista o, mucho más atrás, Platón lo era. Obviamente no se puede juzgar la época con los atributos del presente, sino ubicarse en cada contexto, que es lo que me está contando que le pasó. ¿Usted vio que el presidente Milei argumentó cierta identificación con Sarmiento porque le decían "el loco" y también era una persona de un carácter volcánico? ¿Encuentra algún punto de contacto entre Milei y este Sarmiento del que ya es un especialista?
No, soy un actor. Estoy ingresando en eso y quiero aclarar que todo esto es mío.
Bueno, un amateur de Sarmiento.
Es actuación. Mañana puedo hacer a Rosas, me encantaría.
Bueno, no sería tan distinto una cosa de la otra, finalmente.
Eso me encantaría mostrar.
Lo está mostrando con los ombúes al tomar eso. Obviamente, Sarmiento nunca podría haber dicho.
Pero tomándolo el presidente o en casos así, no sé específicamente la realidad del presidente en cuanto a su salud, pero conocemos que la locura tiene varias formas de representarse. A Sarmiento le decían loco por su forma de defender lo que quería hacer. Pongamos que hasta ahí estamos y yo mismo ahora lo pienso. Hasta ahí sí podría Milei sentirse representado, pongamos. Pero lo que quería hacer Sarmiento, y lo logró, es todo lo contrario a nuestro presidente: una Argentina que realmente cuide su tierra, que la haga crecer a ella y a sus habitantes con la cultura, la educación y la escuela pública. Todas cosas que son distintas. O sea que si hablamos de una locura, podría jugar a decir que la locura de Sarmiento era la locura que puedo tener yo. Cuando de pronto, de la nada y sin conocerlo, me pongo a hacer un personaje, soy Sarmiento y hoy me encuentro en el Día del Maestro hoy, quiero saludar a todos los docentes. Hice muchos personajes en mi vida y este realmente tiene una repercusión que no me esperaba. De verdad no dije "voy a hacer a Sarmiento porque se va a vender bien", sino porque, ante la situación que estamos viviendo, quise entender bien de dónde veníamos y qué es nuestra patria. ¿Cómo se defiende la patria? Me hice mucho más patriota, me convertí en un amante de este país al que le debo tanto, desde una ideología y forma de pensar que fue avanzando, retrocediendo, fue de alguna manera cambiando, lo cual me parece justo. Obviamente a los 19 años, cuando militaba, podía hablar de Sarmiento y de Rosas a lo mejor era ese momento, pero ha pasado mucho tiempo.
Pero lo que usted dice es que de alguna manera Milei también lo inspira a hacerlo todos los días para mostrar esa diferencia. Que el país que él construye es todo lo contrario.
A militar una Argentina parecida a la que Sarmiento quería. Seguro después de 138 años de muerto, si hubiese seguido viviendo, hubiesen aparecido cosas nuevas, como pasó con Freud y Lacan. Lacan tomó de Freud, continuó y avanzó. Ahora, ¿quién hace esa continuidad en la educación pública? No precisamente el presidente de la Nación, sino los mismos docentes que luchan por esto y por lo otro. Bueno, y ahí pasó justamente en esta semana como dieron las estadísticas de
De PISA,
impresionante.
¿Dice algo Sarmiento en su obra sobre la educación actual?
Sí, totalmente.
¿Algo que se pueda decir?
Le sorprende mucho que el Estado no se ocupe de la educación como se tiene que ocupar. No es una bandera que saca de "vamos a..."; no entiende por qué, si él desde el principio decía que la única forma en que se puede avanzar es con educación, aprendizaje y pensamiento. Habla mucho del pensamiento. Hay una actriz que hace un pequeño papel, que es la que organiza y trae las preguntas. Él la agarra en un momento y le dice: "Bueno, a ver, ¿en qué piensa sobre lo que dije?". Porque él habla de todo, habla de los caudillos. La chica habla como habla una chica de ahora, no muy preparada, y Sarmiento la ubica. Ella se va porque quiere ir a un cumpleaños. Pero es teatro, Jorge.
Bueno, el teatro es lo máximo que hay.
Es teatro y además es salir al escenario. Es un acto para mí de...
¿El público qué hace?
El público sale y lo encuentra. Es muy fuerte cómo aparezco porque realmente es Sarmiento. Con el humo me vienen escalofríos, porque es la primera imagen que tengo. En vez de paralizarme por la estructura de un poco de locura que tengo también y de aventura, a mí eso me empodera. Están todos así...
Petrificados.
Muchos me dijeron lo mismo: "Vimos a Sarmiento y lo escuchamos a Sarmiento y no a Leyrado". Sabiendo que es un juego —el público sabe que es todo un juego, no va a ver a Sarmiento—, eso es lo importante del teatro: cómo juegan a convencerse de que es Sarmiento. Que es un juego, que lo juegan, se meten en el juego y eso es lo maravilloso del teatro, por eso vive tanto tiempo. Lo tienen ahí y no todos los días es lo mismo. La gente no habla, expresa un silencio de respeto a Sarmiento. Yo afortunadamente salí del silencio a Leyrado, que también tiene que ver. Sarmiento era lo que decía Sarmiento, por eso no puedo cambiar una palabra; ese fue el trabajo más grande. ¿Cómo va a hablar Sarmiento si yo no tengo claro qué es lo que está diciendo?
¿En qué teatro están?
En el Centro Cultural de la Cooperación, frente al San Martín, en la calle Corrientes. Es un teatro hermoso, con una platea hermosa para doscientos y pico de espectadores; lo que yo necesitaba, muy cómodo. Quiero que la gente en el teatro esté muy cómoda. Nos va muy bien.
¿Qué días?
Viernes, sábado y domingo. Le bajé el horario y lo puse a las 19:30 los tres días. Estábamos a las 22:00 y esto es extraordinario, porque la gente sale del trabajo, va.
Y después cena tranquila.
Es una entrada accesible.
Juan, felicitarlo, realmente maravilloso. Y decirle que en unos años queremos ver a Juan Manuel de Rosas.
Bueno, gracias. Yo lo felicito a usted, miro lo que dice y hace. Me encuentro raro estando acá, estaba un poquitito nervioso porque se tratan temas tan importantes y de una manera tan catedrática pero entendible, que no es mi especialidad. Yo soy actor.
Maravilloso lo que ha hecho, felicitaciones. Recuerde que muchas veces los actores construyen subjetividad mucho mejor que la mayoría de los periodistas. Nosotros apenas tenemos el monopolio del lenguaje verista, un pedacito del lenguaje y de la comunicación. Ustedes construyen mucho más subjetividad que nosotros.
Por eso me exijo a tratar de decir lo que siento en el momento, con mis posibilidades, y no buscar palabras que no suenan bien en mí.
Lo hace muy bien.
Lo que me encanta es lo de Rebord, a quien escucho mucho. Me dio satisfacción, porque dice cosas muy lindas Rebord de ustedes, y dije: "Qué suerte que están juntos, que hagan cosas juntos".
Muchísimas gracias nuevamente. Se nos ha acabado el programa, me hubiese quedado hablando todo el día. Voy a ir a ver Sarmiento con mucho entusiasmo.
Te va a gustar.
No lo dudo. Muchísimas gracias.
Gracias a vos.
LMM