La derrota electoral de  Donald Trump  abrió interrogantes sobre el futuro del movimiento MAGA y la capacidad del presidente estadounidense para sostener el respaldo de sus votantes. En un escenario político atravesado por la volatilidad de los electorados y el desgaste de los oficialismos, Luis Rosales analizó los errores del mandatario, el avance de nuevas figuras demócratas y el impacto de la guerra contra Irán en la opinión pública.

En diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia , por +Perfil , Radio Perfil (AM 1190), el periodista, analista internacional y consultor político examinó las razones detrás del resultado electoral y compartió la mirada de Dick Morris, asesor político vinculado a Trump. Además, advirtió sobre las dificultades del republicano para gestionar el poder y sostuvo que, aunque se desempeña bien en situaciones adversas, no sabe administrar el éxito.

 Luis Rosales es periodista, analista internacional y consultor político. Licenciado en Administración por la Universidad Nacional de Cuyo, posee un máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Belgrano. En 1989 fue elegido como el diputado provincial más joven en la historia de Mendoza y posteriormente ejerció como secretario de Turismo de dicha provincia. En el año 2000 fue agregado turístico argentino para los Estados Unidos y Canadá, desempeñando funciones desde el Consulado argentino en Nueva York. Además, fue candidato a vicepresidente de la Nación en las elecciones presidenciales de 2019 junto a José Luis Espert. 

También valdría agregar a la biografía tu estrecha relación con Dick Morris, uno de los principales asesores de Donald Trump, que motivó su triunfo en 2016 y luego hace dos años. Con una trayectoria que permite que tu opinión sea mucho más importante que la de muchos otros, ¿qué pasó con esta especie de ocaso de las ideas de Donald Trump o de pérdida circunstancial de aprobación en estas elecciones? Te escuchamos con atención, Luis.

Bueno, primero enmarquémoslo dentro de toda la decepción general que hay en los electorados, no solo en Estados Unidos, sino en todas partes del mundo. Las emociones y los apoyos duran poco tiempo. Si usted ve cualquier realidad de las democracias que funcionan bien, todo es muy volátil. Primero, hay que marcarlo dentro de eso. Y, segundo, creo que Trump cometió algunos errores. Dicen que Trump es muy bueno cuando las circunstancias son negativas, en la desolación. En el triunfo o cuando las circunstancias son positivas Trump no sabe administrar demasiado el éxito. Funciona muy bien y lo ha demostrado muchas veces a lo largo de su carrera empresarial: renace como el ave Fénix, pero desde casi la derrota. El éxito le cuesta administrarlo porque tal vez lo traiciona su propio ego, su propia megalomanía o lo que fuere. Pero fue un golpe fuerte. Ahora habrá que ver cómo esto que le estoy diciendo se traduce a estos dos últimos años de su segunda presidencia. Veremos cómo administra esta derrota. Trump empezó humildemente, usted lo vio ayer haciendo declaraciones muy contemporizadoras con el Partido Demócrata. Veremos si ese será el tono con el que sigue todo el tiempo o si, dentro de unos pocos días, retoma su habitual estilo Trump. Habrá que ir viendo sobre la marcha.

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Luis, lo que uno observa es que hay una enorme cantidad de nuevas figuras que aparecen en el Partido Demócrata, con mucha visibilidad, que todas coinciden, por diversidad de género, por ser progresistas o por diversidad religiosa, con el discurso anti-MAGA. Podríamos decir incluso con el discurso contrario al discurso antiwoke, más allá de Trump. ¿Hay un cambio de subjetividad en la sociedad norteamericana?

Puede ser, Jorge. Como le vuelvo a decir, las tendencias duran muy poco tiempo. Fíjese que MAGA duró al principio de la presidencia, después fue derrotado en la elección intermedia del primer mandato, luego fue derrotado con Biden, estuvo cuatro años afuera y después tuvo dos años nuevamente en el candelero con el triunfo de Trump y los primeros años de presidente de su segunda presidencia. Hay como un vaivén ideológico en los Estados Unidos y me parece que es similar en otras partes del planeta. Hay una tendencia de castigo a los oficialismos en todos lados. Fíjese que la ola de derecha fue reemplazando, en la mayoría de los casos, a gobiernos de izquierda que estaban mal vistos por la opinión pública. En el caso de Lula, bueno, es una excepción.

 A lo mejor Lula es el comienzo, el kilómetro cero del cambio de esta tendencia, no respecto de los oficialismos, sino de lo que era una narrativa de época.

 También puede ser, Jorge. Usted sabe lo que ocurre cuando estamos viviendo momentos trascendentes de la historia: es muy difícil ubicarse muchas veces en ese punto. Uno puede creer que son aspectos coyunturales, que se los lleva el viento, y en realidad están abriendo puertas a procesos mucho más profundos y a tendencias de mucho más largo plazo.

Lo comprendemos completamente. Por eso mismo, estos diálogos buscan que juntos tratemos de construir alguna explicación. ¿Qué dice Dick Morris?

Dick Morris dice que es una derrota que era esperable, sobre todo por el precio del combustible. Hay también una visión que uno puede tener bastante práctica: el precio del combustible hizo subir los precios de otros productos y el electorado se enojó con eso. Hubo cierta persistencia en esa situación, a pesar de que se le mandaban señales a Trump en el sentido de que era un error, en ese aspecto, la guerra contra Irán. Dick Morris califica o ubica la derrota dentro de esa circunstancia. Básicamente, respecto del cambio de tendencia, lo que señala es que al Partido Demócrata se le puede ir la mano, como se dice habitualmente, y puede llegar a elegir candidatos muy de extrema izquierda que después, para una elección presidencial, no pasan el filtro norteamericano habitual.  Ese puede ser otro punto. El Partido Demócrata, cuando pierde una elección presidencial, tiende a correrse mucho hacia la izquierda, dentro de los términos que son aceptables en Estados Unidos. Entonces, el Partido Demócrata se corre muy a la izquierda y después no pasa los filtros generales de una elección donde, por la inmensidad de Estados Unidos y el Colegio Electoral, en general se buscan soluciones más o menos extremistas. 

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J.D Vance critica el estilo de llevar adelante la guerra en Irán. Ahora me pregunto: ¿es el estilo de llevar adelante la guerra con Irán o toda guerra, finalmente, aun ganada, termina siendo siempre un búmeran para el presidente que la lleva adelante? George W. Bush también tuvo, por Irak, el vecino de Irán, otro con I, otro país que comienza con I, un Waterloo a mitad de su mandato en las elecciones para el Congreso. Y se repite ahora con Trump, con Irán. ¿Hay algo por lo que toda guerra finalmente termina siendo contraproducente electoralmente?

Bueno, acuérdese de que a Bush le costó la presidencia, la reelección.

Exacto.

 Que finalmente se metió Clinton en el medio. "Es la economía, estúpido", y ganó. Y las guerras son impopulares. Ahora, fíjese que Trump se cuidó mucho en esta guerra de no producir bajas norteamericanas. Es una guerra sin bajas, con muy pocas bajas: seis, siete, ocho, diez. No sé, algo así, contadas con los dedos de las dos manos, bajas norteamericanas. Pero, a pesar de ello, hubo repercusiones, sobre todo en el precio del petróleo. Los iraníes jugaron la carta que tenían bajo la manga, la del estrecho de Ormuz, y eso provocó un cimbronazo a nivel mundial. Pero el punto que usted señala es un punto a tener en cuenta en las sociedades occidentales: las guerras son impopulares. Eso sí.

Luis, muchas gracias. Nos mantendremos en contacto. Le mandamos un fuerte abrazo y apreciamos siempre su predisposición para con nosotros. Muy gentil.

Al contrario, Jorge. Un gran gusto. Hasta luego.

LMM