Capitalismo en decadencia

Marcelo Ramal: “Adam Smith miraría espantado el capitalismo actual que Milei defiende”

El dirigente de Política Obrera sostuvo que el liberalismo original “defendía la libertad contra las ataduras feudales”. Además, planteó que el capitalismo atraviesa una etapa de crisis estructural, marcada por “guerras” y una incapacidad de procesar sus propios avances tecnológicos.

Marcelo Ramal Foto: Cedoc

El economista y exlegislador Marcelo Ramal analizó la figura de Adam Smith en el contexto actual y sostuvo que el economista escocés “miraría espantado en qué terminó el régimen social” que supo fundamentar. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), cuestionó la interpretación libertaria del liberalismo y afirmó que la libertad que hoy se reivindica es “la furiosa libertad del capital”, ejercida “de una manera inescrupulosa y brutal” contra derechos laborales y conquistas sociales. Además, advirtió que la concentración económica convive con una competencia “más encarnizada”, cuya expresión extrema son los conflictos bélicos.

Marcelo Ramal es economista, docente universitario y político; se desempeña como profesor en la Universidad de Buenos Aires y también en la Universidad Nacional de Quilmes. Fue legislador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores. Tras la fractura del Partido Obrero en 2019, pasó a formar parte y liderar el espacio Política Obrera. 

A veces decimos que, a pesar de que el presidente a veces rescata fragmentos de Adam Smith, en el fondo Adam Smith para el presidente debía ser comunista, porque es más parecido a un socialdemócrata que a un libertario. Pero me gustaría su mirada desde una posición más de izquierda que la nuestra y poder ver si podemos llegar a algún consenso.

Creo que el problema fundamental que es que se dirime en esto tiene que ver con lo siguiente. Uno dice: “Adam Smith obviamente fue fundador del liberalismo económico", Milei es liberal, sí y no, en el sentido que defiende, como todos hemos visto todo el tiempo ideas de libertad económica, pero es iliberal en la época de declinación del orden social que él y que Adam Smith también defendió, es decir, en una época de declinación del capitalismo.

Smith funda el liberalismo y hace una defensa del capitalismo en el período en el cual se pasa del taller familiar a la fábrica, de la división del trabajo; el progreso social aparece asociado al capitalismo y Smith defiende la libertad en conexión directa con una crítica al orden social anterior, a las ataduras feudales, al vasallaje y todo lo demás.

Entonces, la libertad era la posibilidad de que los seres humanos, como compradores y vendedores, se encontraran en un mercado. Naturalmente, lo que Smith presentó como libertad va a dar lugar a otra forma de esclavitud, que es la esclavización del trabajo asalariado. Un patrón y un trabajador se enfrentan formalmente como compradores y vendedores en un mercado, en el mercado de trabajo, pero el empresario, el patrón, dispone de los medios de producción y el trabajador solo dispone de su capacidad de trabajo para vender.

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Pero en Smith todavía predomina el ataque al orden social anterior y la defensa de la libertad en oposición a los resabios feudales. Milei llega al liberalismo, por así llamarlo, en un período en el cual el capitalismo ha agotado sus posibilidades históricas. Después lo podemos debatir, a lo mejor usted se sorprende con esto, pero estamos en el mundo de la guerra, de las masacres, un mundo que no puede procesar incluso las conquistas tecnológicas que desenvuelve.

Entonces, la libertad de Milei es la libertad para avanzar de una manera inescrupulosa y brutal contra, por ejemplo, el derecho laboral, conquistas sociales que hubiera conseguido la clase trabajadora en otro período; tiene esas características, es la furiosa libertad del capital.

De dos lados, uno podría decir que se refuta a Smith en la práctica, más allá de los dichos por el propio Milei, porque de hecho Adam Smith era una persona que tenía preocupaciones por la desigualdad. Una de sus frases es: “Ninguna sociedad puede ser próspera y feliz si la mayoría de sus integrantes son pobres”.

O sea, claramente él tenía una preocupación, era igualitarista, tenía una preocupación por la excesiva desigualdad. El mercado no era absolutamente libre; para que existiera mercado libre existía la necesidad de que hubiera un Estado que regulara, combatiera los monopolios y los abusos de posición dominante.

De hecho, el presidente dice: “No existen fallas de mercado”. O sea, él considera que hasta los monopolios son buenos, o sea, totalmente en contra de la mirada de Adam Smith. Ahora, por el otro lado también, Kicillof, cuando dijo en su discurso en la apertura de sesiones, “no existe la mano invisible”, también niega, porque obviamente existe la mano invisible; si no, no existiría mercado. Lo que se debería decir es que la mano invisible no resuelve los problemas, pero que existir, existe. Me gustaría que usted nos ayude a todas las contradicciones que genera la figura de Smith.

Lo primero que quiero decirle sobre Smith: efectivamente, él rechazaba la coaligación, la monopolización, también de la fuerza laboral. Es decir, veía el problema de la monopolización como lo ve un representante del capitalismo. No le gustaba tampoco la posibilidad de que los obreros se agrupen. Este es un aspecto del problema. Luego, en relación a la mano invisible, y a toda esta reivindicación, un debate importante es si en esta época histórica de concentración del capital sigue existiendo o no el funcionamiento mercantil.

Y acá la respuesta también es contradictoria. Porque, en un sentido el mercado aparece fuertemente acotado y a veces hasta aparentemente abolido porque, digamos, en Estados Unidos siete grandes empresas tecnológicas hoy ejercen un dominio extraordinario sobre el conjunto del mercado.

Pero acá viene un gran debate histórico que inclusive se dio en las filas del socialismo, en el sentido de si esa concentración, esa monopolización, lleva a una abolición absoluta del mercado o replantea la competencia en un sentido más agudo y más encarnizado. Es decir, en el período de Adam Smith teníamos la competencia de empresas y fábricas relativamente atomizadas, y hoy tenemos la concentración y la competencia entre monopolios que tienen cada uno de ellos detrás a sus respectivos Estados nacionales.

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Es decir, la internacionalización de la producción, la globalización, no abolió el carácter nacional y también privado de la percepción de beneficios. Entonces, esta época contradictoria reúne competencia y abolición de la competencia en un mismo momento histórico. Se concentra el capital, pero al mismo tiempo compite de un modo encarnizado, y la expresión última de esa competencia son las guerras. La guerra tiene ese sentido histórico final.

Me quiero quedar con el espíritu de Smith, que a mi juicio no representa en lo más mínimo lo que Milei defiende y que traiciona el espíritu de Smith, porque a la historia hay que leerla con los ojos de la época. Entonces, si no leemos a las personas en su época y rescatamos el espíritu, sin ninguna duda, para su época, una persona como Smith, era una persona, podríamos decir, antielitista. Además, su propia vida austera, la donación que le hizo de sus bienes… entonces se trata de una persona con un espíritu de que el liberalismo lo que tendría que traer es el bienestar a la mayoría de las personas, no lo contrario. Entonces, esa es, a mi juicio, el verdadero legado de Smith. Obviamente, la lectura particular de cada una de las cosas, como podría ser en determinado momento lo que usted mencionaba respecto de la unión y los sindicatos, descontextualizada, a lo mejor no nos da el reflejo cabal de una persona que en realidad se horrorizaría, creo yo, frente a Milei. Esta es mi perspectiva. ¿Comparte usted que si Adam Smith escuchara Milei, no se sentiría representado por él?

Ssí, sin duda. Yo creo que se horrorizaría, pero tal vez se horrorizaría ante la época. Es decir, tal vez Adam Smith miraría espantado en qué terminó el régimen social que él naturalmente auspició y explicó tan magníficamente en La riqueza de las naciones. Es decir, aquello que parecía la emancipación definitiva de la sociedad humana por la vía del aumento de la productividad del trabajo, ha dado lugar a esta sociedad cruzada que ha aumentado la injusticia de manera continua en los últimos 50 años.

¿Hay finalmente una regresión respecto de las ideas de Smith en los últimos 50 años?

Desde el punto de vista de las ideas, claramente una regresión. Acá me escapo un poquito de la política y voy a la economía, a la historia del pensamiento económico. Después de Smith y David Ricardo, su gran continuador, lo que se llamó la economía política clásica vive una regresión. Particularmente la vive con más intensidad después de Marx. Porque Marx recoge críticamente el legado de Smith y Ricardo, pero  pone las cartas sobre la mesa. La riqueza social es trabajo no retribuido.

Entonces, lo que se conoció como ciencia económica ha sido un poco una versión bastarda de Smith y de Ricardo, y en esa declinación incluye a todos los padrinos ideológicos de Milei, indudablemente. Lo que se conoce como escuela austríaca es toda una versión degradada de lo que fue la economía política. Porque él hace una defensa irrestricta de la concentración, del monopolio que debe regir, algo que el propio capitalismo en su historia buscó atenuar, porque en cierto momento la monopolización puede convertirse en un obstáculo a la acumulación de capital; es decir, las leyes antitrust, la ley Sherman en Estados Unidos y todo lo demás.

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¿Milei es en realidad un representante del opuesto de Smith?

No, yo no diría de lo opuesto. Es el representante del orden social que Smith auspició, impulsó en su momento, y que hoy refleja su decadencia no solo en el plano de los hechos, sino también de las ideas. Cada época construye las personas que le calzan en forma más o menos adecuada. Y Milei es un producto de esta época de decadencia, indudablemente, en todas sus características. Ahora, siempre hay que ver el carácter contradictorio de competencia y monopolio en la economía actual.

Lo que refleja esa contradicción es que estamos en una transición histórica. Es como que la sociedad pide a gritos otro orden social, porque veamos ahora la otra cara del monopolio, que es la producción articulada, las empresas donde cada persona es interdependiente de otra y, por lo tanto, la socialización del trabajo alcanzada a niveles fantásticos. Sumemos a esto las posibilidades tecnológicas, por ejemplo, de la inteligencia artificial. Pero todas esas posibilidades se encuentran con el bloqueo de un orden social fundado en el beneficio privado.

Entonces, la transición histórica que exige la humanidad, a veces positivamente, cuando tiene en sus manos tanta riqueza tecnológica, y luego negativamente, frente a la masacre, frente al genocidio, bueno, la resolución de esa transición histórica es un orden social donde la humanidad pueda dirigir conscientemente los recursos que tiene. Esa es justamente la crítica del socialismo al capitalismo, a Smith, y hoy fervientemente en relación a un orden mundial que no se sostiene en estos términos. Yo le hago la lectura de un socialista sobre Smith, irrevocablemente.

 

RM/ff