PSICOLOGÍA Y SOCIEDAD

Por qué crecen las teorías conspirativas

Las teorías conspirativas crecen en tiempos de incertidumbre porque ofrecen explicaciones simples, enemigos ocultos y una sensación de control. ¿Por qué creemos en ellas y cómo se relacionan con la polarización y la extrema derecha?

Messi teoría conspirativa Foto: IA

Terminó el Mundial y la conspiranoia no se hizo esperar. Según un informe de Reputación Digital, un 17% de toda la conversación digital en internet refiere a teorías conspirativas sobre un supuesto complot contra Argentina. "Apretaron a los jugadores", "Infantino y su acuerdo con Europa", "El acuerdo militar entre Estados Unidos y España", "por la bandera de las Malvinas" y ya se contaron 12 teorías alternativas que explicarían la derrota ante el seleccionado español en la final de la Copa del Mundo, basadas básicamente en la arenga de Messi que se hizo viral horas después de aquel fatídico día. Cientos de miles de usuarios en redes sociales ven en las palabras del capitán de la albiceleste un intento por sobreponerse a una amenaza directa. Ese sería el único indicio (es difícil clasificarlo como prueba) que demostraría que España no ganó bien y que existió un arreglo. Ahora bien, las conspiraciones no se limitaron a la derrota deportiva: la falta de días soleados también reflotó la teoría de los "chemtrails" o estelas químicas, que apuntan a una trama mundial para envenenar a la población, alterar el clima e instaurar un gobierno planetario, todo de la mano de la conspiración madre de todas las conspiraciones, el Nuevo Orden Mundial, según la cual el progresismo, los banqueros y la izquierda siguen destruyendo Occidente e instaurando un superestado internacional. 

Qué es una teoría conspirativa

¿Qué es una teoría conspirativa y cómo se la puede distinguir de las conspiraciones reales? ¿Por qué crecen en el mundo y en nuestro país? ¿Tienen alguna relación con el auge de la extrema derecha?

Una teoría conspirativa se define como una explicación alternativa sobre un evento, proceso social o fenómeno político que atribuye la causa principal a un grupo secreto, malintencionado y poderoso que opera ocultamente en perjuicio del bien común. Funcionan de tal manera que no hay evidencia o hecho de la realidad que logre demostrar su falsedad. Al ser presentado como un complot tan secreto como poderoso, la falta de evidencia y hasta las pruebas en contra se presentan como indicio de lo clandestino del plan y de lo influyente de sus impulsores. Cualquier detractor es clasificado como una inocente víctima del malvado establishment que lo tiene embaucado o, peor aún, como un mercenario pago del statu quo.

La diferencia entre una conspiración real y una teoría conspirativa

Toda conspiración real —Watergate, el Proyecto Manhattan o cualquier trama de corrupción— es limitada, frágil y termina derrumbándose, porque los humanos somos malos guardando secretos y los sistemas complejos acumulan errores. La teoría conspirativa, en cambio, imagina complots perfectos que sostienen durante décadas gobiernos enteros, agencias de inteligencia y medios, coordinados sin una sola fisura.

La matemática de los secretos

El modelo matemático desarrollado por el físico e investigador de la Universidad de Oxford David Robert Grimes, publicado en la revista PLOS ONE en 2016, analiza la viabilidad temporal y estadística de las conspiraciones a gran escala.

A través de ecuaciones basadas en la estadística y la probabilidad de filtraciones, el estudio evalúa cuánto tiempo puede mantenerse un secreto complejo según la cantidad de personas involucradas y la tasa de errores humanos o revelaciones intencionales. Para poner a prueba su modelo, Grimes lo aplicó a cuatro de las teorías conspirativas más extendidas: el alunizaje falso de las misiones Apolo, un supuesto fraude global sobre el cambio climático, ocultamientos masivos en la seguridad de las vacunas y la presunta conspiración para ocultar una cura contra el cáncer. Sus cálculos demostraron que planes de semejantes proporciones —que habrían requerido la complicidad silenciosa de entre 200.000 y más de 700.000 personas— se habrían desmoronado y hecho públicos de manera inevitable en un plazo menor a cuatro años.

El núcleo de este análisis demuestra que la capacidad humana para mantener un secreto disminuye de forma drástica a medida que crece el número de colaboradores. Según sus proyecciones, para que una conspiración permanezca oculta durante más de una década, el grupo de implicados debe ser estrictamente menor a mil personas, lo que invalida desde una perspectiva matemática cualquier teoría que dependa de redes gigantescas de científicos, gobiernos y corporaciones operando sin grietas a lo largo del tiempo.

PRISM: cuando la conspiración era real

Entre las conspiraciones reales citadas por los defensores del teorema de Grimes está el programa PRISM, que constituyó una vasta operación de vigilancia electrónica ejecutada por la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos para recopilar de manera sistemática información sensible de los usuarios de internet directamente de los servidores de grandes corporaciones tecnológicas. Un operativo altamente clasificado que involucró a un círculo reducido de mandos directos y técnicos, antes de ser expuesto públicamente en 2013 mediante la filtración masiva de documentos secretos sustraídos por el excontratista Edward Snowden.

Desde la perspectiva del modelo matemático de David Robert Grimes, este caso encaja perfectamente en su lógica por una distinción clave: el acceso a la información estaba compartimentado. No todos los decenas de miles de empleados de las empresas tecnológicas o de la agencia sabían lo que hacía el programa globalmente; el núcleo con conocimiento pleno de la operación secreta estaba estrictamente limitado.

La prueba de que el modelo funciona es precisamente lo que ocurrió: a pesar de los intentos de control y de los protocolos de seguridad de una superpotencia, el sistema no aguantó indefinidamente. El programa comenzó a operar de forma sostenida alrededor de 2007 y terminó colapsando y filtrándose públicamente por la acción de un solo individuo, quien dio a conocer la conspiración a los seis años, cumpliendo con la regla matemática de que los secretos con redes amplias terminan cayendo en un plazo corto de tiempo.

La conspiración como identidad

A diferencia de este y otros ejemplos de conspiraciones reales, las teorías conspirativas se presentan como un aceitado engranaje de engaño solo descubierto por una comunidad de usuarios de internet que refuerzan su sentido de pertenencia por ser parte de los pocos despiertos que advierten el plan maligno.

La pandemia disparó las teorías conspirativas

El crecimiento de las teorías conspirativas no se circunscribe a la Copa del Mundo: el verdadero auge de estas narrativas en internet se desató durante la pandemia de covid en el año 2020.

Según el estudio "La pandemia manufacturada. ¿Quiénes creen en teorías conspirativas?", la llegada del coronavirus disparó números alarmantes sobre las más variadas de estas narrativas: "La principal creencia conspirativa referida por los participantes del estudio es que el virus fue creado en un laboratorio (47%), seguida por la creencia de que el virus constituye una expresión del Nuevo Orden Mundial (34,2%), una estrategia de control (20,6%), el negacionismo en torno a la gravedad de la pandemia (24%) y que la misma es fruto de una conspiración política (19,3%) o un complot de farmacéuticas para obligarnos a usar vacunas (12,5%), aunque solo algo más del 1% consideró que el virus no existe".

El problema real detrás de las conspiraciones

Pero ¿por qué las personas en diferentes lados del planeta creen en estas teorías tan extravagantes? Según el artículo "El capitalismo es una conspiración", de Lauren Fadiman, traducido y publicado en Jacobin Latinoamérica, la problemática de las teorías conspirativas reside en que parten de un problema real: hay conspiraciones.

"En su libro de 2020, After the Fact: The Truth about Fake News (Después de los hechos: la verdad sobre las noticias falsas), el crítico cultural Marcus Gilroy-Ware expone la idea de que el transaccionalismo adversarial del capitalismo es una parte clave de la política de la sospecha, porque significa nadar en aguas que sabés a ciencia cierta que contienen tiburones". Ejemplos de esta adversidad, en la que las empresas no solo engañan sino que perjudican activamente a los consumidores, pueden encontrarse en cualquier lugar donde se vendan productos.

Gilroy-Ware proporciona una lista rápida de malos actores en la cancha del capitalismo del siglo XX, desde "las tabacaleras que mienten sobre las conocidas consecuencias del tabaco para la salud, hasta las petroleras que financian investigaciones que demuestran funcionalmente el calentamiento global solo para sembrar mejor la duda sobre su existencia, pasando por Purdue Pharma, que paga a los médicos para que receten en exceso OxyContin y luego patenta un medicamento para tratar las mismas adicciones que había fomentado".

La desconfianza hacia el poder

En esta cita extensa, en la que Fadiman a su vez cita a Gilroy-Ware, se puede observar cómo la mentira de las corporaciones es una constante en la vida cotidiana. Si a eso le agregamos las mentiras probadas de los propios políticos, podríamos pensar que la percepción de que hay personas en los puestos de poder que mienten y conspiran contra la "gente de a pie" es una idea extendida.

La necesidad de recuperar el control

Por otro lado, Ailin Tomio, especialista en ciencias del comportamiento y directora ejecutiva de la firma DESPa Method, planteó que los seres humanos tenemos tres necesidades epistémicas: sentir que sabemos lo que sucede a nuestro alrededor, sentir que tenemos el control de nuestro entorno y pertenecer a un grupo. Por esta razón, las teorías conspirativas, que son explicaciones del mundo cualitativamente más simples que las teorías científicas, satisfacen las tres necesidades. Por un lado, dan una explicación última de los problemas que tiene el individuo; le dan una tarea que le genera la idea de control, que es difundir esta teoría, y lo agrupan alrededor de personas que piensan lo mismo: los terraplanistas, los grupos antivacunas o incluso quienes creen en el Nuevo Orden Mundial.

Desde el surgimiento del coronavirus hasta la actualidad, la sensación de no tener ningún tipo de control sobre la propia vida se ha extendido. Pandemia, cuarentena, crisis económica, desborde de la inflación, auge de la extrema derecha, ajuste, desempleo, polarización política hasta el absurdo ¿Cómo no sentir que nuestras vidas se nos fueron de las manos? El aumento exponencial de los seguidores de este tipo de teorías, registrado en los estudios, probablemente sea un esfuerzo por intentar recuperar el control.

Teorías conspirativas y extrema derecha

Esto se conecta directamente con el auge de la extrema derecha. Los liderazgos de ese espacio, a menudo visto como fuertes y decisionistas e inclusive, antidemocráticos, son los que en momentos de crisis se perciben como los únicos que pueden traer certezas.

LT