Memoria, verdad y justicia

Presidente de la Episcopal: “La iglesia no fue homogénea en la dictadura, tras el 2001 y Francisco se volcó hacia los pobres”

El arzobispo Marcelo Colombo advirtió que ciertas políticas económicas actuales “pueden generar más recesión y más pobreza” y llamó a fortalecer “una democracia más justa”. Además, planteó que la memoria sobre la dictadura debe servir para mirar el presente y reforzar “la atención a los más vulnerables”.

Marcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) Foto: NA

El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, afirmó que “esto no fue homogéneo” al referirse al rol de la Iglesia durante la última dictadura, y reconoció que hubo “contradicciones, silencio, falta de visión, confusión”, aunque también “mucha valentía y hasta martirio”. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), sostuvo que, tras la crisis de 2001 y con el impulso del papa Francisco, la institución profundizó su compromiso social y se volcó a “una mayor participación en la asistencia, la promoción y el cuidado de la dignidad de las personas”, con eje en “los más débiles, los descartados y los pequeños”. 

Marcelo Colombo es un destacado prelado que actualmente se desempeña como arzobispo de la provincia de Mendoza y preside la Conferencia Episcopal Argentina para el trienio 2024-2027. Fue obispo de Nuevo Orán, en Salta, elegido por Benedicto XVI en mayo de 2009. En 2013, el Papa Francisco lo trasladó a La Rioja para ser obispo de esa provincia, mientras que en el año 2018 se convirtió en el arzobispo de la provincia de Mendoza. En noviembre de 2024 fue elegido por sus pares para liderar la Iglesia Católica Argentina. 

¿Qué diría hoy Francisco si estuviera con nosotros, a 50 años del golpe militar, sobre la memoria, la verdad y la justicia?

Pienso que, más allá de la necesaria evocación que haría, propondría una mirada sobre el presente y la necesidad de fortalecer la atención a los más débiles y vulnerables, y de cuidar los extremos de la vida, los descartados, los pequeños. Creo que, por el carácter tan práctico y a la vez de tanta iniciativa y proactividad de Francisco, además de una evocación necesaria y justa, nos invitaría a esa siempre más democracia justa.

Yo recuerdo cuando entrevisté al Papa Francisco, mis preguntas sobre la época de la dictadura. Él contaba incluso que una vez hasta tuvo que interrumpir, de manera muy cortante, una conversación con Macera y las obligaciones que tenía en aquel momento de tratar de salvar personas. Me gustaría su reflexión sobre el rol de la Iglesia, que no fue homogéneo durante aquellos años.

En primer lugar, tengo que decir que yo tuve la gracia de pertenecer a la diócesis de Quilmes, de un obispo, Novak, que tuvo una destacada actuación en aquellos años y que fue, por eso, para mí verdaderamente modélico en cuanto a la presencia de una Iglesia que, en medio de la sociedad, escucha, atiende los dolores y necesidades y gestiona ese momento, haciéndose presente en el reclamo, como lo hacía en la formación de organismos como el MED, Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos.

Es decir, tuve esa experiencia. Lamentablemente sabemos que esto no fue homogéneo. Como parte de la sociedad, se vivieron las contradicciones propias de ese tiempo. El espiral de violencia, la confusión, en muchos casos la irrupción, no solo de un gobierno militar, sino de una política económica, junto con ese gobierno militar, que condicionó severamente la vida argentina para los próximos decenios. Creo que en todos los casos hubo situaciones de silencio, falta de visión, confusión, perplejidad, como decimos; pero hubo también mucha valentía y hasta martirio.

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Monseñor Angelelli, con sus mártires riojanos; los palotinos; la entrega de la vida de Monseñor Ponce de León, que espera una definición de la justicia. Es decir, hay muchas situaciones de la Iglesia, laicos, monjas, que hicieron patente los sentimientos de Cristo y la solidaridad en esos momentos duros.

Mencionó el tema económico, ¿encuentra algún punto de contacto entre las ideas de aquella dictadura con el actual gobierno?

Fundamentalmente sabemos que algunos elementos de las políticas liberales pregonan un libre intercambio, la ausencia o el corrimiento del Estado de algunas funciones esenciales. Es difícil hacer una asimilación completa, porque no corresponde: estamos en un gobierno elegido democráticamente.

Pero sí podemos decir que hay medidas que pueden generar más recesión y más pobreza, y eso es lo que nos preocupa. La analogía con los cierres de fábricas de aquel tiempo o de aquellos años, con estas últimas cosas que escuchamos, nos ponen en una atención y en una evocación más dolorosa.

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¿Se podría decir que fue un punto de inflexión en la Iglesia argentina, donde había contradicciones, y a veces supuestas, pero que luego, a partir del final de la dictadura militar, la vocación por los pobres y por los excluidos se convirtió homogéneamente en la preocupación de la Iglesia argentina?

Puedo decirle que, como todo cuerpo, tiene distintas etapas, distintos momentos evolutivos. El Concilio Vaticano II marcó un punto de inflexión muy significativo en esta misión de la Iglesia en relación con el mundo y con su presencia, sobre todo en el mundo del dolor y el anuncio necesario que se hace misión y solidaridad fraternal.

Evidentemente, la crisis, sobre todo la de 2001, y el lugar que la Iglesia ocupó, justamente de la mano de Jorge Mario Bergoglio, pero con otros protagonistas no menos importantes, nos hizo notar que había una misión que desempeñar que, junto a lo estrictamente evangelizador, se concretaba también en una mayor participación en la asistencia, la promoción y en el cuidado de la dignidad de las personas.

En este sentido, creo que fueron esos años de mucha fragilidad, una verdadera escuela para renovar las estructuras de servicio de la Iglesia en Argentina.

Me gustaría su reflexión final para la marcha de mañana.

Creo, fundamentalmente, que las marchas tienen que tener un sentido propositivo y de renovación de los compromisos más elementales con el cuidado de la vida, el cuidado de la justicia, los derechos humanos y el acceso de todos a esos derechos. Y en ese sentido creo que estas marchas expresan el deseo de la sociedad de que no se bajen los brazos y de que se complete siempre el itinerario de mayor consenso, mayor diálogo y de escucha de todos los sectores. 

 

RM/ff