La industria argentina

Presidente de la UIA: Por qué, como el alambre al retorcerlo, girar de estatismo a la libre importación destruye industria

Martín Rapallini advirtió sobre los riesgos de perder capacidades industriales durante la transición económica y reclamó condiciones para que la inversión, el crédito y las exportaciones vuelvan a ser motores del crecimiento argentino.

Martín Rapallini, en el marco del acto anual por el Día de la Industria. Foto: NA

Martín Rapallini asumió la presidencia de la Unión Industrial Argentina en un escenario atravesado por la transformación del modelo económico, la apertura comercial y una industria que enfrenta el desafío de sostener sus capacidades productivas.Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Jorge Fontevecchia conversó con el titular de la UIA sobre la necesidad de encontrar un equilibrio entre la normalización de la economía y el riesgo de perder capacidades que pueden llevar décadas en reconstruirse.

Rapallini planteó que la Argentina necesita recuperar su capacidad de transformación para generar riqueza y defendió la importancia de la industria como motor del desarrollo. En ese marco, señaló las dificultades que atraviesa el sector durante la transición hacia una economía basada en la inversión, las exportaciones y el crédito, y reclamó medidas que permitan construir un “puente” para atravesar este proceso sin generar una destrucción permanente del entramado productivo.

Martín Rapallini es abogado, egresado de la Universidad de Belgrano, y cuenta con estudios de posgrado en Marketing y Coaching Ontológico. Es el actual presidente de la Unión Industrial Argentina para el período 2025-2027. Antes de liderar la Central Industrial a nivel nacional, presidió la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires desde 2018 y se desempeñó como tesorero de la UIA. Es fundador de Talverde y Desarrollos y de la Asociación Red Parques Industriales.

A Martín Rapallini probablemente le toque la más difícil presidencia de la UIA. Y, por usar un ejemplo que se utiliza habitualmente, está el de cómo romper un alambre. El alambre, como ejemplo de cualquier pieza que mantiene una utilidad, que es retorcerlo hacia un lado y hacia el otro. En el reciente discurso de Martín sobre la capacidad para transformar, él cuenta que hubo una etapa en que el Estado trató de reemplazar la actividad privada, desarrollando una serie de capturas de renta de toda la actividad privada, aumentando el gasto público, eliminando capacidades de la industria, creando incentivos negativos para el desarrollo de capacidades competitivas, y que ahora se pasó al otro extremo: una apertura sin generar las condiciones para que la industria pueda progresar. O sea, esto de torcer hacia un lado, un twist hacia el otro y partirlo. Pero me gustaría que vos, en tus palabras, hicieras una síntesis para nuestra audiencia de la capacidad de transformar.

Bueno, me parece que es un concepto que tenemos que profundizar en la Argentina: que cuando una sociedad pierde su capacidad de transformación, pierde su capacidad de generación de riqueza. Y esto está teniendo un impacto en el mundo, ya que todos los países, sobre todo Occidente, que trasladó toda la producción industrial a todos los países de Oriente, hoy están viendo cómo estos países que tienen un gran sector industrial están disputando la hegemonía a nivel global. O sea, de alguna manera, la industria termina siendo un factor fundamental en los países y también en nuestro país. Es la capacidad que tiene una sociedad, su gente, sus empresas, de transformar bienes. Digo esto porque a veces está en discusión si es un país industrial. Argentina no es un país... Es muy bueno lo que pasó la semana pasada con Tajani, que dijo: “Italia es un país industrial”. Y yo creo que nosotros...

Somos herederos de esa cultura.

Nos delatan, JorgeBueno, esa cultura industrial que, en definitiva, tenemos que defender y también apoyar para que sea un gran factor de desarrollo. Hoy en la Argentina se habla mucho de estos factores, como puede ser la energía, la minería, usarlos como apalancamiento. Lo que yo digo es que la riqueza de un país va a ser en la medida en que la sociedad pueda apalancarse en esos recursos para seguir creciendo, desarrollar empresas, productos, etcétera.

A ver, vos lo que decís es que la capacidad de transformar recursos, que pueden ser naturales, que pueden ser humanos, en riqueza; o sea, transformar lo que está dado sin elaboración en algo elaborado que aumenta la riqueza es, como diría Adam Smith, la grandeza de las naciones. Que abandonar la capacidad de transformar lo natural, de agregarle valor a lo natural, es condenar a la Argentina al subdesarrollo. Ahora, pareciera ser que los dos extremos de las políticas económicas condenaron a la industria a lo mismo.

Ahí vamos. Por eso, cuando vos decías... Cuando el motor de la economía estadounidense está basado, por ahí, en el Estado, vos no te preocupás tanto por tener moneda, por tener crédito, por tener reglas claras, seguridad jurídica, porque de alguna manera todo gira en torno al Estado, va aumentando el gasto público, va emitiendo y sostiene el consumo de la sociedad en base al funcionamiento del Estado. En el mundo se ha entendido que cuando vos querés que el motor sea la economía privada, tenés que generar motores: tener una moneda, tener crédito, integrarte al mundo, tener las condiciones de seguridad jurídica, porque cuando vos tenés que hacer inversión privada tenés que tener la garantía de que no te van a cambiar las condiciones en el medio. Bueno, me parece que la Argentina debería ir a esa normalización. Esta descripción que te estoy diciendo es lo que pasa en Brasil, Chile y México, como países cercanos.

Pese a que tienen capacidad para tener industria porque tienen cierto grado de escala. Por ejemplo, fabrican autos solamente tres países de América Latina: México, Brasil y Argentina, porque tienen una escala suficiente para poder fabricarlos.

Pero, aparte de tener escala...

También desarrollaron capacidades.

Sí. Bajaron la inflación hace 20, 25 años, tienen ahorro interno, tienen un mercado de capitales que les ayuda a financiar las obras de infraestructura, que hoy es un debate muy complejo en la Argentina. Generan las condiciones laborales, puertos, infraestructura. O sea, vos vas construyendo un país que, básicamente, la diferencia es que los países que tienen inflación crecen al 1% —eso está estudiado a nivel global— y los países que generan condiciones para que el sector privado sea el motor crecen a un ritmo de 3,5 o 4%. ¿Eso en el término de 30 años? Es un país que es tres veces más grande. Eso es lo que pasó en Sudamérica, lo que pasó...

Entre Argentina y con nuestros vecinos en los últimos 30 años.

Exacto, exactamente. Uno ve realmente cómo...

Pero, a ver si yo interpreto de tu discurso, Martín, que es tan malo un extremo como el otro, porque finalmente no le dejás destruir las industrias que existen, que estaban adaptadas a un modelo económico que, aunque fuera negativo, era ese el modelo. Pasar a uno opuesto sin escalas termina destruyendo lo que te queda.

Ese es el problema: la transición. Porque si en la transición vos tenés... Antes el consumo se sostenía en el gasto público. Casi el 70% del consumo era gasto público o por subvenciones. Cuando vos tenés que ir a una economía que sea la inversión, que sea la exportación, que sea el crédito, estás en el medio. Tenés que pasar por una transición en la cual dejaste de gastar y, por otro lado, no tenés la inversión, porque la inversión que se está esperando de Vaca Muerta va a venir fuerte quizás en 2028. Lo que está pasando en minería también: todavía no está la inversión. El crédito, la verdad que hoy todavía el crédito sigue siendo... Pensá que Argentina tiene 15% de depósitos sobre PBI, que será 12 o 13% en crédito, contra Chile, 100%; Brasil, 90%. O sea, fueron países construidos para tener crédito. Entonces, la Argentina hoy dejó de tener estos motores y todavía el crédito no está funcionando como debería, la inversión tampoco. Entonces estamos en esta transición en la que, como digo en el discurso del 2 de septiembre, tenemos que trabajar para acompañar al sector empresario, a la gente, a pasar esta transición que está siendo muy compleja. Muy compleja.

Vos marcaste acá los números, muestran esa realidad. En materia de producción estamos 10% debajo de los niveles de 2022, con sectores que registran caídas entre el 25 y hasta el 30% respecto de hace cuatro años.

Bueno, construcción, estás con esa caída, 25%. Tenés muchos sectores que están con caídas de 20%. Y después tenés dos sectores que están empujando fuerte, que ya lo sabemos, que son la refinación de petróleo y todo lo que es la producción minera, que todavía no ha crecido el potencial que tiene, pero ya recuperó. Casi están en 7 mil millones de dólares de exportación. Eso compensa la caída. Por eso hay sectores de 25%, pero el total global es del 10% de caída.

Y paralelamente, si en estos últimos dos años, mientras los servicios aumentaron alrededor de 400% a nivel general, los precios aumentaron 190%, es decir, los servicios duplicaron el aumento inflacionario, mientras que los productos industriales aumentaron solo el 140%.

Bueno, esto también es el razonamiento de que somos la industria, el sector transable. Cuando vos abrís la economía, no se abre toda la economía. Se abre el sector de la economía que compite, el exportable e importable, los bienes. Entonces se ve claramente. Los servicios, de alguna manera, subieron, inclusive hasta por...

Uno no puede importar la luz de otro país, tenés que comprarla acá.

Exactamente. O compañías de seguro, salud, educación, transporte público, todo lo del sistema bancario. Bueno, vos tenés casi el 75% de la economía que es interna. Entonces lo que nosotros decimos es: ojo, porque en esta transición, en este proceso de normalización, vos abrís la economía porque los procesos antiinflacionarios son iguales en todo el mundo. Abrís la economía, generás cierto ajuste para frenar el dinamismo de precios, pero en estos índices se nota que realmente el esfuerzo, el que fue el ancla de la inflación, es el sector industrial de bienes. Entonces lo que nosotros decimos es: nosotros somos los que estamos soportando esto, poniendo el hombro a la inflación. Bueno, acompañar a estos sectores a transitar. Hemos tenido dificultades con la morosidad, con la energía y también con el consumo. Yo lo que he visto, y hemos estudiado desde la UIA, es este tipo de procesos que lo han tenido Israel, Brasil, todos los países. Han tenido momentos en que salieron de la inflación. Son procesos muy complejos, que hay que seguir: el proceso inflacionario, pero también hay que mirar otras variables, que lo planteo también en el discurso. Tenés que mirar la actividad, hay que mirar el empleo, todas las herramientas, porque si no vos, por bajar la inflación, podés generar una caída de actividad que puede perjudicar muchísimo al entramado, que después va a ser las herramientas con las cuales vos tenés que volver a crecer.

Decís acá textualmente, citás al CEO de Apple, Tim Cook, que dice que el desafío de producir en Estados Unidos teléfonos como el iPhone no es solamente una cuestión de costos. El verdadero problema es contar con las capacidades para producirlos. Utilizó una imagen gráfica: que si tuviera que reunir en Estados Unidos a todos los especialistas calificados que se necesitan para fabricar estos iPhone, probablemente entrarían solo en una sala, mientras que en China haría falta un estadio de fútbol para juntarlos. O sea que hay un tema de destruir las capacidades. Después, reconstruirlas puede llevar décadas y es lo que está pasando ahora.

Y yo creo que en muchos sectores vos podés perder esta capacidad, que después te lleva mucho tiempo. Esa es la diferencia, por ahí, entre la industria y otros negocios, que hay más renovación. La industria te lleva décadas, a veces familias generacionalmente, dos, tres generaciones, y después es muy difícil recuperar eso. Por eso, hoy te diría que en Italia, en los países europeos y ahora también en Estados Unidos, se le está dando un valor a la capacidad de poder transformar bienes. Creo que en la Argentina es importante poner en eje eso. Está bien bajar la inflación, nosotros no estamos diciendo que está mal, pero la verdad que es malo perder capacidades para el futuro.

¿Cómo ves el futuro? ¿Cómo te imaginás la Argentina de 2028?

Mirá, va a depender mucho de las medidas que tome el Gobierno. Si vos me decís lo que sí yo quiero, me gustaría ser un país... ¿Cuál es el objetivo? Un país que tenga baja inflación, que tenga crédito, que esté integrado al mundo, que tenga un sistema financiero que ayude a las personas a poder financiar sus actividades, comprarse autos, viviendas; a las fábricas, financiamiento para la renovación de tecnología. Un país que también baje los costos de los impuestos, que realmente hoy, lo digo ahí también en el discurso, somos récord en presión fiscal.

¿Somos o fuimos?

Seguimos siendo récord. Y ahora estamos haciendo comparaciones en el sistema productivo y nos encontramos que... Porque una cosa es el sistema impositivo a nivel general y los países están tomando decisiones justamente para los sectores transables, o sea, a los que compiten globalmente. No es que le dan privilegios. Entienden que la exigencia que tiene la industria es una doble exigencia. Vos tenés que sostener con empleo, con impuestos, dentro de la sociedad, que está bien, pero después tenés la exigencia de competir globalmente. Entonces, en esa doble exigencia, muchos países están tomando la decisión de sacarle el peso impositivo porque ven todo el impacto sistémico que genera. Sobre todo, uno lo ve mucho en el interior: cuando hay una fábrica, cómo vive el comercio, los indirectos, los empleos inducidos alrededor de la industria. Cuando esa fábrica se cierra, se pierde todo el empleo alrededor. Entonces hoy se le está dando importancia al sector productivo y hay rebajas impositivas. Cuando comparás contra Paraguay y Brasil, en el último informe que tenemos, que para producir en Paraguay tenés la mitad del costo impositivo y en Brasil, el 30% menos. En México, lo mismo, creo que el 25%. En la Argentina ahora se están sacando, Jorge, pero durante muchos años, las últimas décadas, teníamos impuestos a las exportaciones, único en el mundo. Creo que Rusia y nosotros. Un país como la Argentina, que debería incentivar las exportaciones, las gravaba.

Te escucho, Martín, y leía tu discurso y dije, en el comienzo de esta nota, que vos tenías la situación más difícil de todo presidente. Vos tenés que hacer un equilibrio entre decir: lo que antes se hacía estaba mal; lo que ahora se hace puede estar bien en el sentido general, pero finalmente termina siendo destructor de lo que pretende curar. Es como esas figuras que se hacen en medicina: sale el cirujano y dice “el paciente murió, pero la operación fue un éxito”, o esos remedios que matan al virus pero matan al paciente.

Esperemos que no.

¿Cómo terciar entre una cosa y la otra?

Muy bien. Muy buen análisis lo que vos planteás. Bueno, en eso estamos, como guía, tratando de... Por eso, en el discurso yo pedí un puente. Ese puente es tomar medidas para que este proceso, digamos, de normalización, no termine generando más dolor que el necesario o generando más destrucción.

Cuando uno escucha a economistas como Arriazu​, que son firmes defensores de este modelo económico, él plantea que la destrucción siempre es más rápida que la creación. El punto es cuánto dura esa destrucción, que no destruya de manera permanente capacidades que después no se puedan construir nunca más.

Hay muchos que hablan de la destrucción creativa y también, Jorge, yo diría: habría que leerlo a Schumpeter, porque Schumpeter, cuando dice destrucción creativa, lo que él plantea es que es el motor del capitalismo. Porque vos, cuando creás cosas nuevas, hay cosas que dejás de hacer, pero siempre no como una destrucción como el eje. Vos construís... O sea, yo hace 20 años hacía una baldosita de 20 por 20. Ahora hago una baldosa de 1,20 por 1,20. Ya no hago más la de 20 por 20, pero porque hice una nueva. Entonces ese es el motor del capitalismo, porque vos, la mejora continua... Seguramente vos, como periodista, la tecnología, fuiste mejorando cosas y dejás de hacer cosas que capaz hacías hace 30 años.

La secuencia es primero lo nuevo: vos construís y después vas desarmando lo viejo.

Va desarmando lo viejo que tiene un costo, pero en base a una construcción. Eso no quiere decir abrir la economía y que vos pierdas valores, porque eso no es destrucción creativa. Eso es destrucción económica por desventajas en términos impositivos y también dumping

Y también cambiario.

Yo creo que, sobre todo, hoy la Argentina está claro que tenemos problemas de impuestos, récord de impuestos; tenemos problemas financieros; tenemos problemas... Yo creo que si podemos resolver todos esos problemas, vamos a ser competitivos. Recursos humanos, bueno, hay que mejorar.

Eso es optimista del otro lado para 2028, 2029, 2030.

Si se toman medidas, yo creo que sí podemos hacer... Todos los procesos de baja inflación. Llegaron a dos puntos de inflación, como estamos hoy en la Argentina, y separaron... Y ahí tuviste un camino que dura dos, tres, cuatro años, dependiendo qué hacés. Vos podés ir profundizando o podés ir viendo cómo mirás otras variables. Por eso, en mi mensaje, yo soy claro: es importante la inflación, pero hay que ver la economía integralmente.

Martín, te voy a hacer una pregunta de índole personal. ¿Qué te cambió a vos salir del día a día de tu empresa y hoy dedicarte casi full time a representar a la industria, en un momento en que la industria está pasando un momento sin ninguna duda negativo en la Argentina? Las lecturas, el tiempo. ¿Qué cambió el tener que ser diplomático, el morderte la lengua en determinado momento, en poder negociar con un Gobierno en el que en determinado momento habrá partes en las que hay una situación de conflicto y callarte la boca? ¿Qué te cambió?

A mí, en lo personal, toda mi vida, quizás, tuve que hacerme cargo de una empresa quebrada en su momento, Cerámica Alberdi, y toda la vida mi idea fue que la industria fue construir puentes. No es que fue fácil. Tuve que salir siempre, tenías que rematar, hablar con proveedores, clientes, convencer. Siempre mi vida económica o mi vida laboral fue la construcción y la búsqueda de acuerdos. Así que eso, en eso, no me costó.

Sos un consensualista.

Y la forma que me he guiado en mi vida. O sea, el concepto. Y después, digamos, entonces, de alguna manera, pude organizar mis empresas. Tengo mis hijos también, que están incorporados, entonces... Y también tengo un equipo de colaboradores muy buenos que están, digamos, llevando adelante los negocios míos personales y también de la familia. Entonces puedo tomar este, de alguna manera, el lapso de cuatro años. Pero bueno, cuando termine, o si renuevo, porque tengo dos años, tendría que renovar a cuatro. Mi expectativa es poder cumplir los cuatro años y después volvería a mi actividad privada. Yo lo veo como un aporte a la Argentina, a mi país y también al sector industrial.

Y los industriales que vos representás, en su gran mayoría, ¿te cuesta consensuar entre ellos? Porque una parte está muy de acuerdo con el Gobierno, otra muy crítica con el Gobierno. ¿Se dan situaciones de ese tipo, no simplemente hacia afuera, sino hacia adentro?

Yo lo que veo es que el industrial, en general, entiende que la Argentina tenía que hacer un cambio. Tenía que... Esto que yo te acabo de escribir tenía que ser una normalización de la economía. En general, lo que ven es que hay quizás una disrupción en cuanto a las formas de este proceso y, a veces, las posturas. Pero hay una concepción. Nosotros hicimos un estudio en el cual nos da que, en general, en el rumbo de normalización de la economía hay una mayoría que quiere ir a un país normal. Sobre todo gente que viaja, que ve, no quiere estar como antes. Que no teníamos inflación altísima, no sabía si ibas a disponer de tus dólares cuando exportabas, no sabías qué inflación ibas a tener, si ibas a poder comprar, si podías pagar al exterior. Tenías juicios millonarios que, por ahí, muchas pymes, un día me llamaban por teléfono y me decían: “Tengo un juicio de 100 mil dólares”. Todo ese tipo de situaciones generan muchísima angustia. Sabía que teníamos que cambiarlo. Ahora también están preocupados por esta situación porque, como bien decías vos, estamos parados en un proceso muy complejo también impactando fuertemente, sobre todo en muchos sectores.

¿Y cómo sería eso? Porque no me gustaba lo anterior, el remedio me hace peor o igual que la enfermedad. ¿Cómo se plantea ese dilema? ¿Cómo se soluciona?

Bueno, me parece que es el gran dilema en la Argentina. Yo creo que nosotros... Yo, a veces, lo hago como un paralelismo con una situación de adicción. Tenemos adictos a drogas económicas: la emisión monetaria, el gasto público, nos tenía el consumo. Pero bueno, en algún momento tenés que ir a los motores reales y ese proceso es lo que nos está costando. Por eso, yo lo que creo es que ojalá la Argentina pueda pasar a ir a ese proceso en el cual el sector privado, como es en Brasil, en todos los países vecinos, sea el motor. Entonces, ese motor tiene que estar garantizado con legislación, con estabilidad. Hoy estamos en el medio de ese proceso. Esto también... Hay gente que dice: la Argentina cambió. La Argentina está en el medio de un cambio y hay que trabajar mucho para que ese proceso de cambio lo puedan trabajar sustentablemente y lo puedan transitar la mayor cantidad de empresas posible.

Martín Rapallini, te diría que, como corolario de esta conversación, sos el presidente de la UIA del puente, sin ninguna duda. En 2028 ahí tendría que ser reelecto y veamos qué país nos encontramos. Ojalá los puentes sean satisfactorios.

Bueno, para eso vamos a trabajar. Yo toda mi vida trabajé para construir puentes. Y ese desafío, a veces, viste, el desafío intelectual de poder transmitirle al otro los impactos, los dolores que está teniendo hoy y también la capacidad para generar propuestas que hagan posible este puente.

Martín Rapallini, muchas gracias.

Gracias, Jorge.

 

LMM