El cerebro de la nueva izquierda

Quién es el Santiago Caputo de Mamdani y Die Linke

Su nombre es Morris Katz tiene 27 años y es el estratega digital de una izquierda anti-woke.

Morris Katz Foto: Agencia NA

Su nombre es Morris Katz, tiene 27 años y es el cerebro estratégico digital detrás de los triunfos de la izquierda en Nueva York y Berlín. ¿Cuál es su secreto? ¿Es un simple asesor o lo hace por razones ideológicas? ¿Cómo logró derrotar a la derecha en su principal trinchera: las redes sociales?

Nacido en el seno de una familia neoyorquina donde la narrativa audiovisual era el idioma cotidiano, Morris Katz parecía predestinado a contar historias. Es hijo de Julie Merberg —autora y editora de literatura infantil— y de David Bar Katz, reconocido guionista y dramaturgo con trabajos en Ray Donovan, la serie American Gigolo y obras teatrales junto a John Leguizamo. Crecido en el exclusivo barrio neoyorquino de Tribeca, Katz colaboró de niño en libros infantiles y luego dio sus primeros pasos profesionales como asistente de producción y guionista. Su ingreso a la política no respondió a una renuncia ideológica al arte, sino a un giro fortuito: tras redactar un perfil sobre la demócrata Erica Smith para las primarias del Senado en Carolina del Norte, la propia candidata lo buscó sorprendida por la precisión con la que había capturado su voz y lo sumó a su equipo. Allí entendió que los guiones y el montaje audiovisual podían aplicarse para disputar el poder real en el teatro de operaciones de la política del siglo XXI: el celular.

Limpiar la cancha

“Flood the zone with shit” (llenar la cancha/zona de mierda) es el lema de Steve Bannon bajo el cual construyó la estrategia digital de la extrema derecha global. Bannon sostiene que si se abruma al público con constantes teorías de conspiración, escándalos fabricados y mentiras a velocidad industrial, la audiencia entra en fatiga cognitiva, pierde la capacidad de discernir qué es real y termina desconfiando de todo el sistema. Bajo este lema se manejaron las campañas de Trump, Bolsonaro e inclusive Milei, con su Mago del Kremlin local, Santiago Caputo.

Katz opina que responder a ese "ruido" intentando verificar datos (fact-checking) o indignándose por las mentiras de la derecha es una trampa mortal en la que la izquierda suele caer. Su estrategia para vaciar el esquema de Bannon no es limpiar la mierda con datos aburridos, sino cambiar radicalmente el eje de atención hacia la vida cotidiana. Para Katz, cuando Bannon llena la zona de contenido abstracto y tóxico, la forma de perforar ese muro es hablar de cosas hiperconcretas y tangibles: la factura de la luz, el aumento del alquiler, la frecuencia del colectivo o el precio de la comida. El impacto del costo de vida rompe la parálisis que genera la saturación de Bannon.

La doctrina Bannon que Caputo sigue al pie de la letra se apoya en la ambigüedad: la desinformación opera mejor en la penumbra de la ironía, el shitposting y las cuentas anónimas, donde nunca queda claro si se habla en serio o en chiste. Esto crea un ambiente de cinismo generalizado.

Katz se opone radicalmente a la confusión como herramienta de construcción política. Sostiene que el cinismo favorece a los poderes concentrados, porque la apatía hace que la gente no se movilice. Su propuesta en redes se basa en la honestidad radical y la narrativa épica. Mientras Bannon contamina el ecosistema para que la gente sienta que "todos son iguales y nada vale la pena", Katz busca reconstruir la fe en la acción colectiva mediante historias reales de personas de carne y hueso que muestran la cara detrás del video.

El principio de "llenar la cancha de mierda" requiere volumen masivo: granjas de trolls, cuentas automatizadas y manipulación algorítmica para simular que un discurso extremista representa a una mayoría.

Para Katz, la estrategia de Bannon crea "ilusiones contables". Reconoce que los bots generan tendencia en X (ex Twitter) y marcan el ritmo de las redacciones periodísticas, pero sostiene que los bots no votan ni marchan. Katz considera que la debilidad de la doctrina de Bannon radica en que no genera pertenencia comunitaria real, sino adicción al conflicto. Su respuesta contra el ejército de trolls de la derecha es desplazar el eje comunicacional a TikTok e Instagram utilizando creadores orgánicos: militantes y vecinos reales que producen contenido nativo.

Morris Katz, el izquierdista anti-woke

La izquierda mundial viene recibiendo críticas, tanto desde otros sectores ideológicos como de sus propias filas, por ser demasiado woke. Es decir, por prestar demasiada atención a la agenda simbólica y cultural y poco a la demanda concreta de los trabajadores. Por eso, Morris se opone por el vértice a la perspectiva woke.

Populismo económico. Ese es el término que Katz utiliza para definir su estrategia. Prefiere populismo sobre socialismo, porque la palabra socialista tiene problemas electorales debido a grandes barreras ideológicas, sobre todo en Estados Unidos. Económico porque sus campañas se basan en el costo de vida, el salario y la vivienda. No se vuelca en temas simbólicos o identitarios.

La izquierda inquilina: de Nueva York a Berlín

Morris Katz encontró en los alquileres una bandera que une a la clase media venida a menos y permeable al progresismo con la clase obrera urbana.

Esto sintetiza una estrategia electoral con candidatos visiblemente clasemedieros como Mamdani y Eralp, pero con agendas concretas, situadas fundamentalmente en el encarecimiento de los alquileres y contra la especulación inmobiliaria.

En la campaña neoyorquina de Zohran Mamdani, el principio de perforar el ruido con lo hiperconcreto se convirtió en la piedra angular del mensaje. Frente a un ecosistema donde la oposición buscaba desviar el debate hacia discusiones culturales abstractas o denuncias cruzadas, Katz centró la estrategia en cuestiones de vida cotidiana: congelar los alquileres, garantizar la gratuidad del transporte público y frenar el costo de los alimentos.

En lugar de acudir a los paneles tradicionales de televisión a desmentir ataques o redactar informes técnicos de fact-checking, la campaña volcó su producción audiovisual a formatos nativos de video vertical. Utilizaron parodias con ritmo de series populares como Law & Order o de transmisiones de la NBA para explicar cómo el precio de la vivienda afectaba al vecino común. La clave fue desarmar el cinismo traduciendo la frustración individual en causas de organización colectiva, apelando al testimonio de militantes e inquilinos reales.

Ese mismo esquema de trabajo se trasladó a las elecciones de Berlín junto a la candidatura de Elif Eralp con Die Linke. En un escenario donde la extrema derecha (AfD) dominaba las tendencias en TikTok mediante la provocación y el pánico moral sobre la seguridad pública o la inmigración, la recomendación de Katz consistió en no dejarse arrastrar a ese terreno de respuesta defensiva. La estrategia evitó el lenguaje burocrático del partido y concentró la narrativa en la crisis habitacional de la ciudad y el poder de los grandes fondos inmobiliarios. A través de creadores de contenido orgánicos, jóvenes trabajadores y activistas de barrio, la campaña de Die Linke combinó la estética del arte urbano berlinés con piezas breves en redes que conectaban de forma directa el aumento desmedido de los costos de vida con la necesidad de participar en el territorio.

Sin embargo, por otro lado, en el interior de Estados Unidos tiene una orientación distinta: disputar el voto a Trump con candidatos obreros outsiders que se opongan a la élite política de Washington. Justamente, es esta orientación la que sufrió un revés y ubicó a Morris Katz en el centro de las críticas de la política estadounidense.

Todo lo que sube tiene que bajar: Katz acusado de entregarle el Senado a Trump

Así es la vida, dijo Frank Sinatra: cabalgas alto en abril y te estrellas en mayo. Morris pasó de ser la superestrella de la izquierda mundial a ser el principal acusado de ser funcional a Trump en pocas semanas.

En el centro de la controversia que hoy rodea a Morris Katz se encuentra el colapso de la candidatura al Senado en Maine de Graham Platner, un veterano de clase trabajadora a quien Katz reclutó y posicionó como una figura demócrata por fuera de las dinámicas del sistema político. Platner debió retirar su postulación tras la salida a la luz de denuncias graves por agresión sexual, un episodio que dejó al descubierto la principal fragilidad en la metodología del estratega: haber privilegiado la autenticidad de clase y la capacidad de impacto viral en plataformas digitales por sobre un proceso exhaustivo de auditoría de antecedentes.

Lejos de abandonar su enfoque, Katz sostiene que la falla fue un error operativo de evaluación personal y no un colapso del marco populista en sí. Argumenta que el electorado de clase trabajadora continúa profundamente desconectado del discurso demócrata tradicional, dominado por el lenguaje burocrático y la superioridad moral.

El impacto del colapso de Graham Platner en Maine resulta devastador porque el Senado estadounidense se disputa voto a voto, y la banca de la republicana Susan Collins representaba una de las contenciones más viables para que los demócratas sumaran un escaño neto en su meta de recuperar el control de la cámara alta. Al tratarse de un estado históricamente disputado, una victoria en Maine figuraba como un pilar imprescindible dentro del diseño electoral del partido a nivel nacional.

La falla en el proceso de auditoría afectó la dinámica partidaria cuando Platner, impulsado por el fenómeno socialista digital, arrasó en las primarias internas desplazando a figuras moderadas del establishment local. Su posterior renuncia tras haber obtenido la nominación dejó al Partido Demócrata desarmado a pocos meses de la elección general, forzando la búsqueda a contrarreloj de un reemplazo y provocando una profunda fractura entre el ala progresista y la cúpula tradicional del partido.

Esta parálisis le entregó una ventaja táctica inmejorable a Susan Collins, quien pudo consolidar su candidatura sin desgaste presupuestario mientras el arco opositor intentaba reorganizarse. Al desmantelar la única alternativa competitiva construida en el estado, el error operativo del entorno de Katz no solo sepultó una campaña local, sino que eliminó una de las bancas clave que los demócratas necesitaban numéricamente para alcanzar la mayoría parlamentaria.

A pesar de este revés, Mamdani sigue incluyendo en su mesa chica a Morris Katz y se refiere a él como un amigo cercano y un valor fundamental en su estructura, destacando públicamente que posee una combinación "rara de crueldad táctica y principios" dentro de la política.