Estrategia del establishment

Sanae Takaichi la primera mujer al mando de Japón

El poder femenino llega a Japón, pero sin agenda feminista.

Sanae Takaichi, la recién elegida líder del partido gobernante de Japón, el Partido Liberal Democrático. Foto: AFP

En una de esas paradojas que sólo la política -y la historia- puede regalar, Japón, la cuarta economía del mundo y bastión tradicionalista del liderazgo masculino, eligió a una mujer como jefa de Gobierno: Sanae Takaichi, del Partido Liberal Democrático (PLD). Pero como en toda historia digna de investigación, el dato simple -una mujer en el poder- es solo la superficie de algo mucho más profundo.

El hito histórico en Japón

Tras más de 140 años de primeros ministros exclusivamente varones, Takaichi hizo lo impensado: rompió ese techo, ascendió a la presidencia del PLD y luego fue elegida primera ministra de Japón por el Parlamento en octubre de 2025.

Eso por sí solo es un golpe simbólico brutal en un país donde las mujeres representan apenas alrededor del 15% de los escaños parlamentarios y donde Japón quedó 118° de 148 países en el Índice Global de Brecha de Género. Pero si uno se queda solo en el titular “primera mujer…”, pierde la historia más interesante.

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1) No viene a hacer una revolución de género
Takaichi no es una feminista, ni siquiera pretende serlo. Analistas políticos señalan que su agenda no prioriza la igualdad de género y que su historial en ese campo es tibio, cuando no contradictorio. Ella misma ha expresado posiciones conservadoras sobre roles tradicionales de género.

Es más: bajo su administración, Japón sigue manteniendo leyes que hoy discriminan indirectamente a las mujeres, como la obligación de que las parejas casadas usen un solo apellido o la resistencia a permitir una sucesión imperial con emperatrices. Ese contraste -una mujer líder que no impulsa reformas feministas- es precisamente lo que vuelve la historia tan compleja.

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2) Símbolo de posibilidad en un país lento para cambiar
La presencia de una mujer en el cargo más alto es, sin embargo, innegablemente poderosa desde el punto de vista cultural. Han dicho expertos que este momento:
●    rompe el imaginario colectivo de que “las mujeres no pueden liderar al país”,

●    reduce barreras psicológicas para mujeres jóvenes que aspiran a cargos de poder,

●    y muestra que incluso en contextos patriarcales extremos, el liderazgo femenino es posible.

Es como si el sistema dijera: “Si esta mujer puede, vos también podés”. Eso en Japón —donde la política, el trabajo y la sociedad en general están permeados por estructuras jerárquicas y tradicionales— es más que una anécdota: es un punto de inflexión cultural.

3) La paradoja conservadora
Podría parecer contradictorio, pero Japón eligió a su primera mujer líder no para avanzar en igualdad de género, sino para reafirmar el poder del establishment conservador en un momento de crisis política y económica.
Esto tiene dos efectos culturales importantes:
●    Desactiva una resistencia tradicional: una mujer conservadora liderando es menos amenazante culturalmente que una mujer con un programa feminista radical.

●    Refuerza narrativas tradicionales: ella ha sido clara en que su enfoque no es “primero las mujeres”, sino “primero Japón”, alineándose con la agenda dura del PLD.

4) Una nueva narrativa global que Japón no esperaba
En Occidente, ver a una mujer líder suele asociarse con progreso social y política de género. En Japón, la llegada de Takaichi genera titulares y atención internacional —y al mismo tiempo reacciones mixtas dentro del país:
●    Quiénes miran desde afuera ven un hito de igualdad.

●    Muchos dentro de Japón reconocen que el poder político sigue siendo profundamente masculino, y que esta elección fue posible por razones estructurales, no necesariamente culturales.

Entonces… ¿qué significa realmente para la cultura japonesa?

La llegada de Takaichi a la primera magistratura no equivale a igualdad de género de la noche a la mañana. Pero sí representa:

  • Una grieta histórica en el mito del liderazgo exclusivamente masculino.
  • No necesariamente un avance automático en derechos de género.
  • Un reflejo de que el cambio puede venir por razones estratégicas más que ideológicas.

Es un signo de que la cultura japonesa está empezando a cuestionar sus límites más rígidos, aunque lo haga con pasos cautelosos y desde lugares inesperados.

RM CP