¿Qué busca Peter Thiel en Buenos Aires?
El magnate de Silicon Valley y socio fundador de PayPal llega a la Argentina como la figura estelar del foro "Vientos de cambio". Proveedor de la CIA, financista de JD Vance y teórico del "tecnocapitalismo", plantea un modelo donde la tecnología reemplaza a la política tradicional. ¿Inversión disruptiva o un experimento antidemocrático?
Hay nombres que condensan el espíritu de una época, con todas sus luces y, fundamentalmente, con todas sus sombras. Uno de ellos es Peter Thiel, un personaje fascinante, influyente y profundamente peligroso. Multimillonario de perfil peculiar (con una fortuna estimada en unos 30.000 millones de dólares que, para los parámetros de Silicon Valley, lo ubica lejos de Jeff Bezos o Elon Musk), Thiel no es un mero magnate de la tecnología. Es una mezcla infrecuente de inversor, proveedor estatal de inteligencia y pensador con obsesiones que van desde la filosofía política hasta el Anticristo.
Fundador de PayPal junto a Musk y creador de Palantir Technologies, Thiel ha construido un imperio sobre la recolección y el procesamiento de datos. Su empresa es el brazo informático no oficial del Estado profundo norteamericano: le vende servicios a la CIA, al FBI, al Pentágono y al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE). Cada interacción digital que realizamos alimenta plataformas como las suyas; información que luego sirve tanto para deportar inmigrantes como para guiar un misil en Teherán.
Sin embargo, lo verdaderamente preocupante no es solo su alcance operativo, sino su arquitectura ideológica. Thiel es el gran ideólogo del tecnocapitalismo: la postulación explícita de que la libertad y la democracia son incompatibles, y que la segunda es un sistema perimido que debe ser sustituido por el dominio de la tecnología y los datos.
Esta no es una interpretación de terceros; es su propia doctrina. En la prestigiosa publicación francesa Le Grand Continent, dirigida por Giuliano da Empoli, Thiel planteó abiertamente que la democracia es una fórmula anacrónica. Para él y sus aliados políticos —entre los que se cuenta el vicepresidente norteamericano JD Vance—, el debate global ya no pasa por izquierda versus derecha o democracia versus autoritarismo, sino por la política frente a la tecnología. Una tecnología que, casualmente, les pertenece a ellos.
El Estado predictor: gemelos digitales y la sombra de Palantir y Peter Thiel
En las últimas semanas se confirmó su desembarco en la Argentina. Thiel no solo adquirió una propiedad en Barrio Parque —convirtiéndose en vecino de Susana Giménez—, sino que será la figura central del foro "Vientos de Cambio", organizado para septiembre por la Fundación Libertad y Progreso, conducida por Agustín Etchebarne. El encuentro contará con la presencia estelar de los ministros Luis Caputo y Federico Sturzenegger.
Desde la usina libertaria celebran la visita bajo el lema de "las ideas que están cambiando la Argentina", definiendo a Thiel como un visionario capaz de anticipar transformaciones culturales. Pero vale la pena detenerse a examinar qué significan exactamente esas transformaciones.
Expertas europeas como Francesca Bria o, en el plano local, la doctora Elisa Carrió, vienen advirtiendo sobre el impacto de la llegada de Palantir y sus lógicas de control a los sistemas públicos. El riesgo no es abstracto: en Gran Bretaña ya se desató una enorme controversia tras otorgarle a Thiel el manejo de los datos del sistema informático de salud pública (NHS).
¿Qué busca Thiel en Buenos Aires? ¿Somos el destino de una inversión transformadora o el terreno de prueba para un experimento social y político?
La fascinación que genera en sectores del gobierno resulta, en el fondo, dolorosamente consistente. Silicon Valley mutó: pasó de aquel liberalismo clásico de la era Obama a una alianza estrecha entre el populismo conservador y la inteligencia artificial. Ese maridaje alumbró una corriente que busca reemplazar el voto popular, la deliberación ciudadana y las instituciones republicanas por el control social de los algoritmos.
Si la democracia sigue siendo el único método pacífico y plural que tenemos para convivir y resolver conflictos, la doctrina de Peter Thiel representa una amenaza directa. Que sea recibido con aplausos por la dirigencia política local debería encender, al menos, un par de alarmas.
MEG