opinión

La reconstrucción bonaerense empieza por una nueva cultura política

“El aparato político continúa funcionando como refugio del kirchnerismo y de los que dicen enfrentarlos pero son sus históricos aliados.”

PBA distrito clave. Tiene el 37% del padrón electoral nacional. Foto: cedoc

Durante décadas venimos escuchando que la Provincia de Buenos Aires es imposible de transformar, de cambiar. Incluso de aquellos que se postulaban para hacerlo. No podemos negar que es complejo: su tamaño, su estructura, sus capas geológicas y sus problemas políticos y sociales pueden dificultar cualquier intento serio de reforma. Pero si Milei lo está logrando en el país, ¿quién puede animarse a decir que en la provincia sería más difícil? 

La realidad tampoco puede escapar a la siguiente afirmación: la Provincia no fracasa por falta de recursos ni de potencial, de territorio, de recursos humanos o porque sea imposible generar reformas que impliquen un avance o mejora, sino que fracasó hasta ahora porque fue gobernada por una estructura diseñada para sostenerse en sus privilegios, expandir burocracias que generen el desaliento propio de una máquina de impedir y eternizar la casta en todas sus acepciones. 

Este abandono provincial encuentra su auge en el gobierno actual de Axel Kicillof. La Provincia acumula una crisis de seguridad, una deuda creciente, un deterioro sostenido de la infraestructura y servicios públicos incapaces de dar respuesta a las necesidades más básicas de los bonaerenses. A eso se suma una estructura estatal cada vez más pesada, una tradición clientelista y populista hacia el bonaerense, una burocracia que se expande sin mejorar la gestión y un gasto millonario destinado a pauta oficial y propaganda política entre otras cosas. El orden de prioridades está alterado, su reordenamiento debe ser producto del sentido común que en base a lo justo y equitativo atendiendo al bien por sobre el mal, fácil de juzgar a la hora de aplicar decisiones morales que contribuyan al beneficio de la mayoría, permita darle un futuro de grandeza a provincia más grande y rica de Argentina.

Por eso la discusión de fondo no pasa solamente por quién gobierna, sino por la cultura de la organización política que lo hace. Gobernar una provincia que concentra casi el 40% de la población argentina exige mucho más que ganar una elección. Exige construir capacidad política, territorial, técnica e institucional para impulsar transformaciones profundas y sostenerlas en el tiempo. Pero también exige una transformación de fondo que empieza por la moral y la conducta política. Por el ejemplo.

Esa es la discusión de fondo que Javier Milei puso sobre la mesa al demostrar que la política puede volver a ser una herramienta para mejorar las condiciones de vida, incluso cuando lo hace por inacción, por no molestar al ciudadano, y no simplemente para administrar el poder. Esa misma lógica debe comenzar a reordenar la política bonaerense.

En la Provincia de Buenos Aires decidimos construir esa capacidad. La Libertad Avanza cuenta hoy con liderazgos y representación en los 135 municipios, integrada por concejales, consejeros escolares, legisladores, coordinadores territoriales, jóvenes, equipos técnicos y profesionales y muchos afiliados y militantes que trabajan bajo una misma visión, construir equipos y organización con una cultura de poder completamente distinta y bajo la lógica de liberar a la Provincia de Buenos Aires del modelo que la estancó durante todos estos años.

Bajo ese contexto, impulsamos más de veinte Mesas de Trabajo Provinciales para diseñar reformas estructurales, conformamos un Foro que coordina el trabajo de casi 400 concejales de La Libertad Avanza y consolidamos una red de consejeros escolares que fortalece nuestra presencia en todo el territorio. A su vez, seguimos realizando encuentros con cada sector para evaluar las distintas problemáticas que hoy provoca la situación caótica de la Provincia y abordarlas de forma coordinada con los distintos equipos. Equipos de las mesas de trabajo por temas, de la escuela de formación, de la organización de profesionales, de jóvenes y de docentes del espacio.

Y si hablamos de reformas, la Provincia las necesita con urgencia. Porque si hay un lugar donde la degradación del Estado adoptó una forma estructural, persistente y costosa, es precisamente Buenos Aires. El aparato político continúa funcionando como refugio de la casta tradicional del kirchnerismo, y de los que dicen enfrentarlos pero son sus históricos aliados, priorizando cajas, cargos y estructuras antes que resultados para los bonaerenses. No les importa. La degradación ha llegado a lugares asquerosos, donde la dignidad es para ellos una moneda de cambio. En nombre de la gente se ponen el traje de defensores de principios indiscutibles, mientras se roban el futuro de todos apostando por un paso efímero que les deje suficiente ganancia como para vivir sin trabajar nunca más. Lobo con piel de cordero.

Por eso la discusión no puede agotarse en un simple recambio de nombres. Hace falta rediseñar el funcionamiento mismo del Estado provincial. Y eso debe traducirse indefectiblemente en una reforma constitucional. La unicameralidad, la reducción del gasto político, los límites al endeudamiento provincial, la reforma política y su sistema de votación, la modernización institucional, los organismos de control y auditoría, y la revisión de una justicia independiente deben formar parte de ese debate, y sin duda forman parte de un cambio cultural para reducir los niveles de corrupción, el gasto desenfrenado y la ineficiencia del Estado, sin importar contra qué caja política atentemos, ni quién la maneje. 

Ese mismo criterio también debe trasladarse al plano tributario. Durante demasiado tiempo los municipios encontraron en las tasas una herramienta para compensar su propia ineficiencia. Una tasa existe para financiar un servicio concreto. Cuando ese servicio no existe, cuando la contraprestación desaparece y solo queda la recaudación, deja de cumplir su función y se transforma en una carga injustificada para quienes producen, trabajan y generan empleo. Exponer esa distorsión y corregirla también forma parte de la transformación que necesita la Provincia.

Gracias a la coordinación partidaria, impulsamos cientos de iniciativas legislativas para eliminar tasas municipales injustificadas, reducir la presión tributaria y eliminar regulaciones que solo encarecen la producción y desalientan la inversión. El 10% de los proyectos presentados ya obtuvieron resultados, esto sin tener en cuenta las distintas judicializaciones a raíz de denuncias del propio sector privado por tasas sin contraprestación, y seguiremos dando la batalla en los concejos y en la discusión pública. 

Queremos una Provincia con menos impuestos y más inversión; con menos burocracia y más producción; con menos privilegios políticos y más oportunidades para quienes trabajan. Reconstruir la Provincia es posible. Consiste en reemplazar su sistema y su cultura política por otra. Una donde el Estado vuelva a estar al servicio del bonaerense, donde los municipios compitan por atraer a los vecinos, que son su primer inversor, le provean seguridad, servicios decentes y una política que deje de proteger estructuras y empiece a producir resultados.

Es nuestra responsabilidad darle al futuro Gobernador de la Provincia de Buenos Aires el mejor y más transformador plan de gobierno posible. La Libertad Avanzó en todo el país gracias a Javier Milei y debe avanzar en la Provincia de Buenos Aires.

*Diputado nacional, presidente de La Libertad Avanza PBA.