Desde la reforma de 1994, los distintos gobiernos argentinos mostraron diferentes niveles de estabilidad en sus gabinetes. Un análisis de las gestiones presidenciales revela que el Ministerio de Economía fue por lejos el área con mayor cantidad de reemplazos, lo que subraya lo obvio: la mala performance del país en este aspecto central de la organización social, mientras que el Ministerio del Interior se mantuvo como una de las carteras más estables. Producto del preponderante papel que desempeñan los gobernadores en el juego político de un federalismo híbrido.
Sin embargo, otro actor –la figura del Jefe de Gabinete, art.100 de la Constitución nacional- fue pensando por los reformadores para captar ese mayor dinamismo, reducir las esquirlas que ese juego político provoca sobre el ejecutivo funcionando como fusible obligado, y en menor medida, atenuar el presidencialismo del sistema político argentino. Designado y removido por el Presidente, tiene a su cargo la administración general, coordina el trabajo de los ministros y ejecuta las decisiones del gabinete. Debe concurrir al Congreso una vez por mes para informar sobre la marcha del gobierno, aunque como ha revelado un trabajo del Cippec (hasta el 2019), en ningún periodo se ha cumplido con la totalidad de las sesiones establecidas por norma siendo el 2014 y el 2017 los de mayor observancia y Jorge Capitanich el de mayor asistencia. Puede ser removido mediante un voto de censura de la mayoría absoluta de las Cámaras, lo que como hemos visto no suele ser nada sencillo. Emula con dificultades a un primer ministro de los sistemas parlamentarios en uno fuertemente presidencialista. Ya se sabe: los trasplantes organizacionales suelen dar problemas.
La historia marca que el poder e influencia del Jefe de Gabinete de Ministros (JGM) dependen de la relación entre su cercanía (o no) con la figura del Presidente y el contexto político de cada gobierno. Durante el segundo mandato de Menem (1995-1999) hubo dos JGM, dos ministros de Economía y un único ministro del Interior, Carlos Corach. En la presidencia de De la Rúa, interrumpida a los dos años, se registraron dos JGM, tres ministros de Economía y dos ministros del Interior: Storani y Mestre. La gestión de Néstor Kirchner presentó una marcada estabilidad política, con un solo JGM, tres ministros de Economía y un único ministro del Interior, Aníbal Fernández. Durante los dos mandatos de Cristina Fernández se produjeron cinco cambios tanto en la Jefatura como en el Ministerio de Economía, mientras que el del Interior permaneció bajo la conducción de Randazzo. En el gobierno de Macri hubo un único JGM cuatro ministros de Economía y un solo ministro del Interior, Frigerio, y en el de Alberto Fernández se registró tres JGM, tres ministros de Economía y un único ministro del Interior, Wado de Pedro.
El actual gobierno rompió todos los records en esta materia, en tan sólo dos años cambió cuatro veces su JGM y dos, el del Interior: Francos y el designado Santilli aunque mantuvo estable a su ministro de Economía, eje central del modelo. Pero se suma una innovación que puede resultar costosa al concentrar en una sola partida la programación estratégica del Gobierno y la tan preciada vinculación multiactoral y multijurisdiccional de un clásico Ministerio del Interior. Los desafíos para el cargo son evidentes: el de ser un mero fusible (habiendo sido el principal espacio de recambio del gobierno), o el de consolidarse como un verdadero coordinador de la gestión, o ser un articulador de acuerdos redituables no sólo para el propio Gobierno sino también para las aspiraciones eleccionarias del detentador del cargo. En un escenario competitivo, que muestra las tensiones internas de una administración que ejerce buena parte de su poder desde la informalidad, –el de Karina Milei- que tiene mucho más de Jefatura que de Secretariado, y es pieza central de la toma de decisiones. Sin duda, grandes desafíos para grandes concentraciones de poder.
* Politóloga y ** Dra. en Teoría Social y Política.Socióloga.