Etiquetado frontal

Los riesgos de su derogación

El objetivo de los octógonos es advertir sobre excesos que pueden pasar inadvertidos.

Sellos. La gente los utiliza para orientar sus compras. Foto: cedoc

La Ley de Etiquetado Frontal (27.642) sancionada en 2021, volvió a instalarse en el centro de la discusión pública desde que el Ejecutivo intenta derogarla. ¿El argumento? La necesidad de reducir costos y exigencias operativas para la industria, seguido de la conformación de un sistema que consideran nutricionalmente más “consistente y adaptable”.

Los defensores de los cambios sostienen que la normativa genera costos para las empresas, limita ciertas estrategias comerciales y requiere revisiones para adaptarse a nuevos criterios técnicos. Del otro lado, quienes apoyamos su continuidad, y a pesar de considerar que es una ley perfectible, creemos que los sellos de advertencia permiten identificar de manera rápida aquellos productos que tienen exceso de azúcares, sodio, grasas saturadas o calorías, brindando la posibilidad al consumidor de tomar una decisión de compra de manera más informada.

En un contexto mundial donde el sobrepeso y la obesidad continúan siendo los principales desafíos de salud pública, la pregunta debería considerar qué consecuencias tendría para nuestra sociedad la debilitación de una política que promueve una alimentación más saludable.

Hay que recordar que en 2021, Argentina se sumó a una tendencia internacional impulsada por organismos de salud pública que buscaba enfrentar uno de los grandes desafíos sanitarios del siglo XXI: el aumento sostenido de enfermedades crónicas no transmisibles vinculadas con la alimentación, como la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares. Hasta ese momento, la información nutricional solo estaba disponible principalmente en tablas ubicadas en la parte posterior de los envases.

Pocos años después de la reglamentación de la norma, diversos estudios demostraron que los consumidores reconocen los sellos, comprenden su significado y los utilizan para orientar sus compras. Un relevamiento del Ministerio de Salud encontró que el 43% de las personas comenzó a considerar los octógonos al momento de elegir alimentos, mientras que más de la mitad afirmó haber modificado su intención de compra en categorías como bebidas y galletitas. No se trata de un dato menor. 

Durante décadas, muchas elecciones alimentarias estuvieron guiadas por mensajes publicitarios, envases atractivos o percepciones construidas por el mercado más que por información nutricional objetiva: los octógonos contribuyeron a equilibrar esa relación. Las galletitas de agua funcionan como uno de los ejemplos más ilustrativos ya que con la aparición de los sellos, en los paquetes quedó en evidencia que, algunas variedades, contenían cantidades elevadas de sodio o grasas. La información siempre estuvo allí, pero los octógonos lograron hacerla visible para millones de personas. 

Lo mismo ocurrió con numerosos productos dirigidos al público infantil, que construían una imagen saludable mediante personajes o colores, pese a contener cantidades importantes de nutrientes críticos. La ley no prohibió esos productos. Simplemente permitió que el consumidor contara con más herramientas para evaluarlos.

En tanto, entre las críticas más frecuentes, se señala que el etiquetado frontal evalúa nutrientes que deben limitarse, pero no destaca aquellos que sería conveniente promover. Una lata de atún, por ejemplo, puede presentar un sello por exceso de sodio sin que el envase informe de manera destacada que también aporta proteínas de alta calidad y ácidos grasos omega-3. Sin bien son observaciones que merecen ser consideradas, no constituyen argumentos suficientes para eliminar el sistema, sino para perfeccionarlo. Sería un error confundir las limitaciones de una herramienta con una razón para descartarla. El objetivo de los octógonos es advertir sobre excesos que pueden pasar inadvertidos. Y en ese sentido, la evidencia disponible indica que cumplen adecuadamente su función.

*Nutricionista.