Figuras trascendentales

Messi y Maradona, vidas paralelas y dos formas de ser argentino

A 40 años del Mundial de México 1986 con la mano de Dios y con Lionel Messi otra vez en el centro de la escena mundial, una reflexión sobre las similitudes y diferencias entre las dos máximas figuras de la historia del fútbol argentino.

Messi y Maradona Foto: CEDOC

En esta mañana solo se habla de un tema, se habla de Messi. Como alguna vez ocurrió con Maradona aquel 22 de junio, hace exactamente 40 años, en 1986, con el día del famoso gol de la Mano de Dios.

Messi es el tema del día, aun considerando que ayer, ni más ni menos, renunció el primer ministro Keir Starmer. Sin embargo, aquí en Londres esta ciudad está directamente obnubilada con la figura de Messi, como tal vez lo estuvo hace 40 años con la de Maradona.

También se me ocurrió recordar a Plutarco, el autor del famoso libro llamado Vidas paralelas, un historiador griego que hizo una serie de biografías de personajes célebres griegos y romanos emparejados por alguna similitud, por alguna tarea común. Y al final él encontraba elementos distintivos en ambos personajes.

Él comparaba cuarenta casos. Por ejemplo, Demóstenes con Cicerón, o Alejandro Magno con Julio César.

Yo pensaba esta mañana si es posible establecer algo distintivo entre Messi y Maradona, en lo deportivo, en lo personal e inclusive en lo político. Seguramente no, pero...

Las vidas paralelas entre Lionel Messi y Diego Maradona, ambas figuras trascendentales en el mundo del deporte y ambas figuras, curiosamente, muy impactantes en el Reino Unido.

Messi cumple mañana, 24 de junio, 39 años. Nació el 24 de junio de 1987 en un barrio rosarino llamado Las Heras, en la provincia de Santa Fe. Su padre es Jorge Messi, de quien se ha hablado mucho últimamente por razones desafortunadas. Era capataz de una fábrica de acero. Su madre, Celia, era empleada de una fábrica de imanes.

A los 11 años le diagnosticaron un déficit hormonal de crecimiento, y a los 13 años el club Barcelona se comprometió a cubrir el tratamiento, que para la familia de Messi era imposible de afrontar, a cambio de su incorporación al club. Jugó allí 17 temporadas.

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Fuera de la Selección, Messi ganó 8 Balones de Oro; ganó 4 Ligas de Campeones de la UEFA; ganó 10 Ligas Españolas; ganó 7 veces la Copa del Rey; ganó 2 veces la Liga Francesa; ganó 1 vez la Copa del Mundo —y ojalá sean dos—; ganó 2 veces la Copa América y copas y torneos en Estados Unidos.

Su vida está relacionada con la discreción, el profesionalismo y su vida familiar. Y es un personaje hoy en día de orden mundial.

Tratando de establecer una comparación entre ambos, entre Messi y Maradona. Ambos tuvieron maneras distintas de atravesar la gloria deportiva, que la tuvo Maradona y la tiene Messi.

Ambos llegaron al máximo nivel mundial siendo muy jóvenes, aunque en Maradona eso produjo un impacto más dramático.

Ambos tuvieron la responsabilidad, si no la carga, de representar a la Argentina en la Copa del Mundo. En ambos casos ha sido una carga, sobre todo para Messi al principio, cuando se lo acusaba de anti argentino y otras estupideces.

Pero sus trayectorias personales, su modo de jugar al fútbol, sus temperamentos e incluso sus posiciones políticas difieren mucho.

No soy un especialista en periodismo deportivo y esto es una especie de observación preliminar, procurando establecer un paralelismo como el que estableció Plutarco, alguna conexión, algo distintivo de ambos personajes.

Maradona tuvo, a simple vista, una existencia pública turbulenta y completamente volcánica; mientras que Messi, su antítesis en este caso, construyó una imagen de extrema discreción y estabilidad.

Más que una imagen de estabilidad y discreción, creo que evidentemente es una persona discreta y estable, y eso está proyectado en su imagen. No parece marketing. Como tampoco era marketing lo de Maradona, que era su antítesis: era turbulento y volcánico.

Desde el punto deportivo, Maradona tenía una capacidad extraordinaria de desequilibrar un partido de fútbol, no importa cuál, un partido mundial o un partido en el Napoli, solo. Maradona era solo, su capacidad era una capacidad individual. Y de hecho ganaba solo.

Sin embargo, Messi, que presenta una enorme longevidad deportiva y hace 20 años que es el número uno, tiene no solo capacidad de hacer goles sino también de asistir. Y los especialistas sugieren que nunca ha habido algo igual, con esa capacidad de hacer goles y de asistir.

Si Maradona era un gladiador solitario, Messi resulta en el plano deportivo un personaje más asociativo, se lo ve más conectado con el equipo.

Vi un artículo recientemente que decía que Messi va por la cancha y mira, hace una inspección. Yo no había advertido eso, esa capacidad de caminar como una especie de loco suelto. Camina y mira, y está construyendo el partido de manera asociativa, a diferencia de Maradona, que era un gladiador solitario.

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Por supuesto que Maradona convirtió su vida en una secuencia de excesos y redenciones, atravesado por la droga, suspendido por doping, preso, extrovertido, escandaloso. Expuso sus conflictos y sus excesos a la opinión pública e incluso el juicio por su muerte ha sido escandaloso. Maradona siguió siendo escandaloso aun muerto.

Sin embargo, Messi, su antítesis, es reservado, de muy bajo perfil, alejado de las polémicas mediáticas, con la misma pareja desde hace muchos años, casado desde 2017 y con tres hijos. Digamos que administró su fama con prudencia y con cautela.

Aquí vemos una antítesis entre ambos en el plano futbolístico: un héroe individual contra un jugador de equipo; y un Maradona excesivo frente a un Messi prudente, cauteloso, reservado y familiero, un término que los argentinos ponderan mucho.

Maradona también fue una figura política. Recuerdo haberlo entrevistado en la televisión una noche en el canal América, con él apoyando la reelección de Carlos Menem. Manifestó su apoyo político de manera contundente. Luego convirtió a Fidel Castro en su segundo padre, se tatuó su figura en su cuerpo, tuvo mucha relación con personajes como Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Evo Morales y los Kirchner, y fue de alguna manera una contracara deportiva y política de Mauricio Macri.

Su antítesis, Messi, se ha cuidado de pronunciar comentario alguno sobre temas políticos y se ha mantenido al margen de las controversias, a pesar de que la Argentina lo empujó a algunas, tal vez contra su voluntad.

Tal vez esto se explique porque Maradona y Messi pertenecen a épocas muy distintas del fútbol. Si comparamos aquel Napoli volcánico de hace 40 años con esta época, donde el fútbol es más corporativo, está más globalizado, donde se gestiona más la imagen y donde los patrocinios resultan determinantes, Messi está más acomodado a esta época más empresaria del fútbol.

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Messi y Maradona representan dos cumbres del deporte mundial, alcanzadas ambas por caminos dramáticamente contrapuestos. Uno a través del desborde y el otro a través del profesionalismo.

Son dos formas de ser argentino, porque Messi y Maradona representan a la Argentina, tal vez nos representen más que los políticos. Son nuestras figuras públicas.

Maradona era un drama en su vida y era un drama en la cancha. Representaba una tragedia, un drama, tanto en su vida privada como pública. Messi parece lo contrario, parece hasta disciplinado. Ayer fue más que elocuente. Estamos en presencia de dos cumbres contrapuestas que, al mismo tiempo, representan dos formas de ser argentino.

Y esto se confirma por el hecho de que ha ocurrido algo interesante, si cabe la palabra, seguramente inapropiado o estúpido, que es que los argentinos hemos empujado a ambos a la grieta.

Maradona representa simbólicamente a un sector de la política y Messi representa a otro, y eso es bastante visible.

No comparto ese punto de vista. Considero que ambos han sido geniales, considerando sus épocas y los problemas de Maradona, que puedo entender naturalmente.

Los argentinos hemos empujado a los dos a una grieta ridícula, siendo que Messi representa de algún modo a los liberales y Maradona representa a los kirchneristas.

Finalmente, son dos modos de representar a los argentinos.

Messi y Maradona, vidas paralelas.

 

AS/ff