Odas al centro
La racionalidad es un elemento infrecuente en la política argentina. Aun así, la reconfiguración de la política abre un panorama donde la moderación puede ser elegida por la sociedad.
Durante las últimas semanas se ha venido llamando la atención acerca de las distintas reuniones celebradas entre diferentes referentes de la oposición, en aras de contemplar la posibilidad de confluir en un armado político de cara a las elecciones del año próximo. Más allá del escepticismo imperante en torno a esa posibilidad, tal vez convenga detenerse a analizar las implicancias de la iniciativa.
Para una sociedad que todavía exhibe una fuerte adhesión al pensamiento mágico, como podría sugerirse a partir de la multiplicidad de nombres en danza que alimentan las especulaciones de periodistas y líderes de opinión respecto a futuras candidaturas que parecen adentrarse en la disputa sobre quién promueve al mejor outsider, el mero hecho de que algunos dirigentes hayan optado por anteponer la discusión sobre la agenda y los principales desafíos del país antes que en torno a las candidaturas, parece un hecho a celebrar dada la excepcionalidad de este enfoque en nuestra cultura política.
No menos significativo resulta el hecho de que, a juzgar por el perfil moderado de los principales impulsores de estas iniciativas (Miguel Pichetto, Nicolás Massot y Emilio Monzó), podría argumentarse, con la debida prudencia que impone la historia reciente, que la avenida del medio conserva al menos cierta vitalidad. Tal vez incluso podría aventurarse que, al menos desde los objetivos propuestos por algunos de los protagonistas de la iniciativa, nos encontremos en la antesala de una reconfiguración del mapa político. Desde esta perspectiva, se alude como referencia la experiencia asociada a la alianza del actual mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y el expresidente Fernando H. Cardoso. Se trata de un proyecto que se asume de carácter frentista, y desde el cual se manifiesta la voluntad de convocatoria a referentes de distintas expresiones tales como el PRO, la UCR y hasta algunos dirigentes que han acompañado la propuesta de La Libertad Avanza en un comienzo.
Es indudable que las referencias a aproximaciones del pasado invitan a la cautela. Pero más allá del mayor o menor éxito que pueda proyectarse en torno a esta construcción, quizá convenga reparar en su impacto de cara a una posible reconfiguración del mapa político nacional. Se impone en este contexto evocar la referencia a las expresiones del extraordinario sociólogo argentino Juan Carlos Torre, quien había preanunciado ya hace algunos años que “al Justicialismo le llegó su 2001” y tal vez “el peronismo empiece a caminar con sus propios pies y se despoje del blindaje de 15 años de kirchnerismo”, como señaló en una entrevista realizada con el periodista Jorge Fontevecchia (https://www.perfil.com/noticias/modo-fontevecchia/juan-carlos-torre-llego-el-2001-del-justicialismo-modof.phtml). Probablemente esa proyección se haya demorado más de lo esperado para buena parte del arco político.
No es menos cierto que este armado tensiona sobre el universo no peronista, toda vez que interpela a buena parte de los huérfanos del espacio cambiemita que son invitados al convite. Quienes optaron por mantenerse inmunes a la “contaminación libertaria” que impactó sobre los que hoy se reconocen como radicales con peluca o amarillos teñidos de violeta, sumado a referentes de otros espacios tales como el GEN o la Coalición Cívica, podrán tal vez recuperar algunos denominadores comunes desde esta confluencia incipiente.
Quizá se podría contemplar la posibilidad de que podamos encontrarnos a las puertas de un sinceramiento del mapa político, cuyos sellos partidarios exhiben un creciente desgaste si se pretende identificar un núcleo identitario que sintetice un corpus de ideas precursoras de un eje orientador, en torno al cual plantearse como alternativa. Así, asumiendo el creciente gap registrado entre la configuración formal del mapa opositor y las identidades reales de los protagonistas, propongo analizar bajo el prisma de un eje transversal que habría afectado a los principales espacios políticos tradicionales y que habría dado lugar a la irrupción de Javier Milei y su coronación a la presidencia desde una concepción orientada a “patear el tablero”. Se trata, en este caso, de pensar las dificultades de una articulación consistente que atravesó al panperonismo y a Juntos por el Cambio a partir de la imposibilidad de establecer una síntesis entre una tendencia centrípeta y su contraparte de carácter centrífugo. Bajo este paradigma, sugiero entonces que la actual confluencia podría constituir la expresión de un sinceramiento entre quienes promovían la moderación, el diálogo y la búsqueda de ampliar la base de sustentación de sus respectivos espacios y no encontraron eco entre sus pares, que se inclinaban por potenciar una opción más “purista” anclada en la polarización como eje de la contienda. Y sin duda, en este caso las figuras de Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner explican en buena medida desde su liderazgo la dificultad de operar una síntesis como la que nuevamente se propone de manera incipiente.
¿Estamos asistiendo a un nuevo contrato electoral entre algunos protagonistas de la política argentina sobre nuevas bases? ¿Se abre una posibilidad para una reconfiguración sobre nuevos ejes programáticos que permitan desterrar antiguas antinomias que han sido tan caras para nuestro país? Sin duda, una discusión sobre el tipo de Estado más apto para promover el desarrollo nacional en favor de potenciar el desarrollo de la industria, el agro y los diversos sectores de la economía parece más enriquecedora que continuar promoviendo una grieta tan poco saludable o seguir anclados en la crónica dicotomía peronismo-antiperonismo.
Suele afirmarse la ausencia de espacio como opción por fuera de la polarización. ¿No será hora de plantearse si todavía queda lugar para seguir insistiendo con una fórmula que día a día revela su incapacidad para dar respuesta a los grandes desafíos por los que atraviesa nuestro país? Se trata lisa y llanamente de una invitación para pensar por fuera de la caja.
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