Cuenta regresiva en el PJ bonaerense: la unidad, sin interlocutores ni negociación
A días del cierre para presentar la lista de unidad, los distintos sectores evitan la interna, pero no logran abrir una negociación real y llegarán al límite con la discusión abierta. Sin interlocutores habilitados por sus jefes políticos, los nombres que circulan no son aún discutidos. Axel Kicillof va por el control. Máximo Kirchner está dispuesto a dejar su lugar, pero hará valer su fuerza. Qué significa esta disputa para 2027.
El verano no afloja las tensiones que viene arrastrando el peronismo bonaerense, que apenas logró un consenso mínimo: evitar una interna abierta por el control del partido. Ese acuerdo fue apenas el punto de partida. Lo verdaderamente difícil ahora es definir quién encarna la unidad, en una discusión que no se agota en la conducción partidaria, sino que inaugura la disputa mayor por el liderazgo rumbo a 2027.
Con el 8 de febrero marcado en rojo como fecha límite para presentar la lista en el PJ bonaerense, lo que hoy domina la escena no es una negociación en marcha, sino, precisamente, su ausencia. En ambos campamentos admiten en voz baja que todavía no hay interlocutores válidos sentados a la mesa. En las últimas discusiones viene habiendo emisarios válidos de ambos sectores, pero aún ninguno de ellos fue autorizado por sus jefes políticos para dar esta pelea que tiene que tener resolución en un mes.
En la discusión del nombre aparece un primer escollo. Para Axel Kicillof ese dirigente de unidad tiene que pertenecer a su sector. Debe ser kicillofista, aunque no del ala más dura para no irritar de más al camporismo.
El gobernador bonaerense necesita algo más que quedarse con ese lugar. Su objetivo es imponer un nombre propio en la conducción partidaria que funcione como señal política hacia adentro y hacia afuera de la provincia. Ordenar el PJ bonaerense es, para el gobernador, una condición necesaria para hablar con otros dirigentes del peronismo del interior con autoridad política y proyectarse como una figura nacional con aspiraciones presidenciales. Si no puede ordenar su propio territorio, ¿cómo va a cruzar el alambrado bonaerense y lograr que lo acompañen el resto de los peronistas?
Del otro lado, el kirchnerismo empezó a aceptar un dato que hasta hace poco era tabú: Máximo Kirchner no irá por un nuevo mandato al frente del PJ bonaerense. Esa definición, sin embargo, no implica una retirada. Este espacio está dispuesto a hacer valer que el hijo de CFK ya no esté al frente del partido.
La estrategia pasará por conservar posiciones claves debajo de la presidencia del partido, lugares desde los cuales seguir condicionando las decisiones del gobernador y mantener capacidad de veto sobre la reorganización del espacio y, sobre todo, poder tener aún voz al momento de cerrar listas.
La discusión no es solo quién conduce, sino cómo se repartirá el poder real en una disputa en la que el sector que responde a Cristina Kirchner está lejos de haber definido que Kicillof sea el candidato cantado para la próxima elección presidencial.
En la última reunión de diciembre entre los sectores en la que se definió el calendario partidario, el kirchnerismo cedió más de lo que se esperaba. Esa lectura circula con fuerza en el entorno de Kicillof, donde admiten que hubo avances que meses atrás parecían imposibles, como la designación de apoderados que les dé paridad a los distintos espacios y las resoluciones de la junta partidaria por dos tercios.
Sin embargo, también advierten que esas concesiones no se traducen automáticamente en un acuerdo cerrado. Falta lo más sensible: definir ese nombre que va a estar al frente del partido bonaerense en los próximos años.
El primer nombre que pusieron desde La Plata es el de Verónica Magario, aunque en las últimas semanas también surgió el del intendente Julio Alak. Sucede que la vicegobernadora es la cara de la pelea hoy con el kirchnerismo, ya que aún no se resolvieron las autoridades del Senado bonaerense. El kirchnerismo quiere el control como lo viene teniendo y el kicillofismo pide tener a cargo la línea de sucesión.
Máximo Kirchner entiende que se tiene que correr, pero aún no puso nombres para que se abra el debate en la mesa de discusión. En algún momento circuló el de Federico Otermín (intendente de Lomas de Zamora), pero esto significaría que el PJ seguiría bajo el control de La Cámpora. Aunque puede aparecer como neutral, no lo es. En esta lista también se menciona a Gastón Granados (Ezeiza) o a Nicolás Mantegazza.
Pero la desconfianza sigue siendo el clima dominante. En el kicillofismo esperan este momento para dar inicio a la construcción de autoridad para ir a la conquista del peronismo del interior. En el kirchnerismo, en cambio, alertan sobre el riesgo de entregar la lapicera sin contrapesos. Ambos coinciden en evitar la interna.
El calendario aprieta y la política bonaerense entra en semanas decisivas. Los interlocutores admiten que llegarán al límite, y el 8 de febrero recién podrá definirse el nombre de unidad. Las pocas conversaciones que hay por estas horas son para cumplir con la burocracia partidaria.
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