La llegada a la Argentina de León XIV a la Argentina tendrá como protagonistas las grandes celebraciones religiosas y el encuentro del Pontífice con los fieles, pero también a miles de personas que llevan semanas trabajando para que cada momento de la visita salga adelante. Ahí es donde entran los voluntarios. Hablamos de cerca de 25.000 personas, según los números que maneja la organización, que arrancaron con la preparación semanas antes del despliegue en Buenos Aires y Luján.
A la espera de una visita que considera un "acontecimiento histórico", el voluntario Diego Castillo pone en palabras la dimensión de la convocatoria: “Les vamos a contar a nuestros nietos que vino el Papa León en 2026”, plantea a Perfil. Para él, la experiencia trasciende la tarea que le toque desempeñar: “Es algo que pasa una vez en una generación”.
Desde la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) , encargada de organizar y coordinar el voluntariado, se fijaron los requisitos para sumarse, con una edad mínima de 18 años y un máximo de 65, y se definió cómo sería la incorporación de los participantes y el reparto de tareas.
“Primero hubo que completar todos los datos personales y después esperar la verificación. Una vez que te daban el visto bueno, empezabas con los cursos”, cuenta Alberto Berton, de 59 años, integrante de Acción Católica y voluntario desde que tenía ocho. “El voluntariado siempre fue un norte para mí. Mi vida es al servicio y siempre que ha sido necesario he estado atento a los requerimientos”, nos resume.
La capacitación fue uno de los requisitos centrales para participar y estuvo organizada en seis módulos virtuales, cada uno con videos, documentos en PDF y un formulario para completar al finalizar. Los ejercicios incluían escenarios posibles durante las actividades, como qué hacer si una persona se descompensaba o cómo reaccionar frente a un inconveniente con un peregrino. “Era lo más parecido a una simulación”, señala sobre esa parte de la preparación.
Adriana Macarigni, docente de inglés y con experiencia en voluntariados deportivos y educativos, describió una modalidad similar. "No hubo encuentros presenciales en la Ciudad de Buenos Aires, salvo la entrega de los kits ", explicó a Perfil. Las mochilas reúnen los elementos que cada colaborador deberá llevar durante las jornadas: credencial, cinta identificatoria, remera, piluso, botella, tarjeta SUBE, rosario y pulsera.
Berton participó durante aproximadamente una semana y media en las tareas de armado y distribución en el Regimiento de Patricios. Allí trabajó junto a otros colaboradores para preparar los materiales que después recibirían los voluntarios. La entrega también se organizó en el Club El Ateneo de Luján, mientras que la Basílica de esa ciudad fue sede de la misa de envío, presidida por el arzobispo Jorge Scheinig.
Dentro de la mochila hay dos elementos con un significado especial. Los rosarios fueron rezados por familias vinculadas al movimiento de Schoenstatt, que quisieron acompañar desde la oración. Las pulseras, en tanto, hay que guardarlas hasta que la organización indique cuándo colocárselas y, una vez puestas, no se pueden sacar.
La primera imagen del papa León XIV en su viaje a Argentina, Uruguay y Perú
De Luján al Monumento a los Españoles
La organización del voluntariado se divide por zonas, actividades y turnos, con tareas que se asignan de acuerdo con cada convocatoria. Para mantener a todos al tanto, los coordinadores administran grupos de WhatsApp en los que circulan horarios, puntos de encuentro y detalles de logística.
Ahora, para quienes deben trasladarse desde otras provincias, el operativo también contempla los viajes, el alojamiento y las comidas. Algunos aspectos de la organización, como los movimientos y los recorridos dentro de cada predio, todavía se terminaban de definir durante los días previos.
Berton tiene una manera muy concreta de entender el voluntariado: "No soy de tomar las riendas ni de ser dirigente. No me interesa figurar, pero sí poner las manos y el cuerpo", dice al medio. Durante la visita, estará abocado a la asistencia de los peregrinos en Luján, donde se espera una importante concentración de fieles.
Por su parte, otra de las voluntarias, Titi, tendrá dos frentes de trabajo en la Ciudad de Buenos Aires. El lunes 9 estará desde temprano en el sector del Monumento a los Españoles y el martes se sumará al operativo de la vigilia de jóvenes, con la tarea de acompañar a los asistentes y estar atenta a cualquier imprevisto.
En el caso de Titi, la decisión de sumarse estuvo atravesada por una experiencia que ya había vivido junto con su familia: conocer de cerca al papa Francisco. "Yo ya estuve lo más cerca que se puede estar de un Papa y ya conocí lo que más se puede conocer. Con eso tengo el corazón superlleno de alegría. Entonces dije, ¿por qué no acompañar a la gente que sí va y quiere conocerlo?", nos cuenta.
Una vocación que va más allá de la visita papal
Las razones para sumarse son distintas, pero para muchos, ser voluntario es mucho más que cumplir con una tarea durante la visita. Meme, otra de las voluntarias, contó que decidió participar porque, para ella, "Es nada más ni nada menos que la venida del Papa, que como católica representa al sucesor de Pedro y a la Iglesia".
A cargo de un grupo de voluntarios durante la vigilia de los jóvenes del martes, Meme ya comenzó a tomar contacto con quienes compartirán la tarea. "Se vive mucha comunidad, nos estamos conociendo con los otros voluntarios".
Después, Alberto Berton, de 59 años, dijo que esta visita también tiene algo de reencuentro con una experiencia que lo marcó desde chico. Tenía 12 años cuando vio llegar a Juan Pablo II a la Argentina, en 1982. Más de cuatro décadas después, volverá a ser parte de una convocatoria papal, aunque esta vez desde el otro lado de la organización.
Su historia tiene, además, un episodio muy especial con el papa Francisco . Berton le había escrito una carta y la envió por correo electrónico a través de la Arquidiócesis. El mensaje llegó al Papa y, al día siguiente, recibió una llamada en su celular. Estaba por salir hacia su trabajo cuando atendió. "¿Sabés quién habla?", le preguntó Francisco. Cuando reconoció su voz, no pudo contener la emoción. Sobre aquel momento, dijo: "Fue impactante, emocionante, me movilizó mucho".
Ahora, la llegada de León XIV lo encuentra otra vez dispuesto a colaborar. "Yo me puse disponible para los dos, los tres días, en el lugar que sea. No condicioné la estadía, no condicioné la acción", contó.
cp