Elias 2-24 b tiene “apenas” 1 millón de años

Científicos de la NASA descubren el planeta más joven jamás observado

Un equipo liderado por astrónomos chilenos confirmó que Elias 2-24 b, un mundo del tamaño de Júpiter que orbita una estrella a 450 años luz, tiene menos de un millón de años. El hallazgo, publicado en The Astrophysical Journal Letters, obliga a repensar cómo y cuándo nacen los planetas gigantes.

Elias 2-24 b es el planeta más joven hallado hasta ahora: tiene menos de 1 millón de años. Foto: NASA

En términos cósmicos, está literalmente en pañales: es que Elias 2-24 b acaba de meterse en el podio de las noticias del año porque es el planeta más joven hallado hasta ahora: tiene menos de un millón de años. Basta pensar que nuestro sistema solar tiene 4.600 millones de años.

Este planeta “bebé” aún gira envuelto en el disco de gas y polvo que le dio origen.

Hasta ahora, el título de "planeta más joven" lo compartían cuatro candidatos: dos que orbitan la estrella PDS 70 y otros dos alrededor de WISPIT 2, todos con más de 5 millones de años. "Nuestros modelos de formación planetaria ya tenían problemas para explicar a esos récords anteriores. Elias 2-24 b nos muestra que a nuestros mejores modelos todavía les faltan procesos importantes", admitió Lucas Cieza, profesor del Instituto de Estudios Astrofísicos de Chile y coautor del estudio.

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El trabajo, publicado recientemente en The Astrophysical Journal Letters y liderado por Andrea Bernardi, doctoranda de la Universidad Diego Portales, se metió en el archivo de observaciones de siete estrellas relevadas con el coronógrafo del Observatorio W. M. Keck, en Hawái, que opera bajo convenio con la NASA. Cada una de esas estrellas está rodeada por un disco de escombros, polvo, gas y trozos de hielo y roca, con huecos que delatan la presencia de planetas en formación.

"Los planetas deberían encontrarse dentro de esos huecos, porque son ellos mismos quienes los excavan. Y ahí, exactamente ahí, encontramos a Elias 2-24 b", explicó Bernardi.

La historia, en realidad, arrancó hace una década, cuando el radiotelescopio ALMA, en Chile, detectó un hueco sospechoso en el disco de la estrella. Poco después, el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral captó un punto de luz tenue justo en ese espacio vacío. El problema era que, según las teorías vigentes, ahí no podía haber ningún planeta: ese punto estaba 55 veces más lejos de su estrella que la Tierra del Sol, y los modelos calculan que formar un gigante gaseoso como Júpiter tarda unos 5 millones de años a esa distancia relativa.

El equipo de Bernardi volvió al archivo del Keck Observatory, un repositorio financiado por la NASA en sociedad con el Instituto de Ciencia de Exoplanetas de Caltech/IPAC, y encontró el mismo puntito de luz en placas de 2018 y 2020. Al comparar ambas tomas, pudieron seguirle el movimiento y confirmar que se comportaba como un planeta -y no como un defecto óptico o una estrella de fondo-. "Solemos escuchar que los telescopios trabajan por separado, pero esta confirmación sólo fue posible combinando varios instrumentos", resumió Bernardi.

Conocemos ya unos 6000 exoplanetas

La mayoría de los cerca de 6.000 exoplanetas confirmados hasta hoy se detectan por tránsito: cuando el planeta pasa delante de su estrella y atenúa su brillo, un método que funciona mal con mundos recién nacidos, todavía tapados por polvo.

Por eso Elias 2-24 b es tan valioso: ofrece una rareza, una foto en vivo del proceso de formación planetaria. Y promete tener compañía pronto: el flamante telescopio espacial Nancy Grace Roman, lanzado el 30 de agosto pasado y equipado con un coronógrafo todavía más sensible, podría facilitar el hallazgo de planetas en órbitas mucho más cerradas. "Esto es apenas el comienzo de una nueva era de descubrimientos", cerró Cieza.

Cómo se encuentra un planeta recién nacido

Los exoplanetas casi nunca se ven "directamente": el brillo de su estrella los tapa. Para esquivar ese problema, los astrónomos usan coronógrafos, instrumentos que bloquean la luz estelar y dejan a la vista objetos mucho más débiles, como planetas jóvenes todavía envueltos en polvo. En el caso de Elias 2-24 b, la clave fue cruzar datos de tres observatorios distintos -ALMA, el Very Large Telescope y el Keck- tomados a lo largo de más de diez años, algo que sólo fue posible gracias a que las placas originales quedaron guardadas en archivos digitales de acceso público.