Cuando la adopción no llega a ser familia: qué pasa con los niños que vuelven al sistema y quién protege sus derechos
Las devoluciones de niños adoptados no son simples decisiones, sino el resultado de dificultades que comienzan desde etapas tempranas y expectativas poco realistas de los adultos.
¿Qué pasa cuando un niño vuelve al sistema de protección después de haber sido adoptado y haber iniciado vínculos afectivos con su familia? Cada año en la Argentina, algunos niños que empiezan a vivir con familias adoptivas regresan al sistema de protección antes de que la adopción sea definitiva. No se trata de “devoluciones” en el sentido estricto, sino de interrupciones de la vinculación, decisiones de la familia de no continuar con el proceso antes de que el niño obtenga la sentencia judicial formal que consolida legalmente la adopción. Este fenómeno, aunque minoritario, tiene un fuerte impacto emocional y plantea preguntas clave sobre cómo garantizar que cada adopción cumpla su objetivo: ofrecer un hogar seguro, estable y afectivamente adecuado.
El recorrido hacia la adopción comienza con la inscripción de las familias en alguno de los 24 registros nacionales. En 2024, se registraron 1.260 familias interesadas en adoptar. De ellas, 721 iniciaron la vinculación con un niño, etapa en la que se realizan encuentros supervisados entre la familia y el menor para evaluar la compatibilidad afectiva y funcional. Durante esta fase, se registraron 78 interrupciones: familias que decidieron no continuar con el vínculo. Posteriormente, durante la guarda preadoptiva, que dura aproximadamente seis meses y permite que el niño viva con la familia mientras se evalúa su adaptación, se produjeron 71 interrupciones adicionales. Aunque los casos en que la adopción no se completa representan una minoría, su impacto emocional es profundo.
Sin dudas, la adopción puede ser simple o plena. En 2024 se concretaron 973 adopciones plenas, donde el niño recibe el apellido de la familia y la relación con su familia de origen se extingue, y seis adopciones simples, en las que el menor mantiene algún vínculo con su familia anterior. Además, se realizaron 677 convocatorias públicas, instancias en las que el Estado busca familias adoptivas cuando los registros previos no coinciden con el perfil del niño. Suelen involucrar a niños mayores de cinco años o grupos de hermanos, casos que son más difíciles de ubicar dentro del sistema tradicional.
Algunos especialistas y acompañantes terapéuticos, como Florencia Capalvo, destacan la importancia de la prevención y el acompañamiento profesional. Según Capalvo, muchas interrupciones podrían evitarse con evaluaciones más profundas de las familias y un seguimiento cercano del niño durante todo el proceso. Esto incluye cursos, talleres y asesoramiento profesional que ayude a la familia y al niño a adaptarse de manera gradual, reduciendo riesgos de rechazo o frustración. La intervención del Estado y de redes como Ser Familias por Adopción y la Red Argentina por la Adopción es fundamental para garantizar que cada paso se realice de forma segura y respetuosa para los menores.
Para los niños que atraviesan interrupciones, la experiencia puede ser dolorosa y afectar su confianza. Al regresar al sistema, muchos sienten desvalorización y rechazo, lo que puede interferir con su disposición a vincularse nuevamente con adultos o a participar en futuros procesos de adopción. Por eso, los especialistas insisten en que crecer en un hogar estable.
Una mayoría que encuentra hogar
Los números muestran que, a pesar de las interrupciones, la adopción en Argentina logra resultados positivos en la gran mayoría de los casos. En 2024, más de 1.000 niños encontraron un hogar definitivo, evidenciando que con controles adecuados, acompañamiento profesional y seguimiento del Estado, la adopción puede cumplir su objetivo: ofrecer a cada niño la posibilidad de crecer en una familia que lo contenga, respete y acompañe. El desafío sigue siendo fortalecer los protocolos, mejorar la preparación de las familias y asegurar que cada niño tenga la oportunidad de vivirlo.
MV CP
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