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El gran circo de la posverdad: cuando la tapa del diario es el GP de Mónaco

El periodismo de papel sale a la pista en un Clausura con chasis desgastados, especulación de titulares y la certeza de que en la Argentina siempre se corre con la pista mojada.

Crisis. Esta semana, Cale Group logró un avance con la llegada a la señal porteña. El conductor Rebord fue la cara del conflicto. Foto: captura de pantalla

Hay un momento de la tarde, generalmente cuando el sol empieza a caer de costado y el café rancio del estudio ya parece petróleo, en el que uno se da cuenta de que la realidad argentina no es más que una carrera de monoplazas, pero sin tracción integral y con la pista permanentemente regada con gasoil.

Ustedes dirán: “Rebord, ¿qué carajo decís?” Les explico. Entre Manu y Luis se armaron una de esas cosas que rozan lo psiquiátrico pero coquetean con la genialidad: una clasificación de escudos, una huevada hermosa para arrancar el Torneo de Tapas de la Argentina, edición Clausura 2026. Temporada en curso. Primera fecha jugada. Y yo, que tengo la psiquis absolutamente loteada por la coyuntura, no puedo dejar de mirar la parrilla de salida con la misma ansiedad con la que un tipo en la tribuna de la Curva de Atturi espera el choque en la primera vuelta.

Porque hay que entender cómo se corre esto, gordo. Hoy se sale con pista mojada. Hay escuderías que salen a especular, a morder el piano y raspar un puntito para la tabla anual. Mirás BAE Negocios, por ejemplo. Escudería austera, de la que no esperás una maniobra lírica pero sabés que te termina la carrera sin romper la suspensión. Tapa industrial, el cruce de Caputo con los industriales, el súper RIGI trabado, Milei armando las valijas para Chile... Un mamotreto de cuatro puntos. Pero ojo con subestimar a las carrocerías rácanas que van sumando de a cuatro todos los domingos: el torneo es largo, hermano. El torneo es larguísimo. En la constancia del cuatro se esconde la verdadera mística del promedio.

Después lo tenés a La Voz del Interior. Los cordobeses te meten una línea de cuatro defensiva diseñada directamente en Excel, balanceada, prolijita. Es un coche que entra por los ojos aunque a primera vista no entiendas si viene bajando las Altas Cumbres o entrando a boxes. Te tiran la chapa con el Día de la Industria y Talleres en la misma diagramación. Para mí está en un sólido 5.2. No le pidas la pole position a la escudería cordobesa, pero en la curva del desarrollo regional te traba la trompa y te deja sin margen de sobrepaso.

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Y después están los autos raros. Esos monoplazas con el alerón doblado que doblan todas las curvas mal, pisan el pasto, levantan grava, pero te generan un encanto siniestro. Autos que no ganan la carrera pero rayan a los demás, te meten un autazo de costado en la chicana y se van ganando hinchada a fuerza de puro caos. Tienen la paleta de colores de un helado derretido y te clavan una foto desconcertante para cubrir una crisis internacional como si estuvieran cubriendo la fiesta de la vendimia. Van trompeando, chocan los guardarraíles de la compaginación, pero decime si no te quedás mirando a ver si explotan en la vuelta catorce.

El torneo recién arranca, muchachos. Mientras en los boxes la política sigue ajustando las tuercas de un motor que golpea como biela de camión viejo, la gente acá está esperando el resultado de la fecha. Noventa y nueve minutos, nueve adicionados, la bandera a cuadros flameando en la niebla y la certeza de que mañana, cuando abra el quiosco, volvemos a largar con gomas de lluvia.

Cierren el chat. Pónganse las cubiertas correctas. Vamos que arrancó la fecha.